El aspecto de Raiola

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Cuando ves a Mino Raiola, representante de Zlatan Ibrahimovic, te da la impresión que doblaría muy bien a Danny DeVito en cada una de sus pelis. Primero por su físico –bajo y regordete-, pero también por sus gustos: el asado, el vino, las mentiras, las argucias y las frases incendiaras de cobarde. Le gusta ser protagonista y hace caso omiso a que vive gracias a Ibra. Entiendo que le defienda a capa y espada, pero no que diga lo que dice sobre Guardiola, sobre todo teniendo en cuenta el rendimiento del sueco.
A ese personaje le dejaba yo un día con uno de mi pueblo que un domingo por la mañana se acercó a un tumulto de gente que rodeaban a una mujer mayor que se había suicidado desde un balcón. El tío, bastante jarto, fue escabulléndose entre la gente hasta que llegó junto a un policía: “Jefe, yo he visto una mano”, le dijo mientras escenificaba el gesto de que alguien intentó empujarla. Si les junto seguro que se le quitan las ganas de meter cizaña y alabar la belleza del juego de Ibra. Una belleza volátil, precisamente porque es inexistente. Ahora encima pedirá mucho por su salida. Menudo timo al que nos vendieron como “fuerte contra los débiles y débil contra los fuertes”. Le veo fuerte, sí, cuadrado, pero si le comparamos con Toché y Brad Pitt De Lucas, atacantes del Cartagena. Curiosa historia la de los representantes.
¡Visca el Barça!

La austeridad

AUSTERIDAD

Hoy ha sido un día donde he sacado varias conclusiones: Guti definitivamente tiene un sonajero en la cabeza, Florentino Pérez está desesperado por desviar la atención sobre los éxitos del Barça, Valdano pinta ya menos que Miguel Ángel (siempre le quedará el Marca), Pardeza está para proyectar vídeos de la ‘Quinta’ en las hemerotecas de Madrid, Yorgos Papandreu es un listo (me quedo corto), los curas de Cajasur están más acabados que la Falange y el diario El País es lamentable. Llevan meses hablando de austeridad y animan al lector a chatear con uno de sus periodistas estrella (Enric González) para que éste haga apología, día sí día también, de que es un vago y se levanta 7.000 euros al mes. Me gusta Enric González, pero más por su pasado que por su presente. Ahora carece de vergüenza y posee arrogancia. Estuvo de corresponsal en Roma y ahí se hizo del Inter de Milán. De su infancia conserva su afición por el Espanyol, con la consecuente desgracia que conlleva eso. Una desgracia que incide en su prepotencia como arma de defensa. Es lo que sucede cuando su equipo es sumiso del Barça. Existe porque tiene que haber de todo, pero está siempre marginado, en la cazuela, con todos los ‘pericos’. Insisto, aún así me gusta Enric, pero más cuando en Italia mandaba artículos todos los días que, sin quererlo, se convirtieron en su penúltimo libro: Historias del Calcio. Ahora ha escrito las de Roma, pero mucho más corto, casi minúsculo. No será porque le quita tiempo el Espanyol en las competiciones europeas.
¡Visca el Barça!

No es país para Mous

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Ahora todos le veneran y dicen que es el mejor, cuando en su vida sólo se ha dedicado a faltar el respeto a la gente, subestimar a los rivales, hacer ejercicio de opulencia y prepotencia. Que a nadie se le olvide que Mourinho negociaba con el Madrid mientras preparaba el partido contra el Bayern. Saldrán los que digan que aún así le dio para ganar la Champions, pues sí. Lo cierto es que en España no hay sitio para los técnicos que se creen protagonistas, que se vayan generando enemigos allí por donde vayan. Por eso el Madrid echó a Schuster, no entiendo ahora el empecinamiento hacia el portugués. Este hombre piensa los titulares, es un Lillo pero en versión 2.0. Además, no ha mostrado demasiado respeto por Pellegrini, actual entrenador, y no sabe que el Bernabéu no estará muy orgulloso que ponga a Cristiano como lateral derecho, como hace con Eto’o. Sé las razones por las que quiere venir a España. No son económicas, tampoco porque el Madrid le haga especial ilusión, sino porque le motiva jugar contra el Barça. Le pone, así como a Bardem le ponía matar sin preguntar mientras se atusaba el flequillo de Crispín Clander. Ahora saldrán los ‘capitanes’ (gayumbos y calzoncillos) que me leen para decirme que estoy obsesionado con el Madrid. Si esto es obsesión, qué es decir “Será un enorme desafío disputar la Liga al Barça” en plenas celebraciones por la Champions. Al único que ha engañado es a Florentino, que se la ata con candado cuando se las gasta con Pellegrini o Del Bosque, pero que la lleva suelta, con taparrabos o incluso sin calzoncillos cuando tiene que tratar con estrellas. Tiene una facilidad innata para pasar de Terminator a Tarzán, el rey de lo monos. Que cada cuál interprete quiénes son los chimpancés. Rienda suelta a la imaginación.
¡Visca el Barça!

