El marcapasos como escudo

Para seguir con mi tradición con las últimas películas, recomiendo ‘Atraco Perfecto’, dirigida por Stanley Kubrick. Proseguiré, porque hoy tengo ganas de escribir y estoy bastante indignado con dos tipos: Jose Mourinho y Solbakken, técnico del Copenhague.
Del primero me hace gracia cómo la prensa deportiva, que se va a pique en este país, le alaba desde que se levanta hasta que se acuesta. Es noticia cuando se afeita, cuando se corta el pelo, cuando tira un papel al banquillo, cuando se da la vuelta a los calzoncillos, porque estos dandys por fuera suelen ser poco aseados por dentro. Mourinho es así y mucho. Es soez, altivo y envidioso. El otro día, en Alicante, cuando el equipo perdía, quitó un defensa y puso un delantero. Luego, cuando iba ganando, quitó un delantero y puso un defensa. “Tenía el partido en la cabeza”, “Repaso táctico”, “Partida de ajedrez”, “Magistral en la apuesta”… Esos titulares los escuché de diversos medios. Parecía que había descubierto la luna, que eso sólo lo veía él. Por favor, eso lo ve un ciego, con todos los respetos. Eso lo veo yo cada domingo en la Regional Preferente madrileña. Eso lo hacen todos, lo hacía Pellegrini y le tildaron de paquete, pero como lo hace Mourinho es cuestión de estado. Diversos raseros para tratar un mismo tema. Eso es pelotilleo, mamomeno, bajada de pantalones, adulaciones gratuitas y limpiezas de sable. ¿Por qué no? Grandes limpiezas de sable.
El otro de centro de mis iras es un tío que estuvo clínicamente muerto doce minutos hace años y que ahora parece que se escuda en eso. En ese marcapasos que tiene, que parece darle todas las concesiones que quiere. Sé que da pena a la gente, pero no veo a nadie que monte una ONG para enviarle pasta. Por favor, a este tío hay que enjuiciarle por su actitud y no por lo que le haya sucedido. Yo una vez me clavé un manillar de la bicicleta cuando era pequeño y nadie se compadece de mí. ¡Ni quiero! Pero éste va por ahí dando pena poniendo el marcapasos como coraza. Dijo que “Pinto es la manzana podrida del vestuario” y se encaró también con Guardiola. Para ser un bocazas no tiene marcapasos, pero luego le gusta contar su pasado para engrandecerse a sí mismo. Pobrecillo. Qué historia tan tierna, de verdad. Falta la purpurina y el sirope de chocolate con almendras. Ah, y la sirenita de Copenhague de fondo. Por cierto, vaya tela la imagen de los sevillistas (cortitos ‘forever’) en el Camp Nou.
¡Visca el Barça!











