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Italia

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Ardo en deseos de pillar por banda uno de los tres libros que me compré en la Feria del Retiro: ‘Los cínicos no sirven para este oficio’, de Ryszard Kapuscinski. Mientras tanto, me entretengo con el de las cien mejores películas del siglo XX. También con mis ratos íntimos frente al televisor (los últimos monopolizados por Fargo, El jovencito Frankenstein, La semilla del diablo o La diligencia) y en la gran pantalla: Inside Job. No recomiendo que la vean, primero porque es difícil encontrarla en Madrid (vive en la clandestinidad); segundo, porque os entrarán ganas de repartir hostias a vuestro banquero; tercero, porque tendrán pesadillas con las hipotecas ‘subprime’ o el esquema Ponzi (si saben lo que es, claro).

Cambio de tercio. Italia va quitándose sus yugos a la vez que me abre sus puertas para el próximo año. Berlusconi pierde su inmunidad y allí llega la esencia Barça con Luis Enrique. Tiempo tendrá también de partirle la nariz a Tassotti. Se va despejando el camino… Siempre dije que todos los caminos llevan a Roma. También el mío y el de mis gustos.

Por cierto, para mí, lo mejor del 15-M ha sido el lema “Poco pan para mucho chorizo”. Una pena que por allí haya pasado gente que tiene mucha información, pero poco conocimiento. Por cierto, uno de ellos se parecía a Altintop, que desde Madrid lo quieren vender como jugador polivalente cuando en realidad se trata de un pakete del pakete. El tercero en discordia.

¡Visca el Barça!

La cerradura mágica

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Cuando estoy aburrido me da por entrar en el buscador de vuelos Momondo y formular un viaje ficticio a alguna parte. Algunas veces se han cumplido (por ejemplo, París), pero en la mayoría de veces lo he hecho sin levantarme del asiento y sin gastar un euro. Hoy, como juega el Barça un partido trascendente, estoy nervioso y nostálgico. Entonces la nostalgia me lleva a Roma, la única ciudad que amo de verdad. El billete me cuesta 97€ en agosto, pero no lo he comprado porque este verano creo que toca un crucero por las islas griegas. No lo he comprado, pero sí he estado allí esta mañana.
He sentido el bullicio de gente, he olido a jazmín, he visto muchos puestos de fruta, he palpado la primavera, también el humo de las vespas. ¡Me encanta! Donde más tiempo me he detenido es en uno de mis sitos favoritos de la ciudad: el Palacio del monte Aventino, una de las siete colinas. Allí, en plena plaza de los Caballeros de Malta, se encuentra la embajada de la Orden de Malta ante la Santa Sede y el Vaticano. Allí hay una puerta enorme y antigua, digna de cuento, que contiene una cerradura con un tremendo agujero que te lleva directamente a la cúpula de la Basílica de San Pedro, a muchos metros de distancia. Entonces te das cuenta que tus ojos recorren tres países a la vez, ya que este edificio tiene estatuto de extraterritorialidad. Ellos son Italia, donde pisas, Vaticano, el final del recorrido de tus ojos, y Malta, el transcurso de una mirada rodeada de setos y belleza virgen. Por esos lugares ganó mi Barça hace dos años la Champions League, un título que el año pasado nos privaron. Pero la vida te da más oportunidades, así que esperemos encauzar bien el camino esta noche frente al Shakhtar Donetsk.
¡Visca el Barça!

