El aullido del mudo

Una de las cosas que más detesto en esta vida es la prepotencia, la arrogancia, lo aires de grandeza. Los tiene Maradona, los tiene Florentino Pérez y los tiene Cristiano Ronaldo, que ahora dicen que será el próximo ‘galáctico’ del circo blanco. Cada día llevo peor cuando le comparan con Messi, un futbolista cuya timidez resalta en los lances del juego. Cabeza abajo, sin creerse lo que es y cada vez más asociativo con sus compañeros, más solidario, sin valorar su calibre. Algunos le tachan de que no lleva tatuajes, no sabe expresarse y casi ni hablar. ¿Acaso a Zapatero le juzgan por cómo juegua al tenis? ¿A Esperanza Aguirre por cuántas flexiones haga al día? ¿A Javier Bardem por cuántos huevos fría? ¿A Jesús Vázquez por los calzoncillos que se ponga o a los de Fama por sus modelitos que sacan? No. Para nada. Pero, sin embargo, se sigue opinando por la palabra de Messi, al que incluso le piden que hable catalán. Este chico no lo hablará porque no lo sabe. Es más, no le gusta hablar mucho, al menos de cara al público. Lo hace sobre el campo, lanzando aullidos letales para los rivales. No es guapo, ni tiene aros, desconoce a los rayos uvas y es la contraposición al ideal griego de belleza. Mientras mejor juega, más se opina de estas menudencias. A mí se me ocurren a varios tipos cuya obligación es hablar bien y tener conocimientos y no los tienen. En la SER, por ejemplo, hay unos cuantos. El último fue un tal Cañizares que anoche dijo que Italia tenía tres Mundiales. Su jefe incluso dijo en otra ocasión que la última vez que Argentina levantó la Copa del Mundo fue en 1994. Se equivocó sólo por ocho años.
¿Estos tipos tienen derecho a opinar del mejor jugador del mundo? Seguro que no han visto ninguna película de Chaplin, tampoco sabrán que se puede ser un genio sin abrir la boca.
¡Visca el Barça!










