El arma de Eto’o

Es curioso, pero cuando un tío pierde los nervios y se desquicia se vuelve vulnerable y, a veces, irreconocible. Ocurre en las mejores familias, en los seres más poderosos y en cualquier ámbito de la vida. Le ocurrió a Maradona, que pasó de ser un dios del fútbol a disparar con un rifle de aire comprimido a periodistas y luego cobrarles por conceder entrevistas (sé hasta la cantidad que pide). En el siglo XVIII también le sucedió a Luis XVI, que no pudo impedir la Toma de la Bastilla (marcó el inicio de la Revolución Francesa) y pasó de ser inmortal a prácticamente pedir clemencia. Nos vino bien que acabara el Antiguo Régimen, pero quién se lo iba a decir. Mucho menos a él, eternamente feliz en su corte artificial donde sólo había baile de máscaras. Todo falso, como el Rococó.
Algo similar está pasando con Samuel Eto’o, que ha pasado de jugar con metralletas y escopetas a hacerlo con pistolas de agua, de esas que te regalan con los botes de Nivea o que puedes adquirir en las ferias de los pueblos, dependiendo de cuántos palillos caigas. Si no caes ninguno te dan la pistola, sólo por participar. Si caes los tres, en tres intentos, te suelen dar un peluche que te ‘venden’ como El Rey León. El hermano Samuel lleva dos partidos; Athletic en Copa y Mallorca en Liga; cuya obsesión por el gol llega a rozar lo enfermizo. Su ansia le convierte en mediocre, su egoísmo es dañino para el Barça, el rifle con el liquidaba búfalos en África y porteros en España ha sufrido una dura mutación. Como la vejez. Antes compraba cartuchos; ahora le vale con abrir el grifo para llenar su pistola de agua. Por el bien de los culés, más nos vale que no la lleve a Roma. No queremos seres vulnerables contra el Manchester.
¡Visca el Barça!











