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El puto amo

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Tengo tantas cosas que decir, que no me apetece mencionar ninguna. Sólo quiero disfrutar y beber cerveza fría. También presumir de que mi equipo es el Barcelona y que somos campeones de Europa. La tercera en seis años, la segunda en los últimos tres, la cuarta en total. Sólo Guardiola y los suyos pueden ridiculizar a un club como el Manchester United. No lo digo yo, lo dice Ferguson.

Para los que no lo sepan, decirles que estoy infinitamente feliz de animar a este equipo. Es una obra maestra del fútbol. De verdad, recomiendo que lo observen con detenimiento. A los que le odian, decirles que les entiendo, porque ese odio es directamente proporcional al éxito que obtiene. La gloria sólo puede ser para los que la buscan insistentemente.

¡Visca el Barça!

Después de hoy

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Hoy me he levantado con un nudo en el estómago. Un nudo que no se convalida por felicidad, precisamente. Lo admito, en la vida sólo soy pesimista en una cosa: el fútbol. Siempre dije que encaro los partidos del Barcelona, no como un disfrute, sino como algo que temo y necesito a la vez. Mi felicidad en las victorias son muy efímeras, porque rápidamente se transforma en descanso, tranquilidad. Una pena, porque la crueldad de las derrota me la echo a la espalda durante días. Así estoy, muy desgastado.
Muchos dicen que eso se me irá cuando vaya siendo mayor, pero voy camino de los treinta y afirmo que lo llevo bastante peor que cuando tenía 25.
Volviendo al principio, hoy estoy muy nervioso y tengo cierto temor. Sólo cuando tengo esta sensación me da por ser amable con la gente que no trago. Lo hago porque creo que, de no actuar así, mi equipo perderá. No me da vergüenza contar esto, porque también aquí soy supersticioso. No piso las rallas de los adoquines y no puedo decir que el Barça es favorito. Me da mala suerte. Algo parecido le pasaba a Jack Nicholson en ‘Mejor… Imposible’.
No sé qué sucederá esta noche. Nos jugamos la Liga contra el Levante y nos vale empatar. Lo veo difícil. No concibo acostarme sin celebrar nada. Mucho menos trabajar al día siguiente si perdemos, y al otro. No sé qué sucederá tras esta noche. Sólo sé que, si ganamos la Liga, estaré un pelín más tranquilo. Pero poco. Rápidamente me vendrá la tranquilidad… Y entonces podré cenar y luego dormir, soñar…
¡Visca el Barça!

Amanece, que no es poco

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Sé que muchos del Real Madrid no saben muy bien qué hacer con su vida deportiva. Dudan sobre si quieren u odian a Mourinho; no comprenden qué pintan en la grada Pardeza, Zidane, Valdano y Butragueño y, para colmo, les da rabia que su equipo ahora le dé por hacer sets en los partidos.
Para ellos sólo se me ocurre que siempre puede ser peor. Siempre se pueden presentar en la Sierra del Segura (Albacete) y ver cómo todo el mundo ha perdido la cabeza. Allí, José Luis Cuerda quiso que se juntaran un grupo de estudiantes de la Universidad norteamericana de Eaton, unos meteorólogos belgas, un grupo de disidentes de los Coros del Ejército Ruso, invasores camuflados del pueblo de arriba… Todos ellos con la gente del propio municipio, donde incluso hay elecciones para puta, marimacho, monja y tonta. Lo mejor de todo es que el día siguiente amanece. Y al siguiente, y al siguiente. ¡No es poco! No se pierdan esta peli, plagada de un surrealismo delirante y desternillante que rebasa la situación actual del club blanco. Messi apenas festeja las Ligas; Cristiano celebra colérico los pichichis. Cuestión de gustos.
¡Visca el Barça!

¿Por qué?

