La estratosfera de Eto’o

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Genio y figura, sólo puedo sacar dos conclusiones de Samuel Eto’o. La primera de ellas es que está entre los tres mejores delanteros del mundo; la otra es que tiene su cabeza como sonajero. Es un niño con cuerpo de adulto. Siempre quiere ser el centro de atención, el que acapare todos los elogios, el que está permanentemente a la defensiva, ofuscado cuando no le salen las cosas, el que está completamente obsesionado por el dinero, por ser el que más cobra siempre donde quiera que esté. Así, sólo así, es feliz Samuel Eto’o. Sobre los títulos colectivos, ¿qué son los títulos colectivos si él no marca? Nada, absolutamente nada. Así es la ‘estratosfera’ que demanda Eto’o y le podría dar el Manchester City, según Joan Laporta. Aunque públicamente el presidente ha confesado que le gustaría que siguiera, la invitación a abandonar el Barça es más clara que cuando me despidieron a mí una vez de un trabajo: “No estamos contento con tu rendimiento y no contaremos contigo”. Me quedó claro, como le ha debido de quedar al camerunés, que estará haciendo cábalas de cuántos coches y relojes (los colecciona) se podría comprar con diez millones netos por temporada durante cinco años. Mi deseo es que se vaya porque sus egos enquistan a este Barça cosmético, casi decorado con lentejuelas. Pero si se va a este patético club quedará claro, una vez más, la importancia que dá Eto’o el prestigio colectivo de un potente club como el Barça. Sólo me queda agradecerle los servicios prestados, pero la presencia de un futbolista que llegó a decir “Me merezco el Balón de Oro más que Ronaldinho” no es más que un río de agua turbia que puede llegar al mar azul y grana. De todas formas, en el City se encontraría con Robinho, el ejemplo de dos cerebros que no juntan ni uno. En mi pueblo les llamarían peseteros. Si es que Dios les cría y ellos se juntan.
¡Visca el Barça!

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