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Las bicicletas son para el verano

El gran Begiristain, además de atender a los medios en los descansos de los partidos del Barça, también viaja por el mundo. Hoy creo que se encuentra en Abu Dhabi, donde asiste al sorteo del Mundial de clubes, una competición a la altura del Trofeo Pepinillo de Leganés, esos que siempre ganaba el Madrid con Eto’o, Dani, Alfonso, Iván Pérez, Morales y Freddy Rincón.
El bueno de Txiki también intentará fichar a Robinho, ese tío impresentable que llegó a España hace varios años diciendo que iba a ser el mejor futbolista del mundo. Para lograrlo intentaría hacer siempre muchas bicicletas. Han pasado cuatro años y, desde entonces, el único contacto con la bici ha sido en sus veranos de Brasil, bien sea montándola o haciéndola en la ‘praia’ con sus colegas, caipirinha en mano. En los campos de fútbol siempre se ha dedicado a desaprovechar su fútbol y ser intermitente. Fracasó en el Madrid y se fue a Inglaterra para hacer historia en un equipo artificial, como poco fútbol y mucho ego. El City está hecho a imagen y semejanza de Robinho: son dos entes pomposos, exagerados, fantasiosos, pedantes y altivos. Uno sueña con ganar la Premier y el otro personaje con hacer bicicletas en el Barça. Al final, el City quedará más cerca del descenso que de las plazas europeas y Robinho vendrá a corromper un vestuario modélico. Si al menos asentara al cabeza y, como decía Fernando Fernán Gómez, supiera que las bicicletas son para el verano…
¡Visca el Barça!
La estratosfera de Eto’o

Genio y figura, sólo puedo sacar dos conclusiones de Samuel Eto’o. La primera de ellas es que está entre los tres mejores delanteros del mundo; la otra es que tiene su cabeza como sonajero. Es un niño con cuerpo de adulto. Siempre quiere ser el centro de atención, el que acapare todos los elogios, el que está permanentemente a la defensiva, ofuscado cuando no le salen las cosas, el que está completamente obsesionado por el dinero, por ser el que más cobra siempre donde quiera que esté. Así, sólo así, es feliz Samuel Eto’o. Sobre los títulos colectivos, ¿qué son los títulos colectivos si él no marca? Nada, absolutamente nada. Así es la ‘estratosfera’ que demanda Eto’o y le podría dar el Manchester City, según Joan Laporta. Aunque públicamente el presidente ha confesado que le gustaría que siguiera, la invitación a abandonar el Barça es más clara que cuando me despidieron a mí una vez de un trabajo: “No estamos contento con tu rendimiento y no contaremos contigo”. Me quedó claro, como le ha debido de quedar al camerunés, que estará haciendo cábalas de cuántos coches y relojes (los colecciona) se podría comprar con diez millones netos por temporada durante cinco años. Mi deseo es que se vaya porque sus egos enquistan a este Barça cosmético, casi decorado con lentejuelas. Pero si se va a este patético club quedará claro, una vez más, la importancia que dá Eto’o el prestigio colectivo de un potente club como el Barça. Sólo me queda agradecerle los servicios prestados, pero la presencia de un futbolista que llegó a decir “Me merezco el Balón de Oro más que Ronaldinho” no es más que un río de agua turbia que puede llegar al mar azul y grana. De todas formas, en el City se encontraría con Robinho, el ejemplo de dos cerebros que no juntan ni uno. En mi pueblo les llamarían peseteros. Si es que Dios les cría y ellos se juntan.
¡Visca el Barça!
Dinastía azul y grana

Reconozco que empiezo a estar un poco aburrido de los rumores sobre jugadores que vestirán de azulgrana la próxima temporada. Ribery, Ibrahimovic, Benzemá, Villa, Silva, Mascherano… y hasta Robinho. Mañana me compraré El Mundo y seguro anuncian los fichajes de Agatha y Pedro J. Ramírez, que vendría con tirantes de colores, por supuesto. Discrepo de cualquier contratación, salvo un delantero que venga si se va definitivamente Samuel Eto’o. Y es que este equipo de seda puede ejercer una auténtica dinastía en el fútbol español, y por ende mundial. Tiene al mejor jugador del planeta; Messi; y a dos genios de metro y medio que cuya clase alcanza el Himalaya, junto a Edurne Pasabán. Son Iniesta y Xavi, dos tipos sin tatuajes ni rayos uva, sin caprichos ni chulerías, humildes, modestos, si hasta seguro que prefieren el Lambrusco en lugar del ‘Villa Sicilia’ o las sardinas en lugar de la dorada a la espalda. Lástima que estén presididos por un tipo bueno como conquistador, pero pésimo como gobernante. Y lo peor es que ahora vuelve al Congreso.
Del otro lado está el Madrid, lo más parecido a la serie Elígeme. Valdano es el Carlos Baute de turno, porque habla, habla, habla y presenta a toda su ‘hhenteeeee’ (gente, en venezolano). Florentino es el paquete que se presenta para elegir a sus ‘peluqueras’, todas ansiosas por ser las elegidas. Allí están Villa, Silva, Ribery, Cristiano Ronaldo, Kaká y compañía. En ese tipo de programas, como suele ser habitual, nunca se encuentra el verdadero amor o, al menos, a quien más te gustaría pillar para llevártelo a la cama no aparece. Una lástima que esos deseos no se puedan cumplir porque ninguna de ellas quiera asistir al programa. Es normal, porque ya disfrutan del orgasmo del triplete. No quieren cambiar de aires, por mucho que les insista Carlos Baute. ¡Sí, sí, sí, sí, sí!
¡Visca el Barça!
La Bacanal

Lástima que el mejor lateral derecho del mundo, Daniel Alves, sea titular esta madrugada con Brasil en su partido contra Perú. Una pena, porque el gran Dunga siempre prefería a Maicon, pero éste estará lesionado todo lo que resta de temporada. Digo lástima, porque no quiero que sea partícipe de las fiestas, mezcladas con comilonas y lujurias en todos los sentidos de la palabra, que lleva protagonizando desde hace tiempo la ‘canarinha’. Estas bacanales, al estilo de Los Borgia, desconozco si las llevan a cabo fuera de los campos de fútbol, pero donde puedo afirmar que sí es en los partidos, donde los rizos de Ronaldinho me recuerdan a los racimos de uvas que cuelgan del dios del vino: Baco. ¡Bendita la hora que se fue de Barcelona! Perdieron los bares, pero ganó la tranquilidad y el sentido común. Ahora el ‘gaucho’ es un futbolista descatalogado, más acabado que la Falange de Hornachos, un pequeño pueblo pacense. En realidad me alegra verle jugar, sobre todo cuando lo hace junto a Robinho y Adriano. Forman la santísima trinidad del fútbol actual, porque sus seguidores ya incluso les rezan. Lo hacen para que no destrocen más la imagen de la ‘pentacampeona’ del mundo, una Selección que sirvió como modelo a Nicolás Poussin en su maravilloso cuadro donde representa los vicios del ser humano. No metió a Carlos Dunga, su entrenador, porque el hombre bastante tiene ya con seguir diseñando sus camisas playeras.

Espero, por el bien de los culés, que nuestro gran Alves (se lo robamos al Real Madrid) no caiga en ninguna de las tentaciones.
¡Visca el Barça!