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Qué extraña sensación. Tengo tantas ganas de decir muchas cosas, y a la vez ninguna, que no sé por dónde empezar.
Lo haré por el cine, mi última gran pasión y el puente hacia donde deseo llegar: el fútbol. Mis últimas películas del finde: El hombre elefante, del querido Lynch, y La gata sobre el tejado de zinc. Me impactó esa película. No por la belleza de Elizabeth Taylor, que también, sino por cómo Richard Brooks logra aglutinar en una habitación a tantas sensaciones contrapuestas: tensión, risa, odio, amor, cinismo, ambición. ¡Memorable Paul Newman en el papel de guapo dolido con la vida que bebe para olvidar!
Vamos al fútbol:
Tengo aquí una sensación, también extraña. Creo que el Madrid ha conseguido lo que quería en esta pasada eliminatoria contra el Barça. Es más, creo que ha triunfado y eso ha sido gracias a Mourinho. Él, sabedor de que era imposible ganar a los culés a doble partido, consiguió que su equipo y todo el madridismo culpen al árbitro en lugar de asumir este ridículo. Porque, hay que reconocerlo, el Madrid ha ganado lo mismo que el Sevilla la temporada pasada. Mientras los blancos, con careto pusilánime, se preguntan una y mil veces ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... ¿Por qué les perjudican los árbitros?, ninguno se ha parado a pensar las razones por las que su equipo sólo ha tirado, por poner un ejemplo, un tiro a puerta en los dos partidos de Champions.
Por si esto fuera poco, luego salen el capitán del Real Madrid -Casillas- y su mejor jugador -Cristiano Ronaldo- criticando al colegiado como nunca antes lo había hecho un futbolista blanco. Sorprendieron, ¿verdad? Pues mi teoría es que son esbirros de Mourinho. Ellos no lo piensan, pero reciben órdenes del portugués. Todo menos reconocer el ridículo y la inferioridad lacerante. Bueno, ésta sí la han reconocido en la manera de enfocar los partidos. ¿Por qué el Real Madrid es tan ruin? ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?… Me moriré sin saberlo, pero ellos no estarán en Wembley en 2011. Mi equipo sí.

¡Visca el Barça!

Tintín

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He decidido que hoy haré de periodista por un día, que me vestiré de Tintín, un grande.
No quiero hacer leña, porque, aunque no lo parezca, soy respetuoso. ¡Ah! Por cierto, antes de ir al partido tengo que decir que me compro el periódico todos los días, pero no el mismo. Desde el Marca hasta el AS, pasando por ABC, El Mundo, El País o Sport, entre otros. Me sorprende el anuncio publicitario que suele aparecer, casi siempre, en la portada: SEXO ES VIDA. ¡No sabía que la población tenía tantos problemas por la eyaculación precoz y la erección! Una pena que andemos así… Lo mejor es que este titular siempre aparece acompañados de las palabras Mourinho, Guardiola, Libia, crisis, Tomás Gómez, crisis, Messi,  Berlusconi, crisis, Gadafi, otra vez crisis y Catar (Con C, porque como da pasta a España hay que hacerle la pelota). ¡Viva la originalidad!
Vamos al fútbol. El Barça, hasta la expulsión, hizo el partido que le interesó. El Madrid, también. Pero amigo, si los culés llegan a ser cansinos con el toque, más dañino para salud es con qué se conforma el Madrid, qué necesita para vivir feliz: atrincherarse atrás, renunciar al balón, pegar patadas y buscar el choque en los balones divididos. Es triste que este equipo, a estas alturas de la temporada, se encomiende a Pepe para solucionar todos sus problemas. Para que ejerza de guía, de gurú, de artista. Luego pasa lo que pasa… No le puedes dar un trasatlántico a un tío que trabaja en las industrias cárnicas. Eso es culpa de Mourinho, que piensa más en torpedear al rival que en explotar las cualidades del Madrid, a día de hoy con menos recursos futbolísticos que un encefalograma plano. Todos son robots sin cerebro, sin la aquiescencia del jefe a pegar un pase de medio metro. Luego pasa lo que pasa… Que toda la culpa es del árbitro, que en Europa y en España van a favor del Barça. ¡Me gusta!

PD: Tensión en el partido, el Madrid con diez, Mourinho expulsado, el Barça al ataque… Y el realizador no para de enfocar a Mourinho escribiendo en su libreta como un loco. Parecía que había reinventado una receta de la coca-cola. Ilusos, no saben que estaba haciendo un pedido de hamburguesas con doble de queso, que de tácticas anda justo el hombre. Tengo un amigo que durante un partido del Madrid me hizo este comentario: “La camisa de Mou es flipante”. Con eso, poco más tengo que añadir al engaño que sufre su afición.

¡Visca el Barça!

