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Sucedió una noche

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Sólo dos cosas en la vida me producen nostalgia: el Barça y Roma. Por eso, siempre intento estar muy bien rodeado de reminiscencias que me recuerdan a ellas. Porque no, no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que la nostalgia te impide evolucionar y supone una mirada al pasado porque no estás contento con tu presente.
Anoche, cuando estaba viendo ‘Sucedió una noche’, quise y soñé con que la vida me depara algo mejor, que los mejores momentos míos aún están por venir. Que hay que ser feliz para volver a serlo, mejorarlo. Clark Gable era un periodista de poca monta, pero muy seguro de sí mismo. Eso le hizo grande. También la intuición que tuvo al dejar que le hablara la noche en un bus camino a New York. ¡Y vaya si le habló!
Mañana juega mi Barça y mucha gente me ha preguntado que si tengo preparada la cervecita fría en el frigorífico. Pues no. Mañana me levantaré, si acaso… Y ya no sé qué más haré durante el día hasta las 20.45. Probablemente no me separe del sofá; probablemente mis nervios no me dejen estar en casa, cerca de Wembley. No sé qué pasará contra el Manchester United. Dejaremos que vaya hablando la noche… En función a eso, igual me tomo una birra o igual apago el móvil y me voy a dormir. A soñar con esa noticia bomba que encontró ese periodista de pacotilla en un bus maloliente, con un brillo fulgurante que salía del asiento de atrás. Nadie que no haya visto esa película entenderá esto. ¡Mejor! Hay mucho iluso suelto por ahí…

¡Visca el Barça!

Lo que el viento se llevó

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El viento ideado por Víctor Fleming arrasó con Clark Gable y Vivien Leigh, pero también parece que está devastando el juego del Barça, al que ayer le detecté Alzheimer. Esta enfermedad neurodegenerativa, que consiste en la pérdida progresiva de la memoria, puede ser buena o mala, según se mire. Si tu pasado fue pésimo, te viene bien para olvidar los problemas y empezar una vida nueva, pero a los culés les ocurre lo contrario: han pasado de provocar gusto a sus aficionados a dar vergüenza ajena, pena, asco. El Barça ha pasado de comer cochifrito a bocata de panceta revenida, similar a los pinchos de Bilbao. Ha pasado de vivir en un palacete a pasar frío debajo del Puente de Vallecas. El equipo no dio ni tres pases seguidos, pero lo chicos lo intentaban como si fueran los pollos sin cabeza que se sirven en el Kentucky Fried Chiken. Messi, con el corte de pelo malísimo, es un tipo sin recursos que no recuerda que, alguna vez, fue futbolista. Nunca tuvo pierna derecha, pero es que su izquierda está llena de estiércol. Por su parte Xavi, destacado otrora por su velocidad mental para leer la jugada, está en condiciones de participar en una carrera de caracoles. Allí también estaría Márquez, con su rodilla en la mano sujetada por Heidi Michel. Este tipo tiene calidad, pero en defensa, con su contundencia y velocidad, hace bueno a Pablo y Perea. Por último está el gran Andrés, que un día marcó un gol al Chelsea. Ya no se acuerda, porque sigue convaleciente de sus molestias arrastradas en verano, pero aún así siempre le defenderá Joserra. Espero que ya haya pasado el sarampión porque, si no, le tenemos de baja tres años. Una pena que el viento dinamite a mi equipo y no se lleve a Maradona 100 metros lejos de los campos de fútbol.
¡Visca el Barça!

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