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Los colegas de Messi

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Ya tengo decidido qué es lo que voy a hacer cuando vuelva al tajo el próximo 1 de septiembre. Le pienso decir a mi jefe que me suba el contrato una vez más y, acto seguido, le diré que faltaré cinco días al trabajo porque uno de mis mejores amigos se casa y le queremos hacer una despedida por todo lo alto, con catamarán incluido. Ni siquiera se lo preguntaré, porque no acepto un no por respuesta. Es más, si no me da esos cinco días me enfado. ¿Mis compañeros? Pues que se jodan y aguanten, si quieren y pueden. Espero que esto no lo esté leyendo mi jefe, porque le daría las vacaciones de agosto.
Esta petición la he pensado porque quiero imitar al Leo Messi. Sí, ese chico que nos da Copas de Europa a cambio de renovaciones de contrato por año y consentimientos a sus abusivas peticiones. Es increíble cómo este Barça da concesiones permanentemente al argentino, que ahora no quiere jugar el primer partido de Liga, contra el Sporting de Gijón, porque se va a Rosario (su casa) a disputar el Argentina-Brasil. El partido no es el mismo día sino cinco después, pero ‘la pulga’ no tiene bastante con ese tiempo para prepararlo. Igual quiere aprovechar para ver a la familia y recoger los tupperware que luego se llevará a Barcelona. ¡Qué enternecedor!

tupper

Si Guardiola le concede este deseo, no descarto que en la próxima gira veraniega del Barça reserven, además de un hotel para el primer equipo, una plaza en las guarderías para dejar allí a Messi, un chiquitín que juega bien al fútbol y tiene la cabeza llena de peluches. Allí estaría con sus colegas, los niños, llorando cuando no le dan lo que quiere y pidiendo el chupete a Laporta, más blando que los sobaos mojados en el café. El Barça estará siempre intranquilo por si Messi se enfada, pero ellos han sido los principales culpables. A Messi hay que cuidarle, pero en su justa medida. No más que a Iniesta, Xavi, Puyol, Henry, Valdés o Piqué, entre otros. No olvidemos que este tío, si no fuera por el Barça, ahora estaría haciendo la competencia a los mimos de La Rambla y la Plaza de Catalunya.
¡Visca el Barça!

Arde Milán

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Probablemente cuando acabe de escribir este artículo Samuel Eto’o ya será jugador del Inter de Milán, donde quiere cobrar en torno a los doce millones de euros anuales durante cinco años. Otro mundo, sobre todo para los que aún no sabemos cómo es el color de los billetes de cien euros. Ahora escucho que si el Barça no sabe tratar a sus estrellas, que si a Ronaldo se le dejó escapar, que sin Romario, Ronaldinho, Stoichkov, Maradona, Cruyff… Iré por partes. Para mí, con las únicas estrellas que no se portó bien el Barça fueron Guardiola y Laudrup, que se lo regaló al Madrid porque le robaba protagonismo a un tal Cruyff, ese que ahora tanto veneramos.
Eto’o, que ha sido el que mejor rendimiento ha dado de todos, ha sido el más incendiario, siempre haciendo alarde de su egoísmo, rebeldía y poca generosidad. En su mundo sólo existe él, que se cree el mejor. Algo que le ha beneficiado y perjudicado a partes iguales. ¿Ronaldo? Se marchó por culpa de sus dos representantes mercenarios de profesión y ciegos con el dinero. Maradona se quiso ir él, como Cruyff, dos genios del fútbol cuyo ego traspasó los límites del deporte. Es más, diría que ninguno triunfó en el Barça como jugador. Su impronta y su sombra se hizo más grande por tratarse de rebeldes sin causa, no por los títulos que levantaron. Sobre Ronaldinho, ¿acaso es extraño vender a un tío cuya profesión pasó de ser ‘mejor futbolista del mundo’ a ‘conserje de un gimnasio inexistente’?. Por favor, a la vista están sus resultados de este año en Milán. Pero como lo que toca hoy es hablar de Samuel Eto’o, diré que seguirá marcando goles, pero nunca abandonará sus celos. Tampoco su mechero para incendiar el duomo y la ciudad de la moda. Allí coincidirá con su ‘amigo’ Ronaldinho, con el que apuesto a que se fundirá en un abrazo cuando se enfrente a él. En su interior piensa en realidad que cobra más que él y ha ganado más Copas de Europa, aunque ni siquiera se acuerde con qué equipo trabajó.
¡Visca el Barça!

