Titi existe

Más allá del juego gris y previsible del Barça, de la sombra que acompaña a Messi, de blandura de Iniesta o las intermitencias de Ibrahimovic, que sólo juega bien en el Camp Nou y cuando el Barça golea, más allá de todo eso me centraré en Henry y su progresivo crecimiento de pelo. Fuera bromas, que no tengo ni pizca de ganas, ayer vi en él a un futbolista acabado y lamentable, que ya no vale ni para anuncios de Gillette. Guardiola dijo que debía de “callar bocas” y le dio diez minutos de partido para comenzar a hacerlo. Pues bien, tal fue el ridículo hecho en las dos oportunidades desperdiciadas que apuesto a que hizo hablar, por la impotencia, hasta a los mudos seguidores del Barça. El que viera ese partido me entenderá y comprenderá mi indignación con el francés, que en la primera que tuvo le tocó el balón en la rodilla (no esperaba el fallo) y llegó mansamente al portero. La segunda, ya con el tiempo cumplido, la pegó con la confianza de un tío cuya vida no tiene sentido y se arrastra por el metro cantando canciones de Estopa o Camela. El tiro salió más desviado que aquellos míticos lanzamientos de Zenden, al que el Barça le fichó como extremo maravilloso y Van Gaal le tuvo que enseñar a centrar.
Lo peor no fueron los fallos de Titi, sino la cara que puso después. Si en ese momento hubiera tenido un tomate se lo hubiera tirado contra la cara liando la Tomatina. Falló, se dio media vuelta, se levantó y, tranquilamente, volvió a su campo. Sin vergüenza alguna. Este tío es de los que más cobran del Barça, pero Guardiola aún le defiende. Su cara era como el que hacía algo cotidiano: me levanto, me lavo la cara, me afeito y me voy a currar. Sin prisa. No sé si este tío existe o hemos fichado al de CSI, la verdad.
¡Visca el Barça!











