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Desayuno con Mourinho

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Tengo en la cabecera de mi cama un póster de Audrey Hepburn en blanco y negro de ‘Desayuno con diamantes’ y no había visto la película… Hasta ayer.
Es curioso como la mujer de la cara perfecta, que no del físico, pueda ser tan frívola e infeliz. Es increíble ver como ella se siente segura sólo con un abrigo de visón y un collar de Tiffany. Un espíritu tan rebelde, que se prostituye legalmente y que, además, no muestra rastro de su corazón. Un alma libre, independiente, que utiliza a los demás y lo tiene todo, aparentemente. Así es, aparentemente, porque de puertas hacia dentro no tiene nada, ni coraza, y es un mar de lágrimas. Las recoge un gato sin nombre, por cierto.
Preguntarán los motivos por los que vinculo esto con Mourinho. Pues porque sus campañas orquestadas para desestabilizar al Barça, para señalarle con el dedo, para insinuar que se dopa y que no es legal, están dirigidas, en realidad, por un hombre atormentado y débil. Cada día tengo más claro que mientras más se exagera la coraza, más débil es el interior. Yo a este hombre me le imagino en casa llorando, avergonzado de sí mismo, de su obra, de su personalidad, de su carácter. Si es así, se le podría incluso perdonar porque es un pobre desgraciado. Mejor dicho, un miserable desvergonzado y cobarde.

PD: Todavía sigo pensando que si le ofrecieran dirigir al Barcelona no tardaría ni un segundo en decir que sí. El problema es que sabe que nunca se lo dirán y eso, objetivamente, es difícil de superar. También que no puede echar colonia por el miembro.

¡Visca el Barça!

El puto amo

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Tengo tantas cosas que decir, que no me apetece mencionar ninguna. Sólo quiero disfrutar y beber cerveza fría. También presumir de que mi equipo es el Barcelona y que somos campeones de Europa. La tercera en seis años, la segunda en los últimos tres, la cuarta en total. Sólo Guardiola y los suyos pueden ridiculizar a un club como el Manchester United. No lo digo yo, lo dice Ferguson.

Para los que no lo sepan, decirles que estoy infinitamente feliz de animar a este equipo. Es una obra maestra del fútbol. De verdad, recomiendo que lo observen con detenimiento. A los que le odian, decirles que les entiendo, porque ese odio es directamente proporcional al éxito que obtiene. La gloria sólo puede ser para los que la buscan insistentemente.

¡Visca el Barça!

Después de hoy

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Hoy me he levantado con un nudo en el estómago. Un nudo que no se convalida por felicidad, precisamente. Lo admito, en la vida sólo soy pesimista en una cosa: el fútbol. Siempre dije que encaro los partidos del Barcelona, no como un disfrute, sino como algo que temo y necesito a la vez. Mi felicidad en las victorias son muy efímeras, porque rápidamente se transforma en descanso, tranquilidad. Una pena, porque la crueldad de las derrota me la echo a la espalda durante días. Así estoy, muy desgastado.
Muchos dicen que eso se me irá cuando vaya siendo mayor, pero voy camino de los treinta y afirmo que lo llevo bastante peor que cuando tenía 25.
Volviendo al principio, hoy estoy muy nervioso y tengo cierto temor. Sólo cuando tengo esta sensación me da por ser amable con la gente que no trago. Lo hago porque creo que, de no actuar así, mi equipo perderá. No me da vergüenza contar esto, porque también aquí soy supersticioso. No piso las rallas de los adoquines y no puedo decir que el Barça es favorito. Me da mala suerte. Algo parecido le pasaba a Jack Nicholson en ‘Mejor… Imposible’.
No sé qué sucederá esta noche. Nos jugamos la Liga contra el Levante y nos vale empatar. Lo veo difícil. No concibo acostarme sin celebrar nada. Mucho menos trabajar al día siguiente si perdemos, y al otro. No sé qué sucederá tras esta noche. Sólo sé que, si ganamos la Liga, estaré un pelín más tranquilo. Pero poco. Rápidamente me vendrá la tranquilidad… Y entonces podré cenar y luego dormir, soñar…
¡Visca el Barça!

