Chygrynskiy 21

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Antes de dar mi visión sobre la gestión que ha hecho el Barça con Chygrynskiy tengo que contar algunas cosas. La primera es que por fin he conseguido ponerme nervioso en este Mundial. Fue cuando Maxi Pereira anotó el 3-2 para Uruguay y aún quedaba un minuto para un hipotético empate. Ese minuto se me pasó en un segundo, lo que me suele pasar cuando quiero que suceda algo y hay un tiempo limitado para lograrlo. Dejé de cenar, dejé la cerveza, el lacón con pimentón de la Vera (lo compré junto a Yuste), el pan, todo. No podía seguir porque lo impedía mi nudo en el estómago. Hasta ahora no me había salido (sin contar el Barça) y eso me preocupa. Con España, lejos de pasarme, me he limitado a bostezar. Eso sí, tengo que reconocer que me daba morbo un posible empate de Paraguay en los instantes finales. No fue así, y me jodí. He visto todos los partidos de España, pero por obligación. En realidad se me ocurren mejores planes, como leer a Pablo Tusset, Kapuscinski, Vargas Llosa, Cortázar, Carl Sagan, John Kennedy Toole o el ‘Ulises’ de James Joyce. De cine decir que el Barça es el único equipo que me motiva más que ver ‘El Apartamento’ de Billy Wilder. Por cierto ¿Por qué ya no hacen este tipo de películas?
Para no aburriros más, que bastante lo hace ya España, me centraré en mi equipo, que ha vendido a Chygrynskiy por diez millones de euros menos de lo que costó. Para mí ha hecho una buena operación, porque no me esperaba yo que nadie diera esa cantidad por un tío atrasado a su tiempo, algo que le hace grande. Un tío que iba por Barcelona en moto, no le patrocinaba ninguna marca (sus botas Nike las tuve yo hace diez años), no se afeitaba demasiado, se parecía a Jesucristo y tenía la virtud de parecer maduro a pesar de contar con 23 años. Me gusta ‘Chygro’ pero, sinceramente, no concibo una operación mejor en un club de primer nivel. Además, había que saldar cuentas con la Generalitat.
¡Visca el Barça!

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