Lo que el viento se llevó

El viento ideado por Víctor Fleming arrasó con Clark Gable y Vivien Leigh, pero también parece que está devastando el juego del Barça, al que ayer le detecté Alzheimer. Esta enfermedad neurodegenerativa, que consiste en la pérdida progresiva de la memoria, puede ser buena o mala, según se mire. Si tu pasado fue pésimo, te viene bien para olvidar los problemas y empezar una vida nueva, pero a los culés les ocurre lo contrario: han pasado de provocar gusto a sus aficionados a dar vergüenza ajena, pena, asco. El Barça ha pasado de comer cochifrito a bocata de panceta revenida, similar a los pinchos de Bilbao. Ha pasado de vivir en un palacete a pasar frío debajo del Puente de Vallecas. El equipo no dio ni tres pases seguidos, pero lo chicos lo intentaban como si fueran los pollos sin cabeza que se sirven en el Kentucky Fried Chiken. Messi, con el corte de pelo malísimo, es un tipo sin recursos que no recuerda que, alguna vez, fue futbolista. Nunca tuvo pierna derecha, pero es que su izquierda está llena de estiércol. Por su parte Xavi, destacado otrora por su velocidad mental para leer la jugada, está en condiciones de participar en una carrera de caracoles. Allí también estaría Márquez, con su rodilla en la mano sujetada por Heidi Michel. Este tipo tiene calidad, pero en defensa, con su contundencia y velocidad, hace bueno a Pablo y Perea. Por último está el gran Andrés, que un día marcó un gol al Chelsea. Ya no se acuerda, porque sigue convaleciente de sus molestias arrastradas en verano, pero aún así siempre le defenderá Joserra. Espero que ya haya pasado el sarampión porque, si no, le tenemos de baja tres años. Una pena que el viento dinamite a mi equipo y no se lleve a Maradona 100 metros lejos de los campos de fútbol.
¡Visca el Barça!











