
Hay muchas formas de encauzar el maravilloso tema de los caracoles. Tengo un amigo muy pesado que está flipado con unos que hay en la Calle Toledo, junto a la glorieta. Una vez fui con él y me gustaron, aunque no tanto como los que me como en Navidades en un bar de mi pueblo, precisamente especializado en dar sentido, sabor y buen olor a esos pequeños babosillos.
Alejándonos un poco del tema gastronómico, no vaya a ser que a alguno le entre hambre o asco, están los míticos documentales sobre caracoles que ofrece TVE, en directo desde Insbruck (donde se inventaron las máquinas de coser). El último tuvo lugar el 3 de junio de 2010 en la Primera. Fue a las seis de la tarde y aparecían los moluscos vestidos de rojo, para que se vieran bien. Sí, era la Selección española, esa que nos venden diariamente como campeona del Mundial de Sudáfrica. Su fútbol no es que aburra, es que me parece absurdo, aberrante, anodino, pobre. Sólo cuando sale Xavi vienen las ideas, como le pasaba a Dalí en sus últimos años de delirio, en los que sólo le venía la inspiración cuando su mujer se acostaba con chavales mucho más jóvenes que ella. Una pena que la campeona de Europa dependa tanto del ‘cerebro’ del mundo, al que habría que conservarlo en formol de por vida. Sí, como a Dalí y Gala.
¡Visca el Barça!
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Mientras que el Barça sigue construyendo su camino, sin salir de él, el Madrid pega volantazos sin sentido en un carro con motor, lo que viene siendo un motocarro. El Barça tiene una idea, unos colores, una Masia, una filosofía que cree ciegamente en ella. Primero ella y, si no es posible, prefiere la inexistencia. Jamás la renuncia.
El Madrid es ocre, tenue, confuso, envenenado, dubitativo, artificial. Funciona por bandazos, como los conductores borrachos. Pasa de un día para otro de los planes con dulces y coca-cola a los salados con birra. Todo por ganar, todo por nada. El último giro de timón en el camino es apostar por un entrenador con personalidad, probablemente el que más carácter tiene de la era Florentino, un presidente que prefería técnicos-marionetas: Macarios, Monchitos, Doña Rogelias o Rockefeller. Sumisos con rodilleras, siervos sin taparrabos dejando el ojal descubierto. Tras hartarse de galacticidio en sus jugadores, ahora delega esta corriente en el mister. Si eso fracasa lo siguiente es el desierto, la nada, la pared con la que choca Jim Carrey en el show de Truman, la vida de Halle Berry en Monster Ball (El baile de los monstruos), el paseo por el parque del abuelo que ya lo hizo todo en la vida y sólo le seduce mirar a los petanquistas, parientes y petardistas. Guardiola es el que manda, por eso triunfa. Mourinho y Pérez, cuando se miren para decirse cosas, el resultado de ambos será la cara que pone un limón cuando se reta con otro. Amargura pura y dura. Sabor inaguantable. Convivencia falsa. Cara, pero falsa. Siempre quedará la venta de camisetas.
¡Visca el Barça!
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Sin categoría | Editor 1 Junio 2010 |
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