Mi pasión

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Si tuviera ‘pasta’ marcharía ahora mismo para Italia. Me alquilaría un piso en Trastevere, muy cerca de la plaza de Santa María, y me buscaría la vida para currar de lo que fuera. Lo haré, no tengo la menor duda, pero necesito tiempo para aclarar unos cuantos temas. No sé si mucho o poco, pero algo de tiempo. Paseos por la ciudad mis días libres en plan bohemio (palabra que se estila mucho en mi curro) y vino blanco frío para rematar una jornada de relax, imaginación y pensamiento. Ganar para vivir, al menos dignamente. Nada de trabajar para malvivir, con poco tiempo para todo y mucho tiempo para nada. Yo quiero leer, escribir y ver los partidos del Barcelona, solo, sin nada ni nadie. Por ahí empieza mi pasión, pero aún no sé dónde acaba. Sé que no será en Madrid, donde sólo me gusta el hecho de que nadie conoce a nadie. Repudio su metro, sus prisas, su vacío. También estoy desencantándome con una profesión que me toca de cerca, que la vivo, pero que no la siento. Doy y jamás me corresponde ese mundo de jerarquías, pero no jerarquías como tales, sino la resultante de los divos e indigentes. Yo estoy en el último bando, desprotegido de todo y amparada por nada. No soy periodista, pero cada vez me gustaría menos serlo. Quiero acabar en Roma, donde empecé a ser yo mismo, donde me conocí y donde sé que quiero estar. Hay gente que no les gusta la ciudad (la tildan de sucia y desordenada), como hay gente que se cansa del color azulgrana. A mí nunca me cansó y me cansará la poesía. Por eso tengo estos dos amores.
¡Visca el Barça!

El Apartamento

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Debo de estar volviéndome loco. En el Mundial me gustó mucho más Alemania que España, en ciclismo me gusta mucho más Leipheimer que Contador, en tenis sigo insistiendo en que Nadal no debió ganar su primer Roland Garros porque fue peor que Mariano Puerta. Tengo más, Lorenzo nunca será Rossi, Alguersuari es peor que yo y Alonso no anda muy lejos. En atletismo me quedé en los tiempos de Cacho (no me gusta Casado), porque después de él vino el desierto. No sé quién es Khedira, ni Pedro León ni su hermano, el ciclista. Sí conozco al mejor medio centro defensivo del mundo: Busquets. También sé cuál es el amor del verano: Carbonero-Casillas, Carbonillas. Y la mejor película del mundo: el Apartamento de Billy Wilder. No verla y soportar a estos dos sería demasiado aburrido. Mucho más que este verano donde llevo unos días sin escribir porque no me venía la inspiración. Me ha venido cuando he visto que Extremadura; mi tierra; está de moda gracias a su pantano de Orellana, que sale y todo en Comando Actualidad. También me ha venido cuando veo que Fran Vázquez, para mí mejor que Gasol, por fin va a la Selección. Insisto, debo estar volviéndome loco. Ahora no paro de leer sobre el neoplasticismo de Piet Mondrian y sobre el arte barroco de Roma, esa ciudad-escenario donde invito a que la gente vaya, se siente y se limite a ver el arte, sin palomitas porque no es el cine. Por favor, iros ahora para huir de los periodistas deportivos que no paran de hablar de la edad de oro del deporte español. ¡Infumable! Iros allí, coged fuerzas, olvidar a Mourinho y volver para ver el Barça, que se llevará la Supercopa a mediados de agosto. No sé qué haría yo en esta vida sin mi equipo y sin el cine. No lo sé, la verdad. Como tampoco sé qué pinto yo viviendo en una ciudad (Madrid) llena de bullicio mudo, de ruido inconexo, de mundanal vacío, de vida incomunicada. No tengo amigos, pero no los quiero.
¡Visca el Barça!

