Sucedió una noche
Sólo dos cosas en la vida me producen nostalgia: el Barça y Roma. Por eso, siempre intento estar muy bien rodeado de reminiscencias que me recuerdan a ellas. Porque no, no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que la nostalgia te impide evolucionar y supone una mirada al pasado porque no estás contento con tu presente.
Anoche, cuando estaba viendo ‘Sucedió una noche’, quise y soñé con que la vida me depara algo mejor, que los mejores momentos míos aún están por venir. Que hay que ser feliz para volver a serlo, mejorarlo. Clark Gable era un periodista de poca monta, pero muy seguro de sí mismo. Eso le hizo grande. También la intuición que tuvo al dejar que le hablara la noche en un bus camino a New York. ¡Y vaya si le habló!
Mañana juega mi Barça y mucha gente me ha preguntado que si tengo preparada la cervecita fría en el frigorífico. Pues no. Mañana me levantaré, si acaso… Y ya no sé qué más haré durante el día hasta las 20.45. Probablemente no me separe del sofá; probablemente mis nervios no me dejen estar en casa, cerca de Wembley. No sé qué pasará contra el Manchester United. Dejaremos que vaya hablando la noche… En función a eso, igual me tomo una birra o igual apago el móvil y me voy a dormir. A soñar con esa noticia bomba que encontró ese periodista de pacotilla en un bus maloliente, con un brillo fulgurante que salía del asiento de atrás. Nadie que no haya visto esa película entenderá esto. ¡Mejor! Hay mucho iluso suelto por ahí…
¡Visca el Barça!



















