Posts tagged: Lillo

Montmartre

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Hacía años que no me perdía un partido de mi equipo, pero esta vez fue por una causa mayor. Me pilló de viaje en París. Fue de vacaciones, por supuesto, porque laboralmente hablando sólo he viajado (en los últimos meses) del comedor al ordenador y viceversa. También al baño, al cajero y al bar de enfrente a echar una caña los viernes.
Pues sí, París. Una ciudad mágica y cruel. Lo primero por su belleza y lo segundo por su nivel de vida. Es ese punto de crueldad lo que la hace más grande, más impresionante, más inaccesible. No es apta para todos los bolsillos, pero nunca mereció la pena hacer semejante esfuerzo por conocerla. Te adentras en el barrio bohemio de Montmartre, te tomas un vino de Borgoña en una terraza con estufa mientras ves llover, te pierdes entre vidrieras, te hielas junto al Sena y te ves en el Salón de los Espejos de Versalles para comprobar que eso fue el partido. 0-8 en Almería, obra de arte, apología del fútbol, embajadores del balón, príncipes de los sueños. París, Montmartre. Allí el mundo se detuvo hace muchos años, cuando Picasso, Modigliani y Monet pasaron algún día por allí. Estoy un poco bizcochón. Será porque ví llover, porque vengo de probar el queso de Normandía y los crepes de Nutella. También, quizás, que se acercan las Navidades, una época donde está prohibido criticar. Me vendrán bien estas concesiones, sobre todo para coger fuerzas.
¡Visca el Barça!

Teoría sobre el estatismo

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Hace muchos años, un conocido de mi pueblo se fue a los carnavales de Badajoz y, volviendo a casa, con su gran ‘castaña’ le dio por entrar en un bloque de pisos para robar un gato de porcelana. Resulta que, como ya había salido el sol, la dueña de la vivienda enloqueció y dijo que ese gato era suyo. La respuesta del personaje éste, según me cuentan, pasó a la historia: “¿Este gato es suyo señora? Vamos a hacer una cosa. Yo lo pongo en el medio y que elija criatura con quién se quiere ir”. Ese gato nunca se movió, un estatismo parecido al de Zlatan Ibrahimovic. Definitivamente, tras el encuentro contra el Almería, no sólo pienso que es peor que Eto’o, sino que el Barça juega mejor con diez que con once, cuando él está entre los titulares. No se mueve, estorba a Messi o Pedro, protesta, pega codazos, guantazos, no para de quejarse, está permanentemente enfadado con el mundo y obstaculiza el paso a Bojan. Si le pones entre la vieja y el de mi pueblo se mueve menos que el gato seguro. Para el fútbol no vale, pero sí quizás para explicar en las universidades la teoría sobre el estatismo.
¡Visca el Barça!

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