Apelar a los corazones

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En ocasiones voy a contracorriente con todo. Hace cuatro o cinco años, cuando en mi pueblo estaba el pleno apogeo de los piercing, me puse un simple pendiente de plata en la oreja izquierda, algo que ya sonaba a posguerra. Cuando acabé mis estudios en Roma regresaron todos los erasmus, pero yo decidí quedarme para currar de socorrista+limpiador de baños. Ahora con casi treinta tacos tengo que decir que no sé jugar a la videoconsola (la primera y única que tuve fue una Atari) ni al póquer, el juego de moda, mucho menos al Mus o ajedrez. Es más, no quiero aprender. También me da por ver películas y luego leerme el libro, al contrario de lo que dicta dios. El que me estoy leyendo ahora es El Factor Humano, basado en Invictus, que la ví hace ya tres o cuatro meses. Sólo merece la pena leérselo por un consejo que da Nelson Mandela a su amigo para ayudarle a conquistar al enemigo, el gobierno blanco. “No hay que apelar a la razón, sino a sus corazones”. Evidentemente, consiguió camelar a gente que quiso matarle años atrás cuando estaba en prisión. No debe ser fácil apelar a los corazones, creo incluso que yo no sabría. Conmigo, aunque sea crítico con él, sí que lo hizo el Barça hace años. Me convenció con una idea de fútbol, tan bonita como arriesgada. Una idea que siempre me hace ser pesimista, una medida que tengo de defensa. Me gusta tanto que soy demasiado visceral en las alegrías y tristezas. Me desquicia cuando no renuncia a su estilo (aunque vean que no funciona), pero todo se olvida cuando veo que en ocasiones su fútbol puede ser arte. Hacía tiempo que no me gustaba tanto una cita, tampoco un tipo de juego. Sólo me pongo así de meloso cuando me tocan tanto la fibra.
¡Visca el Barça!

El hambre es libre

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Ayer regresé de Malta, donde pasé un par de días de vacaciones. Tras disfrutar de un maravilloso crucero por sus islas bien complementado siempre por buffet libre de comida y vino blanco, se me hizo duro coger el transporte público de vuelta a casa. Luego, cuando leí los periódicos, estuve un poco desorientado al ver tanto chiste junto en esta penosa prensa deportiva. Pellegrini ha pasado ser un dandy en Villarreal a no tener siquiera gayumbos en el Real Madrid donde, con las ventas de Robben y Sneijder, ha captado que pinta menos que Nanín dando clases de ética. Seguí leyendo y vi que Lass es el Xavi del Madrid. Acostado y arropado con sábanas de franela, diría yo.
Paso página y veo que el Atlético tragará con Miguel Torres, que aún debe definir si le va mejor jugar engominado en el césped o ponerse las botas y desfilar para Armani en la Plaza de España en Roma. Al final traga el de siempre: Garganta Profunda y/o Atlético.
Veo también que al Barça llega por fin Chygrynski, un tipo con nombre de vodka que lo fichamos por 25 millones de euros y no podrá jugar ni la Champions. Ah! También veo que el Athletic se clasificó para la UEFA tras empatar contra un equipo compuesto por jugadores que se refrescan en los fiordos por el día y juegan al fútbol de noche. Me alegré porque les vendrá bien recaudar dinero para hacerse un nuevo estadio. Por último tengo que comentar lo que dijo Valdano sobre el Barça y mucho más sobre Milito. Mi abuelo me dice que “el hambre es libre y cada uno arrastra la que puede”. Valdano no sé si pasó hambre en Argentina, pero lo que sí tengo claro es que en España le acogimos y le dimos bien de comer. Primero como jugador, luego como entrenador, luego como periodista y ahora como directivo del Real Madrid. Como jugador siempre estuvo eclipsado por Maradona en la Albiceleste, como mister no entrenaba un pimiento (todavía recuerdo su duda entre Milla y Redondo), como periodista ha quitado el puesto a mucha gente haciéndose pasar por poeta en sus reportajes y como directivo… ahora se cree grande e importante por llevar corbata. Es más, ahora se quiere colgar una medalla por la lesión de Milito. De eso saca pecho sin pararse a pensar en el daño que ha hecho al jugador; lo que no dice es que le han echado de todos los sitios donde ha trabajado. Hoy, para ir abriendo boca, igual tiene que degustar un morcón ibérico mientras el Barça gana la Supercopa de Europa.
¡Visca el Barça!

