Posts tagged: Carbonero

El discurso del tontín

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Mourinho quiere que siempre hablen de él, incluso cuando el Madrid da tres pases seguidos y parece que juega a algo. Para ello, nada mejor que incitar a la violencia diciendo que a CR le pegan y a Messi no. El portugués se cree el rey, pero no es más que un tío miserable que se contradice mil veces en los medios de comunicación. El problema es que hay mucho corto por ahí suelto que ven estos comentarios como un todo estudiado, premeditado. ¡Pobres! Le ven como un rey y no es más que un tontín, que lo mismo dice que él siempre gana o que le da igual ser segundo. ¡Pobre! Le falta mucho que aprender de Guardiola, también el tesón (que no la prepotencia) de Jorge VI. Fui a verla al cine y me gustó, aunque hubiese eliminado dos cosas: el propio cine, con el pastizal y la comida basura que conlleva eso, y la presencia cerca nuestra de Casillas y Carbonero.
A Casillas, tras verle leer este verano el ‘maravilloso’ libro de Federico Moccia (“Tres metros sobre el suelo”), no me extraña que luego tuvieran que explicarle quién narices era Churchill y por qué los alemanes invadieron Polonia.
Por cierto, no me quiero cebar con el Atlético de Madrid, que bastante tiene con lo suyo. Se enamoran del enemigo, se dejan dar por culo y ahora no tienen fuerzas ya ni para echarles un cable ganando a los blaugrana.
¡Visca el Barça!

El Apartamento

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Debo de estar volviéndome loco. En el Mundial me gustó mucho más Alemania que España, en ciclismo me gusta mucho más Leipheimer que Contador, en tenis sigo insistiendo en que Nadal no debió ganar su primer Roland Garros porque fue peor que Mariano Puerta. Tengo más, Lorenzo nunca será Rossi, Alguersuari es peor que yo y Alonso no anda muy lejos. En atletismo me quedé en los tiempos de Cacho (no me gusta Casado), porque después de él vino el desierto. No sé quién es Khedira, ni Pedro León ni su hermano, el ciclista. Sí conozco al mejor medio centro defensivo del mundo: Busquets. También sé cuál es el amor del verano: Carbonero-Casillas, Carbonillas. Y la mejor película del mundo: el Apartamento de Billy Wilder. No verla y soportar a estos dos sería demasiado aburrido. Mucho más que este verano donde llevo unos días sin escribir porque no me venía la inspiración. Me ha venido cuando he visto que Extremadura; mi tierra; está de moda gracias a su pantano de Orellana, que sale y todo en Comando Actualidad. También me ha venido cuando veo que Fran Vázquez, para mí mejor que Gasol, por fin va a la Selección. Insisto, debo estar volviéndome loco. Ahora no paro de leer sobre el neoplasticismo de Piet Mondrian y sobre el arte barroco de Roma, esa ciudad-escenario donde invito a que la gente vaya, se siente y se limite a ver el arte, sin palomitas porque no es el cine. Por favor, iros ahora para huir de los periodistas deportivos que no paran de hablar de la edad de oro del deporte español. ¡Infumable! Iros allí, coged fuerzas, olvidar a Mourinho y volver para ver el Barça, que se llevará la Supercopa a mediados de agosto. No sé qué haría yo en esta vida sin mi equipo y sin el cine. No lo sé, la verdad. Como tampoco sé qué pinto yo viviendo en una ciudad (Madrid) llena de bullicio mudo, de ruido inconexo, de mundanal vacío, de vida incomunicada. No tengo amigos, pero no los quiero.
¡Visca el Barça!

El Beso

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El mundo debe estar cambiando. En mi curro ahora se buscan fotos de tabletas de chocolate para compararlas con las de Forlán o Cristiano Ronaldo, Telecinco (Jota incluido) pega un pelotazo con el Mundial, un pulpo moviliza el mundo y Holanda traiciona a sus ancestros practicando un juego macarra, más típico de El Bronx que del Barrio Rojo de Ámsterdam. Todo debe estar cambiando, sí. Ahora me he cansado de leer libros sobre Italia y ver cuadros de Dalí en beneficio de lecturas filosóficas (El Príncipe, de Maquiavelo) y pinturas que sirven para forrar las carpetas de chicas: El Beso, de Gustav Klimt. Ví esta obra original en el Museo de Arte Moderno de Roma y luego me entraron ganas de vomitar. Ahora, sin embargo, me gusta. Todo vale para no ver las celebraciones de la Selección, los goles de la ‘Roja’, el gol de Iniesta, el beso entre Casillas y Carbonero. España entera sonrió con este roce de labios, algo que dice mucho de cómo va el país. Iker por momentos se creyó Leo Di Caprio en el ‘Titanic’, debajo de la luna lunera. O quizá no. Quizá pensó que era Clark Gable en ‘Lo que el viento se llevó’ o Burt Lancaster en ‘De aquí a la eternidad’. No le trago a este españolito que va de humilde, sencillo y campechano. Lo mejor que ha podido hacer es dejar a Valdés en el banquillo para que el verdadero mejor portero del mundo (VV) dure para siempre. Como los besos de cine.
¡Visca el Barça!

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