Totó, Berlusconi y Mourinho

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Tras ver a Totó encasquetar la Fontana di Trevi a un turista americano en la mítica película ‘Tototruffa’ y no dar crédito (y esto es real) a que Berlusconi vendiera los derechos del Coliseo a Diego della Valle por 25 ‘kilos’, pensaba que todo estaba ya visto en esta vida. Pues no, a este binomio de ‘cerebritos’ hay que añadir a Jose Mourinho. Con ellos, se completa la terna de iluminados.
Que conste antes de nada que no lo digo en plan crítica, ni mucho menos, sino como algo bueno y envidiable. Ellos son capaces de engañar a la gente. Unos más que otros, cierto. Totó fue el cómico más grande y el más gracioso, pero Berlusconi también tiene lo suyo: con 80 años tiene más pelo y fornica más que cuando tenía 40. ¡Ya querríamos muchos!
El último, y probablemente el más guapo, es el técnico portugués del Real Madrid. Más allá de los títulos que pueda lograr, me ha parecido sorprendente su gesta: admitir, como nunca antes lo había hecho otro madridista, la superioridad del Barça. Hacerlo hasta tal punto que un empate en casa y perdiendo la Liga se celebre hasta la saciedad y se vea como una victoria moral. No es broma, tiene mérito lo conseguido. Nunca vi al Bernabéu animar tanto a los suyos tras el choque. No sabía que estaban tan necesitados, la verdad.
Yo, ante estos tres personajes, me hago una pregunta: ¿Son realmente genios o es que los madridistas, americanos e italianos son demasiado tontos?
Creo que habría que pensar bien la respuesta, sobre todo teniendo en cuenta que todo es revisable en la vida.
¡Visca el Barça!

Terciopelo azul

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Anoche (domingo) decidí desconectar del fútbol por la tarde. Me acerqué al Círculo de Bellas Artes a ver en VO una magnífica película dirigida por el indescriptible David Lynch. ‘Terciopelo azul’. Más allá de los actores (arrollador y lunático Dennis Hopper, inquietante y pervertido Kyle MacLachlan, pasional y esquizofrénica Isabella Rossellini), me gustó el envoltorio de la cinta. El director precintó su obra con un maquillaje de Serie B mezclado con una banda sonora de Angelo Badalamenti, que le daba, aún más si cabe, un misterio casi crónico. Todo eso para plasmar un pequeño pueblo de algún condado de América del Norte, donde todo parece aparentemente normal, monótomo, aburrido. Un lugar de leñadores sin nombre con camisa de cuadros, un lugar que esconde más que enseña. Allí, la auténtica realidad se oculta entre una normalidad que nubla la vista a la mayoría de los ciudadanos. No a Jeffrey Beaumont (su protagonista), que quiso ir más allá, ahondar en ella… Hasta encontrar una pesadilla, donde realidad y la ficción (mezclada con tintes oníricos) se entrecruzan hasta confundir al espectador. Al final de la película te das cuenta que la auténtica verdad, que fluye del lirismo del Lynch, es la perversa y que los leñadores no son más que figurantes del guion establecido.

Luego llegué a casa y me puse a ver Slumdog Millionaire, que también sirve para ver los contrastes que sufre La India. El director juega mucho con eso, de ahí que no para de mostrar chabolas con rascacielos que se pierden en la lejanía. Después del doblete me fui a la cama a escuchar algunas sandeces de la radio. Lo de Mourinho ya no tiene nombre, pero lo entiendo. Son cosas de una persona envidiosa que se ha quedado sin explicaciones meramente deportivas para explicar que su Real Madrid no juega ni un pimiento. De todas formas, para él seguro que la culpa la tienen Pedro León, Dudek y Canales. Bueno… El que se ha comido a Canales. ¡Si parece que ya no es ni guapo el pobre chico!

¡Visca el Barça!

La jungla de asfalto

LA JUNGLA DE ASFALTO

Como soy un tío bastante previsor, tengo planes y alternativas pensadas para lo que puede ocurrir en la vida: desde que me echen en el trabajo, hasta que decida yo mismo que me marcho, pasando por si el Barça gana la Champions, el Madrid palma contra el OL o incluso la cena del viernes, si finalmente llego con fuerzas y ganas. Vino rosado fresquito con cinco tipos de pinchos: bonito con pimientos del piquillo, sobrasada con huevo de codorniz, gambas con ali-oli, jamón ibérico con pimiento frito y anchoas del Cantábrico con queso de cabra.
Por lo demás, es obvio que ya me espero cualquier cosa. Y sucede porque Madrid, en estos momentos, es como ‘La jungla de asfalto’, esa historia que ya plasmó John Houston hace más de 60 años. Esa atmósfera tensa, hosca, ácida y amarga, repleta de personajes con ambición desbordante, pero sin corazón. ¡Sálvese quien pueda aquí!
Un mundo donde triunfan los que conspiran, pero yo no sé conspirar. Tampoco entiendo que todas las mañanas esté hacinado en el metro, que pague la comunidad de vecinos cuando no me hablo con ninguno, que cada vez que voy a Hacienda me entren ganas de insultarles a todos, que no me pueda poner malo en el trabajo, que cada vez sufra más con el Barça. Eso me duele, pero es de las pocas cosas que me gustan del día a día.

