La resaca y el Barça

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La verdad es que tiene que ser duro para los madridistas vivir en estos tiempos que corren. El mismo día que el Barça rubricó su ‘triplete’, la policía judicial investigó el Santiago Bernabéu para ver si las cuentas de Ramón Calderón están claras. Justo el día que Barcelona recibe a sus ídolos con la Liga, Champions y Copa del Rey, los merengues viven un ‘déjà vu’ con la vuelta de Florentino y sus adláteres:  Zidane, Butragueño y Jorge Valdano. Tengo que reconocer que me lo estoy pasando pipa, pero los blancos deben estar padeciendo una resaca de caballo, de esas que estás todo el día con mal sabor de boca, dolor de cabeza y estómago revuelto. A mí esto sólo me pasa cuando he bebido la noche anterior, porque la verdad es que nunca he visto al Madrid ganar un Triplete. En cualquier caso, a mí me va bien para la resaca el TriNa de limón fresquito. Lo tengo en mi casa del pueblo, donde vive mi familia, y también en la que vivo ahora. También van bien las cañas para el aperitivo (preferiblemente oreja o sepia). A mí me asientan la barriga, pero no sé si hará efecto cuando la resaca se convierte en dolor importante por todo lo sucedido y por lo que puede suceder. Igual en este caso es mejor acudir al médico para que recete un lavado de estómago. Creo que Juan Onieva y compañía ya han pasado consulta.
¡Visca el Barça!

Il celo è sempre piú blu

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Cuando vivía en Roma siempre salía de fiesta con dos colegas. Uno era gallego (Santi) y el otro era siciliano y se llamaba Guglielmo. Él me enseñó mucho a hablar italiano gracias, sobre todo, a su música. Recuerdo que siempre que íbamos a los garitos nos desplazábamos en su coche escuchando a Rino Gaetano y su gran tema ‘Il celo è sempre piú blu’ (El cielo es siempre más azul). Al principio no la entendía pero, al cabo de los meses, siempre le pedía que la pusiera porque me animaba. Era un tributo al optimismo exacerbado, puro y duro. Decía algo así como, pase lo que pase, te echen o no del trabajo, seas un miserable mileurista o no… el cielo siempre seguirá siendo más azul. Anoche lo fue más que nunca. No estuve en Roma, pero seguro que era muy azul, con alguna que otra pizca de grana. Noche grande que le contaré a mis hijos, cuando los tenga, y a mis nietos. ¿Nervios? Como nunca. ¿Ilusión? Como siempre. Ahora estoy escribiendo estas líneas a las tres de la madrugada, pero estoy feliz. Infinitamente feliz, porque el Barça ha barrido del mapa al Manchester United y porque mañana, aunque me levante con mucho sueño, el cielo seguirá siendo más azul y grana. Hay que felicitar a este equipo, pero sobre todo hay que darle las gracias por disfrutar tantísimo con él.
¡Visca el Barça! Hoy más que nunca.

Los dioses y el Olimpo

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Junto al Estadio Olímpico de Roma se encuentra un entramado arquitectónico denominado Foro Itálico. Se levantó en 1937 en honor a Benito Mussolini, apodado ‘Il Duce’. En realidad se llamó al principio Foro Mussolini, como muestra del impresionante poder que tenía este personaje en la nación. Fundó el fascismo, que supuso un atraso para el mundo, y mandó construir obras arquitectónicas y escultóricas únicamente para expresar su poder. En Italia, afortunadamente, ya no se venera exacerbadamente a esta ideología, pero los coletazos aún se mantienen en muchos de los dioses (representación del poder humano y divino) que rodean el Estadio donde el Barça podría ganar su tercera Copa de Europa. Lo hará con un ‘sabio’ en el banquillo que ya estuvo media temporada, a las órdenes de Capello, en la Roma. Una ciudad que puede presumir de todo, menos de éxitos de sus equipos en Copas de Europa.
Confieso que, desde esta mañana, ya siento que los nervios recorren mi barriga. Probablemente no se me quiten hasta que no vea esa Fontana di Trevi repleta de bufandas culés y gente lanzando monedas de espalda, esa Piazza Navona con regustos barrocos y azulgranas, esa estación de Términi; centro neurálgico de la inmigración; con gritos animando al Barça, esa Galería Borghese con bustos de Messi o Iniesta. Guardiola conoce perfectamente los entresijos del partido, de la ciudad, del Foro Itálico, el último camino que recorrerán los jugadores antes de entrar en el Olimpo. Allí nunca triunfaron los ‘diablos’ y siempre lo hicieron los dioses.
¡Visca el Barça!

