
Mi tarde dominical transcurrió en el cine viendo Ángeles y Demonios. Como ya dije la semana pasada, tenía ganas de ver esta película, aunque no llega al nivel del libro. Se quedan muchos frentes abiertos que sólo se arreglan con la lectura adicional. No hace hincapié en el señor Vetra, cuya muerte al inicio de la película es trascendental en el resultado final. Tampoco deja claro quién es el ‘matón’ que se carga a tres de los cuatro ‘preferiti’ para ser elegido Papa en el cónclave. Te cuenta, eso sí, quiénes son los ‘Illuminati’, esa sociedad secreta que surgió hace siglos con la intención de eliminar mitos de la religión. Fueron seres avanzados a su tiempo, individuos que se abrieron a la unión de ciencia-religión. Gente que no puso diques a los avances científicos, que hicieron (y hacen) prosperar a la humanidad. Unos abanderados en la unión de las bolas del mundo y los crucifijos, del geometrismo y la divinidad, de las iglesias y el cosmos. Del fútbol no, por supuesto. Esas plazas quedan reservadas para Leo Messi, Xavi o Iniesta, tres tipos capaces de cambiar la historia y acabar con la supremacía que tenía el Manchester en Europa y el Madrid en España. La Iglesia católica es algo obsoleto, ahora mandan las nuevas tendencias del fútbol: vistoso, atractivo, dulce, seductor, letal. Da la impresión que, hasta la llegada de estos tipos, el resto ya no importa. Por eso todos quieren teorizar con ellos… incluso Diego Forlán.
¡Visca el Barça!
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Sin categoría | Editor 1 Junio 2009 |
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Antes de nada le recuerdo a la persona que se lo propuse, para ver si se da por aludida, que quiero ir al cine a ver Ángeles y Demonios. Me leí el libro y me gustó, pero no porque me apasione excesivamente la lucha entre Ciencia vs. Iglesia, sino porque la historia transcurre entre las calles de Roma. Allí pasé un año de mi vida, conocí la cultura, aprendí a defenderme con el idioma y me sorprendió que la decadencia también pudiera provocar belleza. De todo eso han pasado ya casi tres años, pero alguien muy cercana a mí me sigue diciendo que aún sigo ‘viviendo’ allí. Para nada, la experiencia fue inolvidable, reconfortante y a la ciudad le cogí mucho cariño, pero porque volví a España. Todo fue bonito porque tuvo su final, de lo contrario estoy seguro que habría sido agobiante, que al Coliseo lo vería como piedras en descomposición y al Circo Máximo como una simple pradera verde. Afortunadamente no es así. Les veo como impresionantes monumentos que encierran miles de historias. El estado en que se conserven llega a ser secundario.
Esto lo cuento porque la última vez que celebré la Copa de Europa de mi Barça fue en Roma, cuando aún cursaba la beca erasmus. Estaba con mi camiseta blaugrana loco de alegría en Campo de’ Fiori, la plaza donde fue quemado Giordano Bruno por la Inquisición romana. Lo festejé, con mis colegas culés, junto a su estatua, que custodia esa maravillosa plaza. El próximo miércoles 27 de mayo no estaré allí pero, si el Barça gana, a buen seguro que me vendrá a la mente esa plaza, una de las que más ambiente nocturno tiene de la ciudad eterna. El fútbol pocas veces es agradecido, pero este año está aliado con los ángeles que dirige Guardiola. Nada que ver con los ‘diablos rojos’ de Ferguson. Esos, según el libro de Dan Brown, están en el Vaticano y son auténticos demonios.
¡Visca el Barça!
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Sin categoría | Editor 21 Mayo 2009 |
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