El aullido del mudo

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Una de las cosas que más detesto en esta vida es la prepotencia, la arrogancia, lo aires de grandeza. Los tiene Maradona, los tiene Florentino Pérez y los tiene Cristiano Ronaldo, que ahora dicen que será el próximo ‘galáctico’ del circo blanco. Cada día llevo peor cuando le comparan con Messi, un futbolista cuya timidez resalta en los lances del juego. Cabeza abajo, sin creerse lo que es y cada vez más asociativo con sus compañeros, más solidario, sin valorar su calibre. Algunos le tachan de que no lleva tatuajes, no sabe expresarse y casi ni hablar. ¿Acaso a Zapatero le juzgan por cómo juegua al tenis? ¿A Esperanza Aguirre por cuántas flexiones haga al día? ¿A Javier Bardem por cuántos huevos fría? ¿A Jesús Vázquez por los calzoncillos que se ponga o a los de Fama por sus modelitos que sacan? No. Para nada. Pero, sin embargo, se sigue opinando por la palabra de Messi, al que incluso le piden que hable catalán. Este chico no lo hablará porque no lo sabe. Es más, no le gusta hablar mucho, al menos de cara al público. Lo hace sobre el campo, lanzando aullidos letales para los rivales. No es guapo, ni tiene aros, desconoce a los rayos uvas y es la contraposición al ideal griego de belleza. Mientras mejor juega, más se opina de estas menudencias. A mí se me ocurren a varios tipos cuya obligación es hablar bien y tener conocimientos y no los tienen. En la SER, por ejemplo, hay unos cuantos. El último fue un tal Cañizares que anoche dijo que Italia tenía tres Mundiales. Su jefe incluso dijo en otra ocasión que la última vez que Argentina levantó la Copa del Mundo fue en 1994. Se equivocó sólo por ocho años.
¿Estos tipos tienen derecho a opinar del mejor jugador del mundo? Seguro que no han visto ninguna película de Chaplin, tampoco sabrán que se puede ser un genio sin abrir la boca.
¡Visca el Barça!

El arma de Eto’o

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Es curioso, pero cuando un tío pierde los nervios y se desquicia se vuelve vulnerable y, a veces, irreconocible. Ocurre en las mejores familias, en los seres más poderosos y en cualquier ámbito de la vida. Le ocurrió a Maradona, que pasó de ser un dios del fútbol a disparar con un rifle de aire comprimido a periodistas y luego cobrarles por conceder entrevistas (sé hasta la cantidad que pide). En el siglo XVIII también le sucedió a Luis XVI, que no pudo impedir la Toma de la Bastilla (marcó el inicio de la Revolución Francesa) y pasó de ser inmortal a prácticamente pedir clemencia. Nos vino bien que acabara el Antiguo Régimen, pero quién se lo iba a decir. Mucho menos a él, eternamente feliz en su corte artificial donde sólo había baile de máscaras. Todo falso, como el Rococó.
Algo similar está pasando con Samuel Eto’o, que ha pasado de jugar con metralletas y escopetas a hacerlo con pistolas de agua, de esas que te regalan con los botes de Nivea o que puedes adquirir en las ferias de los pueblos, dependiendo de cuántos palillos caigas. Si no caes ninguno te dan la pistola, sólo por participar. Si caes los tres, en tres intentos, te suelen dar un peluche que te ‘venden’ como El Rey León. El hermano Samuel lleva dos partidos; Athletic en Copa y Mallorca en Liga; cuya obsesión por el gol llega a rozar lo enfermizo. Su ansia le convierte en mediocre, su egoísmo es dañino para el Barça, el rifle con el liquidaba búfalos en África y porteros en España ha sufrido una dura mutación. Como la vejez. Antes compraba cartuchos; ahora le vale con abrir el grifo para llenar su pistola de agua. Por el bien de los culés, más nos vale que no la lleve a Roma. No queremos seres vulnerables contra el Manchester.
¡Visca el Barça!

La Gabarra

gabarra

Hola a todos. Espero que me perdonéis hoy, pero me encuentro en Valencia, donde espero probar la pertinente paella y ver a los ‘leones’ agachar la oreja cuando les pase mi equipo por encima en Mestalla.
Villa, tú lo verás por la tele hijo. Es lo que hay. A los de la gabarra les recomiendo que, ganen o no, la revisen bien porque igual el óxido les priva del viaje por la Ría de Nervión. Aunque, con lo poco que festejarán, igual les van bien con una pequeña barquita para Caparrós. Es que tengo entendido que le hace ilusión al hombre.
¡Visca el Barça!