¡Visca el Barça!

Big Ben

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He estado, que yo recuerde, un par de veces en Londres. La segunda como invitado, durmiendo en los mejores hoteles y comiendo en restaurantes orientales una pésima comida. De la primera recuerdo Trafalgar Square, Buckingham Palace, el Big Ben, Hyde Park y dos cosas que me llamaron la atención por encima del resto: Abadia de Westminster y el Támesis. Hay algo que les une: la mística, la curiosidad y ese ambiente plomizo que comienza a envolverles a las cuatro de la tarde. Hoy (miércoles 16 de febrero) no estaré allí apoyando a un equipo que me hace infinitamente feliz (el Barça), pero les acompañaré desde el sillón de mi casa con un nudo en el estómago y un vaso de agua encima de la mesa. Aún recuerdo el partido del año pasado, con ese empate final amargo que me fastidió, un pelín, el inicio de mi Semana Santa, arreglada finalmente por la capacidad envolvente que tiene Cantabria, con su brisa, su dulzura y esa naturalidad que emanan los pescadores. Lo dicho, no tengo buen recuerdo de ese partido, pese a presenciar media hora sublime, infinita e inigualable. Un canto al fútbol, una apología al arte. Hoy espero que se repita, porque no soporto dos tropiezos consecutivos y porque necesito ver ganar otra final de Champions. No para disfrutarla, ni mucho menos, sino para descansar. Así concibo desde hace años los partidos de mi equipo, con necesidad de una alegría que me mantenga en el remanso, al menos tres días. No lo festejo ni lo disfruto. Lo sé y no me importa. Sé que lo echaré de menos cuando lleguen las vacas flacas, pero cada uno busca su propia felicidad. La mía va ligada al descanso, físico y mental. Eso me relaja y a la vez me hace fuerte.
¡Visca el Barça!

‘Cavalleria Rusticana’

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Antes de nada, leeros la entrevista de Michael Robinson (no diré el medio porque es de la competencia), donde viene a decir que le ha defraudado el periodismo.
No seguiré con este tema, porque me aburre, no se puede hacer nada, es viernes y llevo varios días mosca.
Resulta que no me gusta la ópera, pero me encantaría haber estado en el Teatro Costanzi para haber visto (en 1890) el mayor estreno operístico de la historia: “Caballería Rusticana” (Caballerosidad rústica), de Pietro Mascagni. No tenéis ni idea de lo que hablo, pero la habéis escuchado si os gusta el cine. Salió en Toro Salvaje y en la escena final de El Padrino III. Yo esto no lo sabía, hasta esta mañana que rescaté, para el metro, un libro que compré de segunda mano en un puesto ambulante de Atocha RENFE. Se llama COSA NOSTRA y comienza por el asesinato de Falcone, el juez que puso nombre a los mafiosos. El que allanó el camino a los Savianos de turno. Murió, claro, asesinado por la mafia siciliana. Estuve una vez allí, en Sicilia, y me dijo una familia humilde que todos son un poco mafiosos, aunque cada uno en su nivel. Ellos, por ejemplo, pagaron para que su hijo tuviera el carné de conducir, porque el chico era, conduciendo, más malo que yo: aprobé a la cuarta.
Gran tierra, la recomiendo. Por sus olivos, sus postres, su sol, su mar y su pescado fresco. Volveré, seguro. Prefiero estar allí, siempre con la mosca detrás de la oreja, que quedar para poner abrigos a CR o Messi para que no cojan frío después de los partidos. Eso, aunque parezca mentira, lo hacen los jefes de prensa. La única inquietud que tienen cada día es ya si ponerle primero la manga derecha o la izquierda. Así está el tema.
Soy del Barça, pero no tengo inquietud por conocer a los jugadores, porque me defraudarían bastante. Prefiero vivir siempre con mi ignorancia.

¡Visca el Barça!

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