Krusty se equivoca

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Nada más acabar de comer, con la barriga bastante llena del pescado en salsa que me he comido hoy, me han entrado ganas de pegarle un cabezazo de sueño al ordenador. Un cabezazo de esos que se le daban bien a Zamorano o Bierhoff, remataladrillos de profesión. Estaba a gusto enredando por la red, con un ojo ya cerrado, disfrutando de mi momento, ese que siempre sufro cuando me levanto a las siete de la mañana. Todo se ha ido al garete cuando Krusty Del Bosque ha dado la lista para el Mundial de Sudáfrica, un coñazo de torneo cuyo único aliciente es ver la pareja J.J Zancos y Paco González. Es lo único que me importa, es más hay cosas que me fastidian como la presencia allí de Pedro y Víctor Valdés. No tenían bastante los pro selección con Piqué, Xavi, Puyol, Iniesta, Villa y compañía, que ahora me quitan del Barça al jugador revelación y al mejor portero del mundo. El técnico salmantino se equivoca porque tienen mucha carga de partidos y lo que más necesita el Barça para el año que viene es que descansen y no que pasen frío en Johannesburgo. Además, nunca confió en ellos desde el principio. Han tenido que demostrar día a día que son válidos. Una pena, pero espero que no jueguen mucho. Ahí va mi equipo de España para el Mundial, donde espero no ver ni un solo partido: Reina, Marchena, Albiol, Sergio Ramos, Capdevila, Javi Martínez, Silva, Mata, Cesc, Fernando Torres y Fernando Llorente. Con esos tendremos opciones, también con J cagándola día sí día también.
¡Visca el Barça!

El arroz se pasa

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No hay bien que cien años dure. Así comienzo el post, con un topicazo español. En la vida hay gente que hace las cosas a destiempo, para ocultar el devenir de los años, el fracaso, el miedo a las arrugas. Le pasó a Dalí, al que se le fue la ‘perola’ pintando relojes derretidos (tenía miedo a la muerte). Luego están los vejestorios que se plantan quince kilos de tetas para aparentar juveniles. No podemos olvidar a fracasadas, como Belén Esteban, que se apuntan a Mira Quien Baila (un programa inventado con la excusa de sacar a Pilar Rubio por televisión) para hacer apología de sus carencias, aunque sea reviviendo a Dirty Dancing.
En el fútbol, hay un tío que está comenzando a ver negro el arroz por eso ha decidido fichar por el Barça. Se llama David Villa que, con casi treinta tacos, apenas cuenta con un par de Copas del Rey. Dicen que es uno de los mejores del mundo en su posición y lo cierto es que no para de meter goles, pero los torneos que ha levantado a nivel de clubes son los que han estado apunto de hacer, en los últimos años, el Osasuna y el Recreativo de Huelva. Ahora, viendo que el Valencia gana lo mismo que el Daganzo, Athletic de Bilbao, Orcasitas o el Madrid de Florentino, el tío acude al sol que más calienta para enderezar una vitrina más vacía que la cabeza de Valdano, ’skater’ de profesión. Lo digo por las rodilleras y coderas que siempre lleva puestas para cuando agacha el lomo y, junto al presi, mira para Cuenca.
¡Visca el Barça!

Los iluminados

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No sé si los culés compartirán esta sensación conmigo, pero mi sufrimiento ha sido tal en toda la temporada que incluso ha superado a la alegría. Cuando acabó el partido me fui a mi casa feliz, tranquilo, con dolor de cabeza y con una sensación de sosiego que no va acorde cuando se festeja una Liga. Me senté en el sofá de mi casa, encendí la tele, me puse la radio y desprendí una sonrisa que duró dos horas, hasta que me fui a la cama. Apenas hablé con mi padre por teléfono y no respondí ningún mensaje de felicitación (que fueron pocos). Por una vez, necesitaba un relax verdadero, una tranquilidad que yo mismo me había vetado cada fin de semana. Había convertido cada partido del Barça en una agonía, en dos horas de nervios excesivos. Por eso la alegría era imposible que se igualara a la tensión. Dicen que me lo debo tomar de otra forma, sobre todo para no convertir los partidos de mi equipo en algo nocivo para mi salud, pero no puedo. Quiero demasiado a estos iluminados como para ser inmune a sus derrotas. No son unos cualquiera, sino que forman parte de esa historia que escribieron de forma derecha los Einstein, Darwin, Miguel Ángel, Charles Bukowski, Rosselini, Ghandi, Mandela, Rafael o Hepburn, entre otr@s. Siempre les acompañó la varita mágica, también para ganarse algo más que adeptos en sus vidas. Todos han sido campeones de algo.
¡Visca el Barça!

