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La vida es bella

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Dicen que la vida se ve depende del cristal con que mires y que donde uno ve carbón, otro imagina minas. Yo la afronto con optimismo, porque el prisma que tengo es azul y grana. La verdad, ahora que lo pienso, la vida es bella y si no que se lo digan a Benigni, que contaba chistes a su hijo justo antes de que los alemanes le mataran en el campo de concentración. Y la vida es bella porque el Barça es una máquina insaciable de ganar, porque los hinchas del Athletic se pican como si fueran niños que les han robado el bocata en el colegio, porque Pellegrini va encontrando poco a poco sus calzoncillos, porque la libreta de Emery está más acabada que el NO-DO, porque Guardiola es nuestro verdadero presidente, porque Rajoy habla con sopa en la boca, porque Madrid se deberá guardar las corazonadas para 2020, porque a Pepe siempre le quedará Castillejo, porque la Castellana va pareciendo una calle, porque los calamares del Brillante siguen estando mejor después de fiesta, porque Teruel existe, y Daganzo, y Peloche, y porque aún tengo la esperanza de que todos reconozcamos que Heidi tenía siempre coloretes porque era un poco putilla, nada más. En el fondo, me alegro de estar donde estoy, disfrutando de los cinco títulos logrados en una temporada. Y lo que te rondaré morena.
¡Visca el Barça!

Marchena

carnicero

En mi pueblo he visto cómo muchos futbolistas que prometían y se iban a comer el mundo acabaron en el mercado trabajando de carniceros con su padre. Eso era algo normal. Lo que es más extraño es el caso contrario: nacer carnicero y dedicarte a jugar el fútbol o, mejor dicho, vestirte de corto para dar patadas a las piernas en lugar de a los balones. Un ejemplo es Carlos Marchena, el mayor carnicero de nuestra Liga. Un tipo barriobajero que se enzarza con diestro y siniestro para suplir su gran carencia en la vista: lo más redondo que ha visto en su vida ha sido un ladrillo. Marchena es de esos tipos amargados y tuercebotas que, en lugar de pies, tienen cuchillos y, en lugar de cerebro, tiene un tupido saco de serrín que le impide razonar en esta vida.
Aún así, rodeado de chorizos, entrecots, chuletones y lomos de sajonia, le da para ganar una Eurocopa y jugar en este Valencia de Emery y Villa, que sólo sabe cabrearse o chuparse el dedo. Cosa de niños.
Insisto, que aún no me he quedado a gusto. Necesito hacer hincapié en las carnicerías que rodean el Pabellón de las Artes y las Ciencias de Valencia. Probablemente allí hay algún pobre mileurista que tenga criterio con el balón, pero esté postergado a cortar carne y mancharse de sangre. Si es así, veo claro la necesidad de que acuda a Paterna para llevar a Marchena unas tablas de madera y un par de cuchillos jamoneros a ver si así se entera de su verdadera profesión. La única que ha desempeñado durante toda la vida. Eso sí, disfrazado de futbolista y con un murciélago en la solapa.
¡Visca el Barça!

Arroz con bogavante

paella

Este fin de semana no voy a Valencia a comer paella, aunque tengo que reconocer que no sería un mal plan, ya que se trata de mi comida preferida. La luna de Valencia la sustituyo por una visita a un pueblo de Córdoba (Los Blázquez) para despedir la soltería de un amiguete de la infancia: Juanlu.
Cuando me llamaron para decirme que la casa rural ya estaba reservada, lo primero que pregunté es si allí había televisión para ver mi Barça este sábado contra el conjunto che. Lo haré mientras me como una parrillada de carne con sus pertinentes cervezas, ya que estoy seguro de que el arroz con bogavante se lo manducará Laporta, el ejemplo de presidente obeso a costa del club. Mi consejo es que se lleve pasta, porque este Valencia está tiritando como para invitar a los directivos blaugranas, aunque ahora parece que ya paga a sus jugadores. Igual hasta invitan a un menú de 9,95 € en uno de los restaurantes de la playa de Malvarrosa. No hay problema, porque Laporta tiene buen saque, como Andy Roddick o Mark Philippoussis, y disfrutará gustosamente antes del triunfo ante el equipo de Emery. Por cierto, seguro que el ideólogo Unai hace sus cábalas para frenar a Messi, Xavi, Eto’o o Iniesta. Ya las hizo en la ida y se llevó un 4-0 y, por entonces, cobraban regularmente. No estará Albelda, un fósil del fútbol, ni Joaquín, ni su finta, ni su sprint. ¡Una pena para los amantes del buen fútbol! Para los artistas, los poetas, los arquitectos, los pintores, el caviar, el estilo, el bogavante… con arroz.
¡Visca el Barça!

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