El padre de la criatura

Antes de nada, descanse en paz el protagonista de El Pisito, El Cid Cabreador, Juana la Loca… de vez en cuando, El oro de Moscú u Objetivo Bi-ki-ni. No es lo único noticioso de un simple martes friolero y triste, por lo lejano que está el fin de semana. También hay noticias de Champions, donde el Atlético se juega esta noche ser lamentable o sencillamente dar vergüenza. No juega Agüero, pero igual deciden que el 10 sea el ‘Ochaita’ rojiblanco de turno. También está el Madrid, que se mide al peor Milán de la historia. Un equipo no apto para futbolistas que no sean cuarentones de buen ver. Maduritos interesentes, en definitiva.
Pero la noticia que más me ha impactado es la de Johan Cruyff, que es el entrenador de la Selección Catalana. Soy muy del Barça, porque siempre lo mamé en casa, pero discrepo de la veneración que hay hacia este tipo. Para mí está a la altura de Joaquín Caparrós o Sergio Kresic. Estoy harto de escuchar que el Barça juega bien gracias a Cruyff, como si antes de llegar él no existiera el equipo, ni Kubala, ni Luis Suárez, ni Kocsis, ni el medio centro, ni la cantera. Con Cruyff ganamos cuatro Ligas y una Copa de Europa, pero también sufrimos a su criatura en la punta del ataque durante un año que, de ser más duradero, nos vamos a Segunda. Jordi, que ahora anda de entrenador-jugador-organizador de cruceros a Blue Lagoon en La Valetta (Malta), es más malo que el agua de la fregona. A su padre se parece en el cagal, como diría Makinavaja. Pero es que con Cruyff en el banco, también recibimos el mayor batacazo en la historia del club (4-0 frente al Milán en la final de Champions) y nos provocó un daño en los ojos irreparable al ver, en un partido, a jugadores de esta índole: Eskurza, Escaich, Sánchez Jara, José Mari, Korneiev o Cela. A estos los trajo y los puso Cruyff, el magnífico, el inventor del mundo. No lo hizo mi prima.
¡Visca el Barça!