El show de Flo

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En el libro que me estoy leyendo; Gomorra; se descifra perfectamente el entramado de la mafia napolitana: la Camorra. Allí, en la ciudad donde Maradona sentó cátedra, se venera a los capos ciegamente porque son los que tienen el poder. Allí nace y muere la economía del mundo entero y allí caminan todos los súbditos con vendas en los ojos aferrándose a los ‘compadres’ (se les llama así) como si fueran clavos ardiendo, como si ellos trajeran la salvación para todos. No la traen, afortunadamente.
Si extrapoláramos estas reverencias al ámbito deportivo, Algo similar pasa con Florentino Pérez y sus adláteres, que se les espera en la capital de España como si fuera la resurrección de Cristo. La culpa, al igual que los napolitanos, la tienen los seguidores blancos. Los pobres deben padecer de amnesia, porque ya no se acuerdan de la primera etapa de ‘Cristo’ en el Bernabéu. Les haré un pequeño resumen: Florentino Pérez estuvo tres años sin ganar títulos, Despidió a Jorge Valdano por su pésima gestión de fichajes, abandonó el barco en mitad del mar, el Barça de Rijkaard le ganó dos Ligas y una Champions, FP comenzó fichando a Zidane y terminó encomendándose a Gravesen, Pablo García o Diogo, echó al Del Bosque y se quiso cargar a Casillas, fichó a Sacchi y sus bufanditas, apostó por Queiroz, Camacho, Luxemburgo, García Remón y López Caro. ¡Señores! Aquí tenéis al nuevo mesías. El dueño de cuatro torres gigantes que ha decidido reconstruir nuevamente a un equipo roto. Igual ahora le da por fichar a Víctor Fernández como entrenador, Cañizares como preparador de porteros, Butragueño para que le siga lamiendo el culo, Martín Vázquez para que enseñe a jugar a Drenthe y Schuster para que enseñe a Van der Vaart a tirar faltas. Con la llegada de esos ‘intrusos’ habría más puestos para periodistas deportivos y los azulgranas seguirían reinando tiránicamente. Así ocurrió en los tiempos de Floren. Menudo show.
¡Visca el Barça!

Me aburre España

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Muchos diréis que estoy loco, pero me aburre España. No su juego, por supuesto, sino los días posteriores donde todo el mundo habla de ella, ríe con ella, lee de ella y se ilusiona con ella. Hoy lo típico es hablar de la Selección, de su fútbol cosmético y sensacional, por eso me niego a hacerlo. No se me ocurren ya calificativos que no hayáis visto en ningún periódico, oído en radio o visto en tele. No me apetece, mucho menos referirme a Inglaterra, ese bodrio de equipo que le provoca sueño a Tony Blair. ¡Pobrecillo! Si hasta recurre a las infusiones y/o café.
Hablaré de Messi y de Maradona, una relación con visos de acabar mal, francamente mal. Maradona fue un genio como futbolista y como tal siempre fue un caprichoso, un rebelde, un polémico y un… bueno para qué contar lo que ya sabéis. Como estrella que era, nunca pudo convivir con buenos futbolistas que pudieran eclipsar su mundo, el “mundo Maradona” del que todos se lucraban, todos vivían. La noche siempre acababa dándole las gracias al amanecer. Era la única vez que veía la luz. Una pena, porque Barcelona es una pasada por el día y los atardeceres en Nápoles son una postal coronada por Capri a un lado y el Vesubio al otro.
No me gustan los animales ni entiendo de ellos, pero siempre he escuchado que dos gallos nunca pueden vivir en el mismo corral. Igual hay que preguntárselo a algunos de los granjeros que buscan esposa en Antena 3 (programa penoso) para confirmarlo. Lo cierto es que la convivencia de Maradona y Schuster no funcionó en Barcelona, como tampoco lo hizo la de Eto’o-Ronaldinho, Alonso-Hamilton y probablemente la de Armstrong-Contador. Por supuesto, también sucederá con Messi y Maradona. ¿Sabéis por qué? Porque entre los dos no juntan mentalmente ni quince años, porque uno es un dios y el otro está aprendiendo a serlo, porque a Maradona no le gustan sus sucesores y Messi le considera un envidioso, porque uno prefiere a Agüero y el otro se pone celoso, porque uno es el mejor jugador argentino de la historia y el otro sabe que Diego no le dejará serlo, porque uno ya sabe lo que es sobornar a las directivas del Barça o Nápoles y el otro ya pide aumentos de sueldo, porque uno es caprichoso y el otro también lo es, porque uno saca la barriga y el otro agacha la cabeza, porque se respetan, pero no se quieren. Su caso me recuerda al de dos mitos del cine: Al Pacino y Robert de Niro. Juntos nunca funcionaron, pero por separados siempre fueron, son y serán dos grandes, cada uno con su estilo. Es lo mejor que les puede pasar a estos dos argentinos. Que Messi se separe de las manos de Dios. Gana el fútbol, gana el país, gana mi equipo.
¡Visca el Barça!

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