Catamarán

catamaran

Anoche regresé a casa a las 11 de la noche de una gran despedida de soltero y esta mañana sólo tengo entre ceja y ceja el sofá de mi casa, que no le cogeré hasta casi las nueve de la noche. El cansancio se debe, sobre todo, a que el sábado tuvimos que ‘madrugar’ para coger un autobús que nos llevaba a un lugar donde nos esperaba un catamarán. Más de una hora de viaje para hacer algo que se suspendió finalmente, porque pasamos de estar a 40 º a tener un diluvio universal. Recurrimos al plan B, que consistía básicamente en bebernos las cervezas que nos llevábamos en una neverita muy mona de color azul cielo. Luego regresamos a la casa a ver el partido, pero no aguanté ni diez minutos. Me dijeron que España jugó muy bien ante ese gran rival llamado Bélgica. Una selección que hace buena a la española y a Del Bosque, que pinta menos en este equipo que Pellegrini en el Madrid o Cerezo en el Atlético. ¡Menos mal que este finde ya vuelve la Liga! Eso sí, espero que ninguno de los próximos partidos del Barça me coincida con la cena de las dos bodas que me esperan, porque no quisiera dejar a mis amigos solos comiéndose los langostinos a la plancha. Estoy deseando, aunque antes nos tengamos que tragar otro partidazo de La Roja. Esta vez contra Estonia. ¿Existe Estonia? ¿Con quién han empatado esos? Lo que daría por estar ahora tumbado en un catamarán…
¡Visca el Barça!

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