Buitre carroñero

Que conste que mi idea era poner el careto de Jose Mourinho, pero el amigo google no me deja. Es más, me obliga a poner a nuestro colega Acebes, que no voy ahora a descubrir quién es, qué curriculum tiene y qué es capaz de hacer con un micrófono dirigiéndose a un país. No voy a hablar de política, porque no me gusta, no entiendo ni quiero entenderla, si es que se puede. Voy a hablar de fútbol, donde al menos me defiendo. No tanto como Mourinho, que cobra once millones de euros por temporada por convertir a buenos futbolistas en ‘picapedreros’, mozos de carga, personal de almacén con camisas de tirantes horteras que se comen el bocata de mejillones a las doce. Es lo que está haciendo con el Inter, un equipo carroñero, feo, mate, dañino, penoso. Un grupo de jugadores que se limitan a despejar balones y a lamentarse de que no sean piedras lo que despejan. No olvidemos que son futbolistas que viven en las cavernas del fútbol, donde desarrollan su arte rupestre. Se mueven por instinto, como los animales, y sólo tienen entre ceja y ceja enviar el balón lo más lejano posible de su portero. Para desempeñar esta labor tan complicada, pura aritmética, han contratado a un entrenador portugués maleducado que les explica la tarea con su libreta. La duda es si escribe con bolígrafo o con cincel, como se hacía en Altamira. Este fútbol es lo que alaban en Italia, señores. Así les va: buitres carroñeros y futbolistas prehistóricos en torno a un balón. De todas formas, y tras el empate contra el Barça, siempre habrá alguno que hable lección táctica. Pues yo a estos les diría que salieran del zulo, dejaran de cagar todavía en orinales amarillos y comer con las manos haciendo sonidos guturales.
¡Visca el Barça!










