La Terremoto de Alcorcón

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Llevo varios días celebrando el cumpleaños de la persona con la que convivo. El viernes me invitó a una mariscada aderezada con chuletas de cordero, ayer pasamos el día en Cuenca y hoy, mientras escuchamos a La Terremoto de Alcorcón me hará un par de pizzas: una de anchoas y la otra de cuatro quesos. Hoy es su cumple real y lo festejaremos con el asalto alcorconero en el templo de Florentino.

Los que me conocen saben que odio al Madrid, pero es que el Alcorcón tampoco me hace especialmente tilín, sobre todo porque los tíos están flipados con ganar al Madrid y obvian que su gran objetivo es subir a Segunda División. El pasado finde ni siquiera pudieron ganar al Cacereño (1-1). Yo he jugado en ese estadio y doy fe que los futbolistas del conjunto extremeño, cuando no tienen partido, limpian las calles del casco histórico de Cáceres. Además, aceptan el ladrillo como elemento redondo sustituible al balón de fútbol.

De todas formas, doy dinero por ver el careto de Valdano y Florentino cuando vean que el triplete ya no es posible. Por cierto, a estos dos iluminados, si pierden, igual les da un arrebato y despiden a Pellegrini sustituyéndolo por el utillero del Manchester United. ¿Algo parecido era Queiroz allí, no? En cuanto al Atlético de Madrid, quiero decir que no hay que reprocharle nada, así como tampoco se deben exigir que los olmos den docenas de peras. Sobre el Barça, decir que cada día me gusta más Chygrinskiy, sobre todo cuando está 10 kilómetros lejos del Camp Nou, acostado y arropado con las sábanas de franela que ya van apeteciendo.

¡Visca el Barça!

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