La ciudad eterna

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Me dijeron este fin de semana que la traducción italiana de ‘Ciudad Eterna’ (Città aperta) no suena tan bien como en castellano. Cierto, porque parece que se pierde todo el encanto de la frase, todo lo que engloba la ciudad, su mística, su pasado, su presente y su futuro. Hablamos de Roma, evidentemente. Espero no ponerme muy pesado, pero el destino ha querido juntar a mi equipo con mi ciudad favorita. El gran encuentro tendrá lugar el próximo miércoles, cuando se darán cita los principales emperadores del fútbol en la única ciudad del mundo donde ‘non basta una vita’ para verla. Allí se miden el estilo que impone Guardiola frente a los ‘diablos rojos’ de Ferguson, un auténtico coleccionista de títulos. Sin duda son los mejores equipos del continente, los únicos que hacen apología del fútbol, del arte, del espectáculo supremo por encima de todas las cosas. Lo veré, en casa, muy nervioso, sin hambre, con el nudo en el estómago, con el transistor… con sudores y manos frías. Después del partido me toca trabajar y afirmo que no soy taxista, enfermero ni barrendero. No podré saborear el triunfo como es debido, pero estoy seguro que seré un hombre feliz porque estaré enganchado a la radio y disfrutaré del bocata que me traiga al curro. Pensaré en la persona que dejo en casa, en mi equipo y en la ciudad eterna teñida de azul y grana. No me puedo quejar, porque peor estarán los que tienen el único consuelo de que gane el Manchester United.

¡Visca el Barça!

La dupla de Roma, Marbella y Venezuela

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Queda menos para el gran día (27-M) y reconozco que ya empiezo a sentir ese cosquilleo por el estómago. Una mezcla de nervios, ilusión y felicidad. Estar en Roma ya es muy grande, pero ganar sería increíble.
Ahora estoy contento por el ‘Doblete’, pero la felicidad absoluta sólo la tendría si levantamos la ‘orejona’. Estar allí, acaparando todos los focos deportivos posibles, es ilusionante, pero me preocupan un par de detalles importantes: el Manchester United y la presencia de Iniesta y Henry, una dupla capital en el devenir del partido. Sin ellos la banda izquierda quedaría huérfana de cabezas pensantes (Andrés) y bailarines de alta escuela, de Nureyevs del fútbol (Titi). La presencia de estos individuos ha sido determinante en la consecución de los títulos. Su compenetración es sencillamente perfecta, casi tanto como la de Carlos Baute y Marta Sánchez en los escenarios de Marbella o Venezuela. Es extraño, porque no es la mejor canción del mundo, pero es de las que más me apetece escuchar cuando salgo de fiesta y tomo algunas copillas. No me gusta, pero me anima y estoy seguro que a vosotros, aunque no lo reconozcáis, os pasa lo mismo. No hace falta que lo digáis, tampoco que reconozcáis (vascos, madridistas, periquitos sin cabeza…) que estáis disfrutando con el conjunto blaugrana. Podéis seguir mirando, aunque hay algún vasco por ahí que le falta algo de visión. ¿La razón? Ver en el Athletic oro, cuando sólo está lleno de barro.
¡Visca el Barça!

