El Capricho de Guardiola

Antoni Gaudí recibió el encargo de Máximo Díaz de Quijano, que deseaba tener una casa de veraneo al lado del palacio de Sobrellano, perteneciente al primer marqués de Comillas. El genial arquitecto, sucumbido por la luna lunera, diseñó un capricho, una casa de ensueño, un poco surrealista, quizás aplicando un punto de locura y cuento, al más puro estilo de Hansel y Gretel. Merece la pena el monumento que alberga Comillas, donde estuve en Semana Santa. Todo sucedió un día después de la lección del Barça en el Emirates, un partido que conseguí quitármelo de la cabeza tras probar las anchoas del Cantábrico. Eso sí, tengo que decir que sólo bastaron diez minutos para comprobar cuál es el capricho de Pep. El técnico ha decidido crear un equipo que roza la perfección futbolística, un equipo capaz de ser plástico independientemente quien juegue. Guardiola a veces intenta plantar cara al destino, rizar el rizo, tentar a la suerte, poner a Chygrinskiy, Jeffren y Maxwell juntos. Hace año y medio recibió el encargo de hacer grande al Barça, despojándole primero de los atavismos perniciosos. Así ha sido y seguirá siendo. Ha creado una obra maestra que, gane o pierda, es ejemplo de todos. No es extraño que el día de mañana se expongan sus vídeos en los colegios como ejemplos de obras mayestáticas, sucesos irrepetibles, locuras consentidas, caprichos de la vida.
¡Visca el Barça!










