Cesc y el huevo frito

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Después de mojarme el culo este sábado en la piscina espero aportar ideas renovadas y no estar tan anclado al pasado, incrédulo a todo, protector de todo lo relacionado con el azul y grana. Lo voy a intentar, porque también vuelvo tras un finde donde he quedado saciado de comer y dormir.
Lo primero que leo esta mañana es que el Arsenal pide 70 millones de euros por Cesc Fábregas, justo el doble de lo que ofrece el Barcelona. El club ‘gunner’ defiende como oro en paño a su capitán –hace bien-, pero estos ingleses no saben que lo que para ellos significa una piedra preciosa para nosotros no es más que bisutería, algo para salir del paso a diario, una colonia de siete euros del Mercadona, unos pantacas desgastados, el huevo frito del menú diario de un polígono pésimo. ¡Como si hubiera polígonos bonitos!
Pues eso, eso es Fábregas para el Barça. Un parche, un remiendo, la bicicleta del garaje a la que se recurre cuando se jode el coche, el cinturón más viejo del fondo de armario, el desodorante del chino, barato y sin olor. Por eso me sorprende que se quiera pagar por este tipo semejante cifra. Allí será muy bueno, la mejor gala del fin de semana. Pero amigo, en Barcelona viene para ser suplente de suplente. Aquí ya tenemos mariscadas de sobra, los mejores perfumes y muchos ‘Bullis’ para comer. Aquí nos gusta la deconstrucción en la cocina. ¡Somos así de chulos! Los huevos fritos con chorizo y patatas están buenos, pero no como para pagar fortunas por ellos. Sería un insulto para un equipo que ha ganado siete títulos en dos temporadas.
¡Visca el Barça!

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