Barça-Manchester United

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Antes de nada le recuerdo a la persona que se lo propuse, para ver si se da por aludida, que quiero ir al cine a ver Ángeles y Demonios. Me leí el libro y me gustó, pero no porque me apasione excesivamente la lucha entre Ciencia vs. Iglesia, sino porque la historia transcurre entre las calles de Roma. Allí pasé un año de mi vida, conocí la cultura, aprendí a defenderme con el idioma y me sorprendió que la decadencia también pudiera provocar belleza. De todo eso han pasado ya casi tres años, pero alguien muy cercana a mí me sigue diciendo que aún sigo ‘viviendo’ allí. Para nada, la experiencia fue inolvidable, reconfortante y a la ciudad le cogí mucho cariño, pero porque volví a España. Todo fue bonito porque tuvo su final, de lo contrario estoy seguro que habría sido agobiante, que al Coliseo lo vería como piedras en descomposición y al Circo Máximo como una simple pradera verde. Afortunadamente no es así. Les veo como impresionantes monumentos que encierran miles de historias. El estado en que se conserven llega a ser secundario.
Esto lo cuento porque la última vez que celebré la Copa de Europa de mi Barça fue en Roma, cuando aún cursaba la beca erasmus. Estaba con mi camiseta blaugrana loco de alegría en Campo de’ Fiori, la plaza donde fue quemado Giordano Bruno por la Inquisición romana. Lo festejé, con mis colegas culés, junto a su estatua, que custodia esa maravillosa plaza. El próximo miércoles 27 de mayo no estaré allí pero, si el Barça gana, a buen seguro que me vendrá a la mente esa plaza, una de las que más ambiente nocturno tiene de la ciudad eterna. El fútbol pocas veces es agradecido, pero este año está aliado con los ángeles que dirige Guardiola. Nada que ver con los ‘diablos rojos’ de Ferguson. Esos, según el libro de Dan Brown, están en el Vaticano y son auténticos demonios.
¡Visca el Barça!

La Ría del Nervión

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Nunca he estado en Bilbao, pero me gustaría ir para ver el Guggenheim y tomarme unos vinos con sus respectivos pinchos. Además, desde que le metimos mano al Athletic en la Copa, tengo curiosidad para ver como ha quedado la Ría del Nervión, de la que tanto presumen. Confirmo que, justo antes de la final, he escuchado comentarios sobre ella como si se tratara del mismísimo Océano Atlántico. Seguro que si le queda algo de agua, que lo dudo, estará llena de ruedas desgastadas y las botas viejas que tiró Zubizarreta o Endika en el 84, cuando el color acababa de aterrizar a la televisión. Pues bien, los tíos hablan de ella como si estuviera repleta de langostinos y corales, camarones y sirenas. Agua marina, cristalina, peinada por la brisa.
Se las prometían muy felices, pero no contaban con el temporal que asoló la ría, convirtiéndola primero en charco y luego en un páramo. Aún así, como de ilusiones se vive, el Athletic tuvo un recibimiento en Bilbao diez veces más grande que el del campeón de Copa en Barcelona. La justificación que dan es que son una gran afición, que siente los colores, que su amor es desinteresado. Teniendo en cuenta este hecho se me ocurre que, si el equipo encima hubiese ganado, los hinchas habrían llevado rodilleras para hacer favores a los jugadores. Justo antes de verter sobre ellos el agua bendita. De la Ría de Bilbao no, claro. Ante la sequía de agua y de títulos han decidido reutilizarla para que desfile Aitor Ocio con su perro. Es su verdadera profesión y, en la moda como en el fútbol, mandan las vanguardias.
¡Visca el Barça!

