Las Vistillas y mis amigos

Si el lacerante cambio climático lo permite, este viernes haré un buen botellón con los colegas de mi pueblo en Las Vistillas. No daré nombres, pero desde aquí les mando un gran abrazo. Me gusta rodearme de ellos porque es como si nos hubiéramos visto el día anterior, como si el tiempo no pasara. Saldrá el tema fútbol porque, en el fondo, todos lo necesitamos. Somos, los tíos, demasiado previsibles en ocasiones para sacar el tema de las elecciones en el Reino Unido, capitalizadas por esa alianza Cameron-Clegg, o el de los recortes sociales de Zapatero. Saldrá el tema del cumpleaños en la sierra, del despido de Paco González o el Atlético, un equipo que se supera cada día. Le cuesta, pero se supera.
Sin contar al Madrid (por el que en el fondo siente devoción), ha decidido en los últimos años contentarse con meter mano al Barça en el Calderón. Bendita alegría cuando ese niño soñador abraza al padre y dice “y ahora a por los blancos, papi”. Criatura, me da más pena que los periodistas que hoy llenan la prensa de topicazos sobre el sentimiento atlético: ‘Por esto somos del Atleti’. Ha sido tanta la rabia y la ilusión contenida que ahora parece que la tierra gira en torno al Atlético. Piensas, luego Atlético.
Quique dice que le recorre algo por dentro con este equipo. Algo parecido le pasa a otro amiguete que vende la moto con el Barça. Por cierto, un Barça que se juega la liga este domingo contra el autobús de Clemente. No querría imaginarme que otra fuente de Madrid se llenara. Bastante matraca me estoy llevando ya con los hinchas de un club tan pequeño que, cuando ganan, piden la vez en nuestro mundo. Bienvenidos, aunque sea tras ganar un título de Serie B.
¡Visca el Barça!











