Elogio al horizonte

Cuando Eduardo Chillida construyó esta obra de arte en el punto más emblemático del cerro de Santa Catalina (Gijón), probablemente estaba intuyendo lo que se avecinaba en el noreste de la península. Un ciclón llamado Barcelona que ahora practica un fútbol delicioso, un regalo de Reyes para los aficionados en estos tiempos que corren. Los culés juegan mucho y bien, pero su fútbol entra mejor aún si antes has visto al Madrid. Eso como ver dos pelis seguidas: Sor Citroen y El Padrino. Si ya de por sí es buena la obra de Coppola, imagínate que te la ves tras un ‘truño’ importante, peor incluso que Los Bingueros. Pues eso.
Lo del choque contra la Real Sociedad fue un rondo de 90 minutos, algo inédito hasta ahora. Los donostiarra parecían, por momentos, un equipo que sufría el síndrome de Stendhal, extasiado, sin respiración ante tanta belleza. Esa enfermedad la sufren dos clubes en España cuando se enfrentan al Madrid. Uno es el Atlético y el otro el Espanyol, un club acomplejado, pequeño y sin identidad. Creo que nos enfrentamos a ellos la próxima semana. Pensaba que en nuestra Liga no nos mezclábamos con equipos de Tercera División. Siempre dije que Chillida fue un visionario.
¡Visca el Barça!




















