La comilona de Guardiola

Este fin de semana lo pasé en Cullera, donde disfruté de la playa, el sol y el buen comer y beber. Cayeron cañas y sangría mientras disfrutaba de costillas agridulces y tallarines en el restaurante chino y cayó una botella de rosado mientras degusté una ensalada templada (espárragos, gambas y tomate) con pizza en el restaurante italiano. Nada de estas comilonas le esperan a Guardiola cuando vuelva entrenar al Barça el próximo lunes día 20 de julio. Pidió dorada a la espalda, solomillo a la pimienta, chuletón de buey, trucha con bacon y almendras y parrillada de mariscos… y le tienen preparado un miserable bocata de mortadela con aceitunas de marca Keirrison, según el charcutero. Ahora saldrán los ventajistas (como cochino de los pasillos) diciendo que es un futbolista con mucha proyección. En las favelas quizás tenga mucha proyección, la verdad. En España es un simple bocata de mortadela con pan duro si lo comparamos con Ibrahimovic, Forlán o Villa, las grandes peticiones de Pep Guardiola. De todas formas, los ‘cocineros’ catalanes piden paciencia porque se están haciendo las cosas bien. Y la verdad es que sí, llevan casi dos meses metidos en la cocina y siguen estancados en ese piscolabi que deja el pan como el chicle y al estómago engañado. A mí reconozco que me gusta, pero jamás se lo intentaría vender a la gente como jamón de Guijuelo o morcón. Eso es los que quieren hacer los dirigentes culés con nosotros. “Keirrisón es buenísimo”, dicen. Buenísimo sería que se quedara en su casita acostado, arropado y durmiendo la siesta. Ahí sería una auténtica pasada para nuestro devenir.
¡Visca el Barça!











