
Espero que la gente esté de acuerdo con lo que voy a decir, pero, si no lo están, mucho mejor ya que me reafirmo más en esta opinión. Antes de nada decirle a Dertycia que no me gustan nada las películas que recomienda. Es más, le aconsejo ver ‘Érase una vez en América’, sobre todo si quiere ver buen cine.
Vamos al lío. Intentaré ser breve con mi opinión sobre cómo está el periodismo deportivo en España. Lo haré porque tengo amigos ahí y me gustaría echarles un capote, más que nada por la desgracia que arrastran. Lo sé y lo he vivido en mis carnes, cuando me hice pasar un día por periodista. Os sitúo: zona de prensa de un campo de un equipo de Primera que juega en Europa. Tras el partido nos meten a todos apiñados, hacinados en una superficie de tres o cuatro metros cuadrados. Luego nos ponen un valla para separarnos de las estrellas o estrellados, según se mire. Estos otros tienen el triple de espacio (y son menos) para desfilar. Mientras, en mi zona, hay empujones, olor a sobaco, entes danzando con una cámara de 30 kilos… Ah, por supuesto, y abrazos fingidos de gente que pone cara de felicidad. Lo mejor es cuando se acerca el Boateng de turno, casi siempre una hora o dos más tarde. Ahí se incrementan los empujones y crece la tensión. Todo por la exclusiva, todo por sacarle algo. En su boca se concentran muchos micrófonos esperando la frase incendiaria: “El fútbol es así, hay que pensar partido a partido”. Ahí lo llevas, ahí tienes chicha para llenar páginas de periódicos. Gente con carrera y teóricamente cualificada comiendo el culo a gente diez años más pequeña y con menos cerebro que un pez. La vida al revés. Y sin con eso no te da para llenar mucha información, la otra opción es mandar a un periodista a entrevistar (a dos páginas) al hombre que cedió el asiento a Mourinho cuando expulsaron al portugués contra el Murcia.
Así están los periodistas deportivos, a los que pido perdón desde aquí si les he herido la sensibilidad.
¡Visca el Barça!

Soy un apasionado de Salvador Dalí, del surrealismo que representa con ese miedo al pasar del tiempo, esa fobia a los insectos, ese complejo de inferioridad, sexualidad ambigüa y deseos blandos con relojes y queso camembert. Cada vez que veo algún cuadro me nublo, se para el tiempo y me limpio. Me pasa cada vez que voy al Reina Sofía y veo El gran masturbador. Le pasa al Getafe cada vez que ve al Madrid. Mucho más ahora con Míchel, un tipo al que le encantaría estar allí, en Chamartín, bien peinado en la banda, pero por fuera. Hoy ha sido un buen día de trabajo, con el Barça líder, pero en el fondo soy objetivo y para nada me ilusiono con esa visita del Madrid al pueblo de Getafe, al Coliseum, bien custodiado con esa estatua de Ángel Torres, un tío que ejerce de presidente y es abonado del Real Madrid. Amigos culés, no sé si os gusta el arte, pero pensad que hoy, cuando empiece el partido, Parejo, Míchel, Adrián González (su hijo del alma), Codina, Miguel Torres, Soldado (desde la grada) y el tío Torres se quedarán extasiados ante la belleza griega de Cristiano y las pantorrillas de Ramos, dignas de un gladiador. Con esos puntos, al igual que los del próximo domingo, ya contaba el Madrid. Habrá que hacer algo cuando nos enfrentemos en el Bernabéu. No estaría mal otro partido de tenis.
¡Visca el Barça!
Tags: Adrián González, Ángel Torres, Barça, Barcelona, Bojan, Codina, Coliseum Alfonso Pérez, Cristiano Ronaldo, fútbol español, Getafe, Ibrahimovic, Liga, Messi, Míchel, Osasuna, Primera División, Real Madrid
Sin categoría | Editor 25 Marzo 2010 |
Comentarios (1)

Veo que el personal getafense se ha indignado con el comentario que hice sobre su afición. Me equivoqué, cierto, porque en realidad pienso que este equipo no tiene afición. Todos se suben al carro ahora; por no decir a la estatua patética de Ángel Torres que custodia el Coliseum; y dicen que son ‘azulones’ hasta la médula. Los únicos incondicionales de este equipo de barrio de Madrid son los cuatro de turno que iban a Las Margaritas. Ahora todos son del Madrid, Atlético o Barça. Todos van al campo cuando el equipo juega cuartos de final de UEFA y semifinales de Copa. El resto de los días se pasean por el parque de enfrente a la universidad comiendo pipas y paseando al perro. ¡Qué lástima de Cibelina! Todos la utilizan para venerarla en las fiestas, nada más. No pasa nada, ellos se contentan con su réplica de Coliseo Romano, su Cibeles pequeña, sus deshechos del Madrid y con dar nombre a un futbolista que nunca jugó con ellos: Alfonso Pérez. ¿Qué clase de equipo es éste? A ver cómo le explicas todo esto a un guiri que come paella en la Plaza Mayor de Madrid y se harta de sangría a las seis de la tarde. Imagínate si encima tiene los mofletes rojos.
¡Visca el Barça!

Gran fin de semana en todos los sentidos: gastronómico, cultural y deportivo. El viernes por la noche hice un pulpo a la gallega y me bebí una botellita de Ribeiro bien frío para acabar durmiendo doce horas. El sábado cogí el coche y me fui al Coliseum Alfonso Pérez para mojarme, pillar caravana, pero sobre todo para ver unas de las lecciones más clamorosas que se han visto esta temporada. El Getafe, un muñeco de plastilina, se pudo llevar diez si los delanteros culés hubiesen estado más finos y el señor Turienzo Álvarez fuera conocedor de la vergüenza y la dignidad. No pitó dos penaltis y anuló un gol legal a Messi provocando la ira de un Laporta que, por una vez, coincido con él. Menos mal que el Getafe se quedó en la Cibelina y ni siquiera compareció a la farsa de un partido que lo más justo hubiera sido un 0-8. A pesar de todo, me marché feliz del estadio apretando bien el puño derecho. Al Madrid apenas le hice caso, pero sí a la prensa deportiva del día siguiente. ABC reconoció la supremacía blaugrana, pero no el AS de nuestro colega Relañato, que volvió a destacar al Madrid. De todas formas, la palma se la llevó Marca que, en lugar del alabar la impresionante superioridad, tituló algo así como: ‘Notica: el Barça gana sin la ayuda del árbitro’. No me extraña el destacado, sobre todo teniendo en cuenta que ese periódico lo dirige un pintor: Doménikos Theotokópoulos ‘El Greco’ (su parecido con Inda es brutal). Compré el periódico y me duró diez minutos en las manos. Sólo el tiempo que tardé en ir a la churrería para envolver los churros/porras que compré. Al Greco se le engrasó la barba, al señor Roberto Gómez los carrillos y a José Vicente Hernáez la lengua, por lo larga que la tiene. Fue un placer. Ah, por cierto. Para comer probé unas sardinitas y por la tarde fui al teatro: La importancia de llamarse Ernesto. La obra, sensacional, es una mentira constante, algo así como la prensa deportiva que tanto tú como yo leemos.
¡Visca el Barça!
Tags: ABC, AS, Barça, Cibelina, Coliseum Alfonso Pérez, Eduardo Inda, fútbol, Getafe, José Vicente Hernáez, Laporta, Liga española, Marca, Messi, Primera División, Real Madrid, Roberto Gómez, Turienzo Álvarez
Sin categoría | Editor 20 Abril 2009 |
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