¿Por qué?

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Qué extraña sensación. Tengo tantas ganas de decir muchas cosas, y a la vez ninguna, que no sé por dónde empezar.
Lo haré por el cine, mi última gran pasión y el puente hacia donde deseo llegar: el fútbol. Mis últimas películas del finde: El hombre elefante, del querido Lynch, y La gata sobre el tejado de zinc. Me impactó esa película. No por la belleza de Elizabeth Taylor, que también, sino por cómo Richard Brooks logra aglutinar en una habitación a tantas sensaciones contrapuestas: tensión, risa, odio, amor, cinismo, ambición. ¡Memorable Paul Newman en el papel de guapo dolido con la vida que bebe para olvidar!
Vamos al fútbol:
Tengo aquí una sensación, también extraña. Creo que el Madrid ha conseguido lo que quería en esta pasada eliminatoria contra el Barça. Es más, creo que ha triunfado y eso ha sido gracias a Mourinho. Él, sabedor de que era imposible ganar a los culés a doble partido, consiguió que su equipo y todo el madridismo culpen al árbitro en lugar de asumir este ridículo. Porque, hay que reconocerlo, el Madrid ha ganado lo mismo que el Sevilla la temporada pasada. Mientras los blancos, con careto pusilánime, se preguntan una y mil veces ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... ¿Por qué les perjudican los árbitros?, ninguno se ha parado a pensar las razones por las que su equipo sólo ha tirado, por poner un ejemplo, un tiro a puerta en los dos partidos de Champions.
Por si esto fuera poco, luego salen el capitán del Real Madrid -Casillas- y su mejor jugador -Cristiano Ronaldo- criticando al colegiado como nunca antes lo había hecho un futbolista blanco. Sorprendieron, ¿verdad? Pues mi teoría es que son esbirros de Mourinho. Ellos no lo piensan, pero reciben órdenes del portugués. Todo menos reconocer el ridículo y la inferioridad lacerante. Bueno, ésta sí la han reconocido en la manera de enfocar los partidos. ¿Por qué el Real Madrid es tan ruin? ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?… Me moriré sin saberlo, pero ellos no estarán en Wembley en 2011. Mi equipo sí.

¡Visca el Barça!

La Naranja Mecánica

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Este fin de semana, al ver por segunda vez La Naranja Mecánica tras una importante ingesta de embutido extremeño, me di cuenta que sólo hay un individuo más tarado que Pepe. No es otro que Álex, el jefe de los drugos que ideó Kubrick. Salvando las distancias, creo que el ‘carnicero’ portugués tiene mucho de ese personaje cuando está encendido: pega por doquier sin sentido, sin criterio ni orden. Es más, hasta seguro que, cuando está calmado en su casa, le da por ponerse pestañas en un ojo, beber leche-plus y escuchar Beethoven. Quiero ganarles en Champions, pero no quiero ver más de cerca de ese salvaje del fútbol. ¡El método Ludovico le aplicaba yo!

¡Visca el Barça!

