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El Éxtasis

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En esta vida hay muchos tipos de éxtasis, sin referirme a la droga psicoactiva, por supuesto. Lorenzo Bernini lo reflejó en el rostro de Santa Teresa de Jesús como un orgasmo logrado por el flechazo de un ángel. La obra, sensacional, se encuentra en la Iglesia de Santa María de la Victoria (Roma). Mi éxtasis de anoche fue cuando faltaban pocos minutos para la final del partido y el peor Chelsea de los últimos años nos mandaba para casa. Ahí, justo ahí, fue cuando apareció el ángel Iniesta para cambiar el rumbo hacia Roma, junto a Santa Teresa. Ella disfruta permanentemente del placer eterno de forma tranquila, relajada, inmersa en ese aura mística de luminosidad y decoración que caracteriza al Barroco. Mi aura de anoche era un bar repleto de sudamericanos bebiendo botellines de cerveza Mahou y comiendo bravas y orejas. En medio de aroma a fritanga, gritos de Barça, Barça, nervios y depresión… San Andrés nos iluminó a todos con su obra de arte. Abracé fuertemente a mi pareja y comencé a temblar porque aún no creía lo que estaba viendo. Aún no hemos ganado nada, cierto, pero desde ayer hasta Roma tendré la misma sensación de felicidad y placer que tiene Teresa. Es lo que tiene el éxtasis, que cada uno lo entiende de una forma distinta. Los que pueden, claro.
¡Visca el Barça!

Física o Hiddink

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No voy a hablar de la popular serie de Antena 3, aunque tengo que reconocer que me he enganchado un poco a ella. Los lunes llego tan cansado a casa, arrastrado aún por el fin de semana, que no me apetece quebrarme la cabeza con debates políticos de Melchor Miralles en Veo TV. El artista, que es patético, sigue aún explotando y viviendo de ser el que destapó los GAL. Eran los tiempos de Pedrojota y sus tirantes, eran los años del Diario 16. Yo recuerdo que, hace diez años, dije que Xavi sería mejor que Guardiola y no me llaman para ningún sitio. Una pena.
En fin, que lo lunes en mi casa se ve a Cabano, Ruth, Borja y Adolfo, todo un dandy con su casco de moto. Pura física, como lo que hace Guus Hiddink en cada partido: estudiar las propiedades del espacio, el tiempo, la energía y la materia. Eso fue, al menos, lo que hizo en el Camp Nou, donde ocupó el espacio con diez tíos defendiendo, perdió tiempo al final con los cambios, a Lampard le dijo que el derroche físico se lo guardara para la vuelta y se piró muy contento con la materia obtenida: un pobre empate a cero. Aún así, al día siguiente leí cosas como “Hiddink es un matemático, un ajedrecista”, “Hiddink arranca un empate gracias a una lección táctica”, “Hiddink es un genio”. Sí, un genio de la lámpara. Tengo menos idea de entrenamientos y tácticas que Diego Armando Maradona, pero estoy seguro que el planteamiento que hizo el holandés en Barcelona fue el mismo que haría el Alcalá de Henares, el Puerta Bonita, el Danganzo o el Fútbol Club El Pardo. ¡Lo peor es que a eso le llaman genio! Esperemos que hoy cambie su táctica, haga algo novedoso y vaya a por la victoria que necesita. El Barça pasará, seguro, pero haga lo que haga este tipo seguirán alabándole. Yo, que soy un apasionado del fútbol, me seguiré quedando con Cabano y sus chicas. Ahí sí que hay física… y química.
¡Visca el Barça!

O mariscada o nada

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Han tardado mucho en darse cuenta los rivales, pero a este Barça sólo se le puede meter mano destruyendo su juego, encerrándose atrás, echando el candado en la portería, llevando veinte céntimos en el bolsillo, racaneando mucho, como los agarrados. Llevo muchos años siguiendo a mi equipo y, por sin aún me quedaban dudas, anoche comprobé definitivamente que sólo sabe ganar cuando saca del mapa al rival, cuando genera más de veinte ocasiones claras en un partido, cuando toca, toca, toca, toca, toca, toca y derriba. Algunos dicen que tiene mucho mérito que nunca renuncies a tu estilo, pase lo que pase, y en parte estoy de acuerdo, pero también creo en la necesidad de un plan B, ese al que recurrir en ocasiones extremas: cuando el partido se atasca, cuando te mueres de hambre, cuando te van a robar la casa, cuando te meas y aún te queda una hora para llegar a tu casa. En cualquiera de esas situaciones, los equipos se fortalecen emulando al rival, los indigentes piden dinero para un bocata de salami, el inquilino se arma de valor y le planta cara al ladrón, el meón acaba saciando sus necesidades en mitad de la calle, detrás de un coche o un contenedor. Está feo, muy feo, pero tío hay que sobrevivir. Este Barça no es así, por desgracia de muchos y fortuna de otros tantos. Lo ha sido históricamente. O come mariscada o prefiere pasar hambre; o bebe Jack Daniel’s o pasa sed; o vive en palacete o lo hace en los cajeros de los bancos. No conoce los menús del día, los estudios en Vallecas, el whisky DYC, la vida normal. Sólo conoce la grandeza y si no la logra prefiere la nada.
¡Visca el Barça!

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