Ibra y los patos del Retiro

pato

Lo de Ibrahimovic, sinceramente, comienza a ser preocupante. Ya no es que marque pocos goles, sino que apenas le veo correr ya, echarle narices al asunto, bajar a recibir, tirar una pared decentemente y derrochar ilusión. Ibra camina por el campo como un pato mareado (similares a los del Retiro), sin rumbo, sin estilo, sin capacidad para abandonar lo previsible. Este tío, no lo olvidemos los culés, ha costado una burrada: 70 u 80 millones de euros y, sinceramente, no le veo marcando ese gol decisivo en un encuentro de Champions ni de Liga. El domingo hizo bueno a Perea y Domínguez, que hasta hace nada le pedía autógrafos a Ujfalusi. El sueco practica un juego desganado, triste, flojo, más convencional que el ir a misa los domingos a las doce (los que vayan) o comerse un bocata de calamares en el Brillante de Atocha antes de llegar a casa de fiesta. Yo eso lo he hecho varias veces y me gusta, pero es que yo, como dije hace tiempo, enderezo alambres para convertirlos en revistas y lo hago bajo una economía de guerra. Semejante personaje viene a sustituir a Eto’o y sus registros no superan, de momento, ni a los de Julio Salinas, Romerito o Escaich. Venía con fama de polémico, con temperamento fuerte… pero ese lo habrá sacado en los anteriores equipos porque en el Barça ha demostrado que lo que riega su organismo es horchata Chufi con desidia, pura desidia. La mezcla perfecta para el fracaso.

¡Visca el Barça!



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