Ronaldinho y Perea

Desde que llevo viendo fútbol, y son ya casi veinte años, sólo he visto en dos ocasiones al Santiago Bernabéu ovacionar a un jugador rival. La primera me pilló en Italia, pero mi padre se encargó de grabármela para que disfrutara. Fue a Ronaldinho, que anotó dos goles en Chamartín a finales de 2005 y lideró la goleada culé en la capital: 0-3. La otra fue ayer, con el derbi más desigual de los últimos años, casi igual de reñido que un Real Madrid-Orcasitas o un Real Madrid-Rayo Vallecano. Fue justo cuando salió Perea al terreno de juego. Los blancos palmaban, pero poco importaba porque con el colombiano en el campo todo es posible, al igual que ocurre en Lost. Últimamente me trago mucho fútbol regional y de tercera división los domingos por las mañanas en Madrid. Me compro un bocata de panceta y me dedico a observar. Tengo claro que ahí no tendría sitio Perea, pues quedaría retratado varias veces. El central rojiblanco trajo los aplausos al coso madridista y con ellos vinieron los goles, las jugadas de Cristiano, los pases mágicos de Xabi Alonso, los chistes, el club de la comedia, los recuerdos de Ronaldinho. Por cierto te venden este derbi como algo mágico y no encuentro uno tan desigual en todo el mundo, por rabia que me de. Hasta en el Rayo B-Vallecas encuentro más igualdad. Sinceramente, creo que el Atlético disfruta cuando pierde contra el Madrid. Les da morbo, gusto… Si no fuera así, no tendría sentido semejante ridículo año tras año.
¡Visca el Barça!










