Robinho, las bombillas y las cuadras

Si hay algo que aún no me ha entrado en la cabeza de Pep Guardiola es que está ‘prendado’ de Robinho, el jugador más intermitente que he visto en mi vida. Florentino se lo trajo al Madrid a precio de estrella y el artista dijo en su presentación que haría muchas bicicletas. No mintió, ya que a Valdebebas fue algunos días en bici (no me creo que este tipo tenga carnet de conducir) y en los entrenamientos con el Madrid iba a su bola con el balón cuando se enfadaba. La media creo que fue ocho días a la semana y 35 al mes. Dijo que sería el mejor del mundo, primero en Chamartín y luego en el City.
En realidad ha sido el jugador menos desequilibrante, más anárquico y menos efectivo de los últimos años. Robinho es del corte de Denilson, poco comprometidos con el trabajo y fieles seguidores de la samba, de Carlinhos Brown y de su Maria Caipirinha. Robinho se cree estrella, pero su brillo se asemeja al de la bombilla de una cuadra. Casi siempre fundida, llena de moscas y telarañas. Robinho hace un regate de cada cien intentos y lo peor es que se cree que tiene derecho a intentarlo tantas veces como quiera. Lo que no sabe es que no entiende de esquemas, de juego, de compromiso… de fútbol. Precisamente por eso está en el City, un club artificial para un jugador de mentira. Un futbolista fantasma que está entre nosotros porque tiene que haber de todo en la vida. No os extrañe verle un día de estos jugar con gorra y cabeza agachada. Así daba las ruedas de prensa; Esperemos que no sean próximamente en Barcelona.
¡Visca el Barça!










