Don Pimpón se hace entrenador

Mil disculpas por mi desidia para escribir en los últimos días, pero he tenido mucho curro a diario y bastante resaca el fin de semana. Será la edad, porque ya salgo un día y arrastro el cansancio de tres. Hoy tengo todo el tiempo del mundo y he decidido sacar mis propias conclusiones del España-Argentina del pasado sábado. De ‘La Roja’, me disgustaron desde la camiseta hasta el himno patético compuesto por acabados: José Manuel Soto, ‘Siempre así’ y el tal Cadaval ese, creo que es el Moranco feo. Del juego me gustó Iniesta, que se va pareciendo al de antes y me defraudó, una vez más, Fábregas, que será el hermano malo del que juega en el Arsenal.
De Argentina… qué decir de Argentina. Para empezar que su entrenador, Don Pimpón, triunfó en Nápoles, esa ciudad con gomorra, política y basura, ese enclave donde las bandas se dedican al latrocinio cutre que lucha por ser sofisticado. Allí aprendió Maradona y esos conocimientos los comparte en el campo a los Messi, Gago, Heinze, Maxi Rodríguez o Ansaldi. De Messi ha conseguido que su juego provoque somnolencia al personal, de Gago que supla sus carencias y ceguera dando patadas, como si aún pasara hambre en los potreros y necesitara repartir estopa para manducar asado. Lo de Heinze ya directamente habría que tratarlo en criminología, dejando lo de Maxi para Iker Jiménez (parece un fantasma sobre el campo) y lo de Ansaldi para Jaume Roures. La historia de este tío tiene miga. Lleva dos o tres años jugando en el Rubin Kazán y, a sus 23 primaveras, nunca fue internacional… hasta que los rusos se enfrentaron al Barça en Champions. Esos partidos los puso Gol Televisión, propiedad de Roures, y se vieron en muchos sitios. Yo le conocí en ese doble enfrentamiento y apuesto que a Don Pimpón le pasó lo mismo, pero él quiso ir más allá convocándole y poniéndole titular en plan cazatalentos. Pensar que este tío vistió la camiseta blaugrana…
¡Visca el Barça!











