Ruge La Catedral

La noche del jueves se reunieron dos equipos de barrio en el vetusto San Mamés para jugar una pachanga. Ganó el Young Boys, un equipo suizo que se conoció el día anterior en un garito de fiesta y decidió inscribirse a la ‘nueva’ UEFA. Enfrente, estaba un león herido, por la estocada del Barça en Copa, que acabó por pedir clemencia. Cayó el Athletic, con su Toquero, con su lehendakari, con su Yeste y con su Caparrós, un motivador compulsivo que cuenta con un equipo más acabado que La Falange. Porque, seamos sinceros, el conjunto vasco es el que peor fútbol practica de toda España, peor incluso que el Pinto, el Valdemoro, el Guadarrama o el Polideportivo Lepe. El Athletic es un grupo de personajes que se juntan cada domingo para tomar pinchos, beber Txakoli y luego pegar patadas a un balón y, si puede ser, con la puntera. Eso es lo que hacen Amorebieta o Aitor Ocio, que comenzó como modelo y terminará en la pasarela de su barrio. ¿El fútbol? Lo practicó para liberarle del estress que provoca vivir con su belleza. No pasa nada; también le sucedió a Narciso.
Dentro de quince días iré a Bilbao por primera vez en mi vida y espero conseguir una entrada para la ida de la Supercopa contra el Barça. Al menos no me aburriré con el juego de mi equipo y las lecciones magistrales de Pep en el banquillo. En el fondo me da pena del rival y de sus hinchas, a los que deberían dar una paga por ir al estadio y aguantar el tormento. Por cierto, si algún vasco se cosca de este post, que me recomiende sitios para llenar la barriga antes de ver la película de risa que luego me espera en La Catedral. Por cierto, va de rugidos. Agur.
¡Visca el Barça!










