Los iluminados

No sé si los culés compartirán esta sensación conmigo, pero mi sufrimiento ha sido tal en toda la temporada que incluso ha superado a la alegría. Cuando acabó el partido me fui a mi casa feliz, tranquilo, con dolor de cabeza y con una sensación de sosiego que no va acorde cuando se festeja una Liga. Me senté en el sofá de mi casa, encendí la tele, me puse la radio y desprendí una sonrisa que duró dos horas, hasta que me fui a la cama. Apenas hablé con mi padre por teléfono y no respondí ningún mensaje de felicitación (que fueron pocos). Por una vez, necesitaba un relax verdadero, una tranquilidad que yo mismo me había vetado cada fin de semana. Había convertido cada partido del Barça en una agonía, en dos horas de nervios excesivos. Por eso la alegría era imposible que se igualara a la tensión. Dicen que me lo debo tomar de otra forma, sobre todo para no convertir los partidos de mi equipo en algo nocivo para mi salud, pero no puedo. Quiero demasiado a estos iluminados como para ser inmune a sus derrotas. No son unos cualquiera, sino que forman parte de esa historia que escribieron de forma derecha los Einstein, Darwin, Miguel Ángel, Charles Bukowski, Rosselini, Ghandi, Mandela, Rafael o Hepburn, entre otr@s. Siempre les acompañó la varita mágica, también para ganarse algo más que adeptos en sus vidas. Todos han sido campeones de algo.
¡Visca el Barça!