Totó, Berlusconi y Mourinho

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Tras ver a Totó encasquetar la Fontana di Trevi a un turista americano en la mítica película ‘Tototruffa’ y no dar crédito (y esto es real) a que Berlusconi vendiera los derechos del Coliseo a Diego della Valle por 25 ‘kilos’, pensaba que todo estaba ya visto en esta vida. Pues no, a este binomio de ‘cerebritos’ hay que añadir a Jose Mourinho. Con ellos, se completa la terna de iluminados.
Que conste antes de nada que no lo digo en plan crítica, ni mucho menos, sino como algo bueno y envidiable. Ellos son capaces de engañar a la gente. Unos más que otros, cierto. Totó fue el cómico más grande y el más gracioso, pero Berlusconi también tiene lo suyo: con 80 años tiene más pelo y fornica más que cuando tenía 40. ¡Ya querríamos muchos!
El último, y probablemente el más guapo, es el técnico portugués del Real Madrid. Más allá de los títulos que pueda lograr, me ha parecido sorprendente su gesta: admitir, como nunca antes lo había hecho otro madridista, la superioridad del Barça. Hacerlo hasta tal punto que un empate en casa y perdiendo la Liga se celebre hasta la saciedad y se vea como una victoria moral. No es broma, tiene mérito lo conseguido. Nunca vi al Bernabéu animar tanto a los suyos tras el choque. No sabía que estaban tan necesitados, la verdad.
Yo, ante estos tres personajes, me hago una pregunta: ¿Son realmente genios o es que los madridistas, americanos e italianos son demasiado tontos?
Creo que habría que pensar bien la respuesta, sobre todo teniendo en cuenta que todo es revisable en la vida.
¡Visca el Barça!

Murphy

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La Ley de Murphy dice que todo es susceptible de empeorar. Pues bien, obviando las tragedias, decir que cuando ya pensábamos que habíamos tocado fondo con los políticos, la historia de la tostada y la mantequilla, Inda, José María García, Relaño y su Villarato, las portadas de Nemo en prensa deportiva, los labios de Leire Pajín, una película de Ashton Kutcher, el caso Faisán, las portadas de El Mundo haciendo mención con el 11-M, Roberto Gómez, los tirantes de Pedrojota… Llegan Gaby Milito y David Villa para demostrar que: Peor… Imposible. Uno, el argentino, es un cabeza con rizos que corre sin sentido, como las cabras en el campo. El otro, el guaje, parece que está hasta entradito en kilos. No marca, pero porque no puede ni correr. Desubicado no es la palabra que mejor le define, pues me quedaría corto. Soy más duro con él, porque espero mucho más de él. De Milito, el pobre, decir que cumplió como psicólogo de Messi, pero solo me queda darle las gracias por los servicios prestados. O eso, o que reconduzca a Afellay, un futbolista con físico desproporcionado y cara de no saber de qué va la película.
¡Visca el Barça!

La cerradura mágica

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Cuando estoy aburrido me da por entrar en el buscador de vuelos Momondo y formular un viaje ficticio a alguna parte. Algunas veces se han cumplido (por ejemplo, París), pero en la mayoría de veces lo he hecho sin levantarme del asiento y sin gastar un euro. Hoy, como juega el Barça un partido trascendente, estoy nervioso y nostálgico. Entonces la nostalgia me lleva a Roma, la única ciudad que amo de verdad. El billete me cuesta 97€ en agosto, pero no lo he comprado porque este verano creo que toca un crucero por las islas griegas. No lo he comprado, pero sí he estado allí esta mañana.
He sentido el bullicio de gente, he olido a jazmín, he visto muchos puestos de fruta, he palpado la primavera, también el humo de las vespas. ¡Me encanta! Donde más tiempo me he detenido es en uno de mis sitos favoritos de la ciudad: el Palacio del monte Aventino, una de las siete colinas. Allí, en plena plaza de los Caballeros de Malta, se encuentra la embajada de la Orden de Malta ante la Santa Sede y el Vaticano. Allí hay una puerta enorme y antigua, digna de cuento, que contiene una cerradura con un tremendo agujero que te lleva directamente a la cúpula de la Basílica de San Pedro, a muchos metros de distancia. Entonces te das cuenta que tus ojos recorren tres países a la vez, ya que este edificio tiene estatuto de extraterritorialidad. Ellos son Italia, donde pisas, Vaticano, el final del recorrido de tus ojos, y Malta, el transcurso de una mirada rodeada de setos y belleza virgen. Por esos lugares ganó mi Barça hace dos años la Champions League, un título que el año pasado nos privaron. Pero la vida te da más oportunidades, así que esperemos encauzar bien el camino esta noche frente al Shakhtar Donetsk.
¡Visca el Barça!