Las Vistillas y mis amigos

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Si el lacerante cambio climático lo permite, este viernes haré un buen botellón con los colegas de mi pueblo en Las Vistillas. No daré nombres, pero desde aquí les mando un gran abrazo. Me gusta rodearme de ellos porque es como si nos hubiéramos visto el día anterior, como si el tiempo no pasara. Saldrá el tema fútbol porque, en el fondo, todos lo necesitamos. Somos, los tíos, demasiado previsibles en ocasiones para sacar el tema de las elecciones en el Reino Unido, capitalizadas por esa alianza Cameron-Clegg, o el de los recortes sociales de Zapatero. Saldrá el tema del cumpleaños en la sierra,  del despido de Paco González o el Atlético, un equipo que se supera cada día. Le cuesta, pero se supera.
Sin contar al Madrid (por el que en el fondo siente devoción), ha decidido en los últimos años contentarse con meter mano al Barça en el Calderón. Bendita alegría cuando ese niño soñador abraza al padre y dice “y ahora a por los blancos, papi”. Criatura, me da más pena que los periodistas que hoy llenan la prensa de topicazos sobre el sentimiento atlético: ‘Por esto somos del Atleti’. Ha sido tanta la rabia y la ilusión contenida que ahora parece que la tierra gira en torno al Atlético. Piensas, luego Atlético.
Quique dice que le recorre algo por dentro con este equipo. Algo parecido le pasa a otro amiguete que vende la moto con el Barça. Por cierto, un Barça que se juega la liga este domingo contra el autobús de Clemente. No querría imaginarme que otra fuente de Madrid se llenara. Bastante matraca me estoy llevando ya con los hinchas de un club tan pequeño que, cuando ganan, piden la vez en nuestro mundo. Bienvenidos, aunque sea tras ganar un título de Serie B.
¡Visca el Barça!

Benzemá

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El otro día me fui a un bar de mi barrio con dos teles para ver el Sevilla-Barça y el Real Madrid-Athletic. Sólo miré una vez la panorámica del Bernabéu y me sirvió para ver en la banda una panceta andante. No sé si era Benzemá o el que se ha comido a Benzemá. Lástima que ya me había pedido mi tapa con la birra, porque ahí había cuarto y mitad para todo el bar. El galo dice que no ha sido una temporada decepcionante, se refería para las tabernas de Madrid donde se ve que ha frecuentado para satisfacer la tripa con callos o chistorra.

¡Visca el Barça!

Apelar a los corazones

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En ocasiones voy a contracorriente con todo. Hace cuatro o cinco años, cuando en mi pueblo estaba el pleno apogeo de los piercing, me puse un simple pendiente de plata en la oreja izquierda, algo que ya sonaba a posguerra. Cuando acabé mis estudios en Roma regresaron todos los erasmus, pero yo decidí quedarme para currar de socorrista+limpiador de baños. Ahora con casi treinta tacos tengo que decir que no sé jugar a la videoconsola (la primera y única que tuve fue una Atari) ni al póquer, el juego de moda, mucho menos al Mus o ajedrez. Es más, no quiero aprender. También me da por ver películas y luego leerme el libro, al contrario de lo que dicta dios. El que me estoy leyendo ahora es El Factor Humano, basado en Invictus, que la ví hace ya tres o cuatro meses. Sólo merece la pena leérselo por un consejo que da Nelson Mandela a su amigo para ayudarle a conquistar al enemigo, el gobierno blanco. “No hay que apelar a la razón, sino a sus corazones”. Evidentemente, consiguió camelar a gente que quiso matarle años atrás cuando estaba en prisión. No debe ser fácil apelar a los corazones, creo incluso que yo no sabría. Conmigo, aunque sea crítico con él, sí que lo hizo el Barça hace años. Me convenció con una idea de fútbol, tan bonita como arriesgada. Una idea que siempre me hace ser pesimista, una medida que tengo de defensa. Me gusta tanto que soy demasiado visceral en las alegrías y tristezas. Me desquicia cuando no renuncia a su estilo (aunque vean que no funciona), pero todo se olvida cuando veo que en ocasiones su fútbol puede ser arte. Hacía tiempo que no me gustaba tanto una cita, tampoco un tipo de juego. Sólo me pongo así de meloso cuando me tocan tanto la fibra.
¡Visca el Barça!

Ibra y los melones

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El otro día, mientras leía sobre el atentado en Manhattan, el Estatut, el ruso al que el mapache le ha arrancado el miembro para que no le penetrara, el plan de austeridad de Grecia, las tonterías de Zerolo, el reencuentro entre Cobo y Esperanza en un día especial para Madrid o el tercer tiempo que le mete el Madrid a cada partido, me gustó especialmente un artículo que me explicó la gran razón del pésimo momento de Ibrahimovic. El sueco era una súper estrella en la Juventus o el Inter de Milán, donde le tiraban melones y él los convertía en balones, rosas, claveles. Ahora, que le tiran balones, no sabe qué hacer con ellos. No los reconoce, intuye objetos redondos pero le asustan porque nunca los ha tocado, mucho menos dominado. Ibra estorba más al ataque del Barça que el Muro de Berlín al desarrollo de la democracia. No regatea ni a los postes de electricidad y camina como un pato, siempre dando la sensación de estar cayéndose. Propongo dos cosas: que se pire a su país con su cintillo o que el Barça incluya melones con almíbar en los entrenamientos para que este tío se encuentre en su hábitat natural. Dice que sigue sin integrarse… al Parque Güell le mandaba yo a limpiar los bancos que diseñó Gaudí. Ahí, con tanto afluir de gente, sí que habría integración con el ’soci’.
¡Visca el Barça!

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