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La Dolce Vita

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Este fin de semana he visto una de las películas que tenía en mente desde hace mucho tiempo: La Dolce Vita. La otra que tengo, y que aún no he visto, es Ed Wood.
Fellini resalta en esa obra de arte dos mundos, uno que se ve y otro que se intuye. El primero es el de esa aristocracia italiana de finales de los 50 que hace fiestas clandestinas para esconder todos sus deseos y vergüenzas. Un mundo de derroche, lujuria y orgías. El otro mundo, el verdadero, es el de una sociedad hueca, vacía, infeliz, incomunicada. Así era Italia en esa época. Un país escondido de todo, con deseos tórridos pero sin valentía para llevarlos a cabo. Había collares, coches de lujo y festines pero, detrás de eso, estaba la nada. Creo que esa apariencia existe un poco en la relación entre la sociedad española y ‘La Roja’, y también en todo lo relacionado con el Real Madrid.
Por partes: ahora todo el mundo es de España, porque en el fondo la sociedad está demasiado aburrida con tanto paro y se tiene que agarrar a algo. No lo sienten, pero no se atreven a decirlo. Yo sí, me importa un pimiento. Es más, si se enfrenta a Argentina me gustaría que fuera una marioneta en manos de Messi.
Lo del Madrid es otra historia, es otro tipo de falsedad. Es un club lujoso y simple a la vez. Está cubierto de oro, pero no tiene cimientos para soportar semejante alarde de opulencia. Da la sensación que prende de un hilo y que, si se rompe, se cae al vacío. Algo de esto le sucedió a Steiner, el amigo de Mastroiani en la peli. El polo opuesto es el blaugrana.
¡Visca el Barça!

Pecados capitales

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Mientras mejor juega Messi más entra en escena Maradona. El ‘Pelusa’, invadido ya por la envidia que supone ser rebasado por un chico de 22 años, se deja ver por Barcelona con su chándal, su puro, sus pendientes y vete tú a saber qué más. Me consta, al igual que a Joan Gaspart, que conoce bien la ciudad, que le gusta y la venera. Pero esta visita ha no ha sido precisamente para conocer los nuevos garitos, sino para robarle a Messi lo que ya le pertenece: ser mejor que Maradona, por juego y títulos.
Me gustó eso que dijo Segurola: “Messi es Maradona todos los días”. Está claro, porque el D10S futbolístico lo era una vez al mes o incluso cada dos meses. Cuando le daba la gana. Fuera siempre cometió varios pecados capitales: lujuria, soberbia, envidia… y algunos más. A Messi le hace falta un Mundial para completar un corolario perfecto, dicen los argentinos. Pues apuesto a que Maradona hará todo lo posible para que no sea así, por lo menos para que Leo no sea el gran protagonista. Ya lo está haciendo con decisiones como la de poner a Verón para mover al equipo. Para que mande a Messi melones en lugar de rosas. Esta Argentina es un renglón torcido de D10S, un tipo arrogante. El otro día escuché a un argentino decir que a Messi no se le quiere mucho porque no le han visto jugar en su liga y porque sólo viaja al país dos veces al año. Igual se pensaban que Messi era un relaciones públicas del país, que se pasaba la vida yendo y viniendo mientras vende la moto de lo bonito que es el tango. Messi debería declararse apátrida, renegar de los suyos. Al fin y al cabo ellos hicieron lo mismo con él cuando tenía 13 años y demandaba ayuda para crecer.
¡Visca el Barça!

Bendito flemón

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Tras el partido de voleibol disputado en el Santiago Bernabéu, el Barça compareció en Zaragoza con un tipo con flemón. El artista es Messi, del que hoy he llegado a escuchar en mi trabajo a uno del Madrid decir que le encantaría que fuera novio de Sara Carbonero. Más que nada, como le ocurre a Casillas, para que se descentre. Casillas, tras no detener guarros en pasillos, ahora ya no detiene ni a un hipopótamo. Messi, por desgracia de los madridistas, es capaz de aunar lo mejor de Maradona, Ronaldo, Pelé, Zidane, Di Stéfano y Cruyff. Es bastante mejor que todos ellos y no acepto que me digan que le falta un Mundial. Maradona lo ganó con un gol ilegal y luego se dedicó a arrastrarse por todos los equipos, salvo el Nápoles. El problema de este tipo es la envidia patente, de ahí que ahora se deje ver por España para robar titulares a su compatriota del flemón.
El partido de Messi en La Romareda es para enmarcarlo y llevarlo al Prado. Si ya fue difícil hacer tres goles, mucho más fue conseguir que Ibrahimovic anotara uno. Lo del sueco ya roza el ridículo. A día de hoy, su juego no está muy lejos del de Ibrahima, David Barral o Munitis. Ansioso, cabreado, desubicado, arrancando cuando se pide un ataque en estático y viceversa. Igual le hace falta un psicólogo, pero no estaría mal que se lo pagara él con la pasta que cobra. Y qué decir de la pinta de Mino Raiola, su representante, al que Coppola le podría dar perfectamente un papel en la cuarta parte de El Padrino. Si no fuera por los flemones divinos de Leo…
¡Visca el Barça!

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