Solo ante el peligro

Cooper

A Sandro Rosell, que le tenía por hombre inteligente, recatado y tranquilo, le veo, si palmamos contra el Madrid en Liga y Copa, como Gary Cooper en ‘Solo ante el peligro’. Sin amigos, sin compañeros de trabajo y sin la Grace Kelly de turno. Con la pequeña (o gran) salvedad de que el poder de ‘Sandruscu’ proviene de rancio abolengo y el del sheriff que dirigió Fred Zinnemann es labrado por sí mismo. Uno es un héroe débil (el culé) y el otro es rudo, curtido. Desprende un aura de líder más fiable, pura y genuina. Así pues, insisto, Rosell ha estropeado, con una declaración, su buena carrera en la presidencia.
Si yo fuera Guardiola estaría bastante mosca con el tema, sobre todo porque eso puede encender, un poquito más si cabe, al Real Madrid. Ha caído en el saco de Boluda, Calderón, Laporta y compañía. Sabía que la cabra tiraba al monte, pero confiaba en que esta estuviera extraviada. Una pena de tío. Ahora solo le falta mamarse en ‘Luz de Gas’ bebiendo champagne en lugar de cava.

PD: Por cierto, hace poco descubrí que Jaimito era italiano. Nació en el barrio de Trastevere, donde me encanta cenar con una buena pasta y un vino de la casa. Jaimito (Álvaro Vitali) ha sido el único actor que ha trabajado cuatro veces con Fellini. Esto me anima a volver pronto a Italia para triunfar en la vida. Eso, y que Berlusconi tenga con casi 80 años más pelo que cuando tenía 30. Allí suceden milagros, siempre lo dije.

¡Visca el Barça!

No al fútbol en abierto

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Perdón por mi ausencia de los últimos días, pero he querido tomarme un respiro para recuperar mi motivación por la escritura, también para recuperarme definitivamente de una despedida de soltero brutal. Prometo no faltar tanto y seguir contándoos mis peripecias y visión sobre todas las cosas.

Comenzaré diciendo que me he hecho socio de la biblioteca de mi barrio en Vallecas. Es vieja, pequeña, sucia y cutre, pero me gusta. Me gusta porque sólo hay cine antiguo y no me gasto los cuartos. Cogí cuatro películas: Rebbeca, El Limpiabotas, Casablanca y Amarcord. Sólo me falta por ver ya El Limpiabotas, de Vittorio de Sica. El resto ya están vistas, más que nada para que lo sepa mi amigo Juanito, que se cree que sólo veo pelis de Billy Wilder. ¡Qué grande Juanito!
De Amarcord, decir que Fellini se recrea en lo absurdo, como Jaimito como gran protagonista, para reflejar que la sociedad inmersa en el fascismo es una sociedad perdida, sin futuro. De la obra maestra de Hitchcock, reseñar que es el paradigma de su género de intrigas. Por último de Casablanca, resaltar la belleza de Ingrid Bergman y la galantería de Humphrey Bogart, con demasiada personalidad como para caer dos veces en la tentación del amor. ¡Recomiendo que las vean varias veces!
Antes de ir al fútbol, admitir que no sabía el grado de incredulidad que hay en el periodismo. Lo he comprobado con el tema de la energía nuclear, donde cada uno dice una cosa, y además bien distinta. Opuesta, diría yo.
Vamos al fútbol. Estoy a favor del fútbol de pago. Ya lo hago así que, por lo menos, quiero que mi Barça tenga más y más pasta para que fiche a los mejores y pueda renovar a gente como Alves. Sé que los clubes no piensan en los aficionados ni me importa. Yo tampoco les tengo estima, sino que quiero que gane mi equipo, nada más. Y si pudiera ser sin jugar los partidos, pues mejor. Si le quisiera de verdad, le perdonaría que un día no estuviera a la altura, pero no es así. Ese día yo no ceno y paso de pasar hambre. A pesar de todo, odio a muerte a Javier Tebas y su tez hortera de rayos uva.
Tócala otra vez Sam.

¡Visca el Barça!

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