Una de caracoles

Hay muchas formas de encauzar el maravilloso tema de los caracoles. Tengo un amigo muy pesado que está flipado con unos que hay en la Calle Toledo, junto a la glorieta. Una vez fui con él y me gustaron, aunque no tanto como los que me como en Navidades en un bar de mi pueblo, precisamente especializado en dar sentido, sabor y buen olor a esos pequeños babosillos.
Alejándonos un poco del tema gastronómico, no vaya a ser que a alguno le entre hambre o asco, están los míticos documentales sobre caracoles que ofrece TVE, en directo desde Insbruck (donde se inventaron las máquinas de coser). El último tuvo lugar el 3 de junio de 2010 en la Primera. Fue a las seis de la tarde y aparecían los moluscos vestidos de rojo, para que se vieran bien. Sí, era la Selección española, esa que nos venden diariamente como campeona del Mundial de Sudáfrica. Su fútbol no es que aburra, es que me parece absurdo, aberrante, anodino, pobre. Sólo cuando sale Xavi vienen las ideas, como le pasaba a Dalí en sus últimos años de delirio, en los que sólo le venía la inspiración cuando su mujer se acostaba con chavales mucho más jóvenes que ella. Una pena que la campeona de Europa dependa tanto del ‘cerebro’ del mundo, al que habría que conservarlo en formol de por vida. Sí, como a Dalí y Gala.
¡Visca el Barça!










