El Beso

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El mundo debe estar cambiando. En mi curro ahora se buscan fotos de tabletas de chocolate para compararlas con las de Forlán o Cristiano Ronaldo, Telecinco (Jota incluido) pega un pelotazo con el Mundial, un pulpo moviliza el mundo y Holanda traiciona a sus ancestros practicando un juego macarra, más típico de El Bronx que del Barrio Rojo de Ámsterdam. Todo debe estar cambiando, sí. Ahora me he cansado de leer libros sobre Italia y ver cuadros de Dalí en beneficio de lecturas filosóficas (El Príncipe, de Maquiavelo) y pinturas que sirven para forrar las carpetas de chicas: El Beso, de Gustav Klimt. Ví esta obra original en el Museo de Arte Moderno de Roma y luego me entraron ganas de vomitar. Ahora, sin embargo, me gusta. Todo vale para no ver las celebraciones de la Selección, los goles de la ‘Roja’, el gol de Iniesta, el beso entre Casillas y Carbonero. España entera sonrió con este roce de labios, algo que dice mucho de cómo va el país. Iker por momentos se creyó Leo Di Caprio en el ‘Titanic’, debajo de la luna lunera. O quizá no. Quizá pensó que era Clark Gable en ‘Lo que el viento se llevó’ o Burt Lancaster en ‘De aquí a la eternidad’. No le trago a este españolito que va de humilde, sencillo y campechano. Lo mejor que ha podido hacer es dejar a Valdés en el banquillo para que el verdadero mejor portero del mundo (VV) dure para siempre. Como los besos de cine.
¡Visca el Barça!

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