El arma de Eto’o

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Es curioso, pero cuando un tío pierde los nervios y se desquicia se vuelve vulnerable y, a veces, irreconocible. Ocurre en las mejores familias, en los seres más poderosos y en cualquier ámbito de la vida. Le ocurrió a Maradona, que pasó de ser un dios del fútbol a disparar con un rifle de aire comprimido a periodistas y luego cobrarles por conceder entrevistas (sé hasta la cantidad que pide). En el siglo XVIII también le sucedió a Luis XVI, que no pudo impedir la Toma de la Bastilla (marcó el inicio de la Revolución Francesa) y pasó de ser inmortal a prácticamente pedir clemencia. Nos vino bien que acabara el Antiguo Régimen, pero quién se lo iba a decir. Mucho menos a él, eternamente feliz en su corte artificial donde sólo había baile de máscaras. Todo falso, como el Rococó.
Algo similar está pasando con Samuel Eto’o, que ha pasado de jugar con metralletas y escopetas a hacerlo con pistolas de agua, de esas que te regalan con los botes de Nivea o que puedes adquirir en las ferias de los pueblos, dependiendo de cuántos palillos caigas. Si no caes ninguno te dan la pistola, sólo por participar. Si caes los tres, en tres intentos, te suelen dar un peluche que te ‘venden’ como El Rey León. El hermano Samuel lleva dos partidos; Athletic en Copa y Mallorca en Liga; cuya obsesión por el gol llega a rozar lo enfermizo. Su ansia le convierte en mediocre, su egoísmo es dañino para el Barça, el rifle con el liquidaba búfalos en África y porteros en España ha sufrido una dura mutación. Como la vejez. Antes compraba cartuchos; ahora le vale con abrir el grifo para llenar su pistola de agua. Por el bien de los culés, más nos vale que no la lleve a Roma. No queremos seres vulnerables contra el Manchester.
¡Visca el Barça!

Los hombres de Pep

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Desde Pinto hasta Messi, pasando por Busquets, Bojan, Xavi, Iniesta, Alves, Henry, Puyol, Piqué o Eto’o, entre otros. Quiero dar las gracias a los hombres que Pep Guardiola ha dirigido como un esteta, ese que considera el arte como un valor esencial. Son los campeones de Liga, de Copa y pueden ser los de Champions, que sería ya como si a una cena de chuletillas de cordero y cochifrito la acompañamos con unos cogollos con salsa de gambas al roquefort y un buen vino tinto. Sin eso sería ya increíble, pero con esos contornos llegaría a la categoría de manjar.

Este Barça me ha hecho disfrutar mucho esta temporada, sobre todo cuando olía la fragancia que desprende Iniesta mientras juega o imaginaba el disco duro que lleva Xavi impreso en el cerebro. Ellos son dos piezas importantes dentro del Lego. Dos protagonistas de un guión elaborado por todos y dirigido por un cinéfilo muy metódico, obsesivo, perfeccionista y elegante. Se llama Pep y, al igual que el barbudo Paco, también cuenta con muchos hombres. Una cuadrilla de artistas sin pistola, placa o porra que no necesitan una chica guapa para motivarse en sus labores. Sólo les basta el balón para deshacerse de sus rivales.
¡Visca el Barça!

Titanic vasco

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Ante todo pedir disculpas por no comparecer durante los dos últimos días. Estuve en Valencia viendo levantar a mi equipo la Copa del Rey y me dio penita ver a esos pobres vascos que ya se veían en La Gabarra como Leonardo Di Caprio y Kate Winslet, subidos en el trasantlántico del amor. Hay algo de esa peli dirigida por el gran James Cameron que se asemejó a los artistas llegados del norte con la ikurriña y la txapela. Los pobres, que tenían ya preparado su particular Titanic, chocaron antes de partir con un glaciar teñido de azul y grana: el Barça.

Durante el día tengo que reconocer que me gustó el ambiente tribal entre aficiones. Una atmósfera distinta a cualquier partido de Liga. Es la Copa, un torneo añejo que lo domina el que mejor juega y no el que más anima. Porque, amigos vascos, estos títulos no se ganan con cánticos, sentimientos paternalistas, entrenadores que se creen la reencarnación de Napoleón mientras arengan a sus jugadores o gritos de Athletic Txapeldun (campeón) y Toquero Lehendakari. Eso es muy bonito, mucho, casi tanto como el romance vivido en el Titanic. Pero esto se gana jugando al fútbol, algo que no sabéis hacer. El final, evidentemente, fue trágico: hundimiento, choque brutal, pesadilla, Gabarrazo. Yo lo tengo claro: incomparecencia. Ale colegas, a la dura realidad. Si queréis paseito por la ría lo hacéis a pie que ahora viene el buen tiempo. La Copa, si eso, se la dejáis a Guardiola y sus chicos.

¡Visca el Barça!

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