María Patiño

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Hola muy buenas señor Moderno, soy Primitivo. Primi, para los amigos. Antes de nada me gustaría decirle que si quiere usted leer algo de literatura le recomiendo a Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa y su Fiesta del Chivo. Gran libro, por cierto. Además, decirle por último que es una pena que no se vuelva a meter aquí porque esto parecía ya los programas de María Patiño, Carmele, Mariñas y cía, donde se recurre al pique continuo e incluso al insulto fácil hacia mi persona. Pero bueno, la verdad es que le estaba pillando ya el punto.
El que no lo pilla aún es el pobre Cristiano Ronaldo, que está más perdido que Drenthe bailando tango. Al pavo éste creo que se le daba bien el rap ¿no? Ah, por cierto, ahora se me está ocurriendo, y esto va por Mcmanaman, que en mi pueblo también hay un arco inspirado en el de Tito, en Roma. El escultor, conocido en su casa a la hora de comer, hizo un arco de medio punto en su parcela y luego dijo que se inspiró en el de los romanos. Si aquí la verdad el que no se consuela es porque no quiere. En el próximo post contaré el que hizo una carretera como el culo y dijo que era porque su objetivo era simular una calzada romana. Allí, en la ciudad eterna, ganamos la tercera.
¡Visca el Barça!

Erasmus en Londres y ensalada cesar

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No sé muy bien las razones, pero puedo afirmar que sólo el hecho de pasar un tiempo fuera de España, bien sea de Erasmus o sirviendo ensalada césar en un restaurante de Cambridge, gusta a la gente de nuestro país. Les parece interesante el asunto y lo sé por la experiencia que tuve durante un año en Roma. Ambas situaciones son positivas y enriquecedoras en todos los aspectos de la vida, porque aprendes una lengua, adquieres cultura general, te familiarizas con otros hábitos, consigues ser transigente, aprendes a definirte, te desenvuelves, te haces a ti mismo… algo que mucha gente aún desconoce.
Hasta ahora todo son cosas buenas para la gente que ha vivido la experiencia, pero esto no debe confundir a nadie, ni mucho menos a ti mismo. Es posible que en nuestro país valoramos más lo de fuera o lo que es nuestro y se ha curtido en el extranjero, pero no somos más que nadie de aquí, es más, tenemos que demostrar muchas cosas que la mayoría de la gente nos da por sabidas y que no tenemos ni idea. Por favor, el Big Ben no tiene que ser forzosamente mejor que la Alhambra.

Algo parecido nos pasa con Cesc Fábregas, un futbolista que se crió en La Masía pero que se fue con 16 años al Arsenal. En Barcelona, dicen, no supieron ver su talento y mi opinión es que probablemente no lo tenía. Fábregas nunca fue titular en ninguna de las categorías inferiores de la Selección y tampoco es indiscutible en el once inicial de la absoluta. Es más, desde que es indiscutible en el Arsenal, los ‘gunner’ no han ganado ningún título. Es el capitán, cierto, pero eso no es motivo para que en España ahora le valoremos como un crack mediático. Por favor, no nos engañemos con este chico que cursó el Erasmus en Londres. No queramos concederle, de primeras, el derecho a jugar en el mejor equipo del mundo sólo por haber estado fuera muchos años y liderar al peor Arsenal desde principios de los noventa. A Fábregas le valoramos porque juega fuera, sin más. Y lo mismo nos pasa con Riera, Reina y anteriormente con Luis García o Xabi Alonso. Lo que voy a decir va en mi contra, pero es una verdad como un templo: para triunfar en nuestro país no hace falta haber estado un año fuera, ni visitando el Coliseo, ni bebiendo pintas junto al río Cam o jugando al fútbol en el Emirates. Aquí están los que queremos que estén y Fábregas, siendo objetivos, es hojalata si lo comparamos con Iniesta o Xavi, oro puro. No soy joyero, pero sé diferenciar términos en temas de complementos.
¡Visca el Barça!

