O mariscada o nada

Han tardado mucho en darse cuenta los rivales, pero a este Barça sólo se le puede meter mano destruyendo su juego, encerrándose atrás, echando el candado en la portería, llevando veinte céntimos en el bolsillo, racaneando mucho, como los agarrados. Llevo muchos años siguiendo a mi equipo y, por sin aún me quedaban dudas, anoche comprobé definitivamente que sólo sabe ganar cuando saca del mapa al rival, cuando genera más de veinte ocasiones claras en un partido, cuando toca, toca, toca, toca, toca, toca y derriba. Algunos dicen que tiene mucho mérito que nunca renuncies a tu estilo, pase lo que pase, y en parte estoy de acuerdo, pero también creo en la necesidad de un plan B, ese al que recurrir en ocasiones extremas: cuando el partido se atasca, cuando te mueres de hambre, cuando te van a robar la casa, cuando te meas y aún te queda una hora para llegar a tu casa. En cualquiera de esas situaciones, los equipos se fortalecen emulando al rival, los indigentes piden dinero para un bocata de salami, el inquilino se arma de valor y le planta cara al ladrón, el meón acaba saciando sus necesidades en mitad de la calle, detrás de un coche o un contenedor. Está feo, muy feo, pero tío hay que sobrevivir. Este Barça no es así, por desgracia de muchos y fortuna de otros tantos. Lo ha sido históricamente