El Tigre y la Nieve

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Cada día que pasa pienso que Guardiola no pertenece a este mundo, que su mezcla entre nosotros es más extraña que ver a un tigre rodeado de nieve. Milagrosa es una de las escenas que más me gustan de la magnífica película de Roberto Benigni: El Tigre y la Nieve. Tiene su truco, porque sucedió en Roma y los animales se escaparon de un zoo dispersándose por el centro de la ciudad en medio de una gran nevada, algo extraño en la ‘cittá etterna’.
En lo referente a Guardiola, que me tiene mosqueado, tengo que decir que en ocasiones me parece demasiado sencillo y casi siempre creo que tiene todo excesivamente controlado. Exagera tanto tus virtudes y defectos, va tanto de humilde… que pienso que está sujeto a un papel. La última buena nueva que he leído es que no renovará con el Barça y en 2010 pondrá rumbo a Italia, un país donde dice estar muy arraigado. Al parecer no tiene relación ninguna con Laporta, pero por lo que veo tampoco quiere comprometerse con ningún presidente más. Esto es egoísmo porque, si es verdad, no se ha parado a pensar en los millones de barcelonistas que les gustaría tenerle al mando del Barça. Este tipo es raro, no es ni frío como el hielo ni cálido como el sol, es simplemente raro. Tiene la prepotencia de Cruyff, pero expresada de distinta forma. A Cruyff no tengo el gusto de conocerle, pero desde fuera desprende un aire chulesco y ególatra, puro divismo. Guardiola va de humilde, pero no se da cuenta que es imposible serlo de forma tan exagerada. Él da la explicación de que quiere estar al margen, pero sabe que diciendo eso y actuando así es el gran protagonista. Y sabe que lo será para siempre cuando se vaya el año que viene dejando a todos la miel en los labios. ¿Por qué no hay un solo genio normal que no mezcle a los tigres con la nieve? Yo tengo una teoría sobre estos tipos: en realidad son débiles de personalidad y tienen miedo al fracaso. Un miedo que roza el pánico.
¡Visca el Barça!

El culo de Cristiano

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Me dirá el gran ‘cochino de los pasillos’ que siempre hablo del Madrid, pero es que hoy es inevitable hacerlo tras el fichaje de Cristiano Ronaldo. Antes de nada pedir disculpas por no escribir ayer, pero me tocó limpiar mi casa a fondo y por la tarde me fui a dar un paseo por la Feria del Libro en El Retiro. Agobiante para quien quiera ver todos los puestos. Mi paseo estuvo bien, aunque no pude encontrar el libro que quería: Historias del Calcio, de Enric González. No pasó nada, me comí la sepia igual de contento cuando llegué a casa.
Volvamos al principio. Una vez estuve en Manchester y escuché como una periodista portuguesa le decía a su compañero de trabajo que le gustaba el culo de Cristiano Ronaldo, que era perfecto, el mejor del mundo. ¿Perfecto? Depende para quién. Para mí no, por supuesto. Para una vaca macho el culo de su fémina tiene que ser increíble la verdad. Esa piel suave, esas ubres bien cargadas de leche, ese perfil idealista, ese olor a cuadra con bombillas llenas de moscas, esas carnes exultantes que botan con el zapateo… Debe ser excitante para él. Cuento esto porque fue lo primero que me vino a la cabeza con el fichaje, pero prometo que a partir de ahora me fijaré más en su culo blanco e impoluto. Oye igual me acaba gustando, porque todo es revisable en esta vida. Al que tengo dudas que le haga gracia el asunto será a Raúl, que puede pasar de actor a figurante. ¡Qué bien! Chamartín ya está feliz y nadie se acuerda del Triplete, ni del Barça, ni de Iniesta, ni de Xavi… tampoco lo que hicieron con el trasero de CR7 hace quince días en la eterna Roma.
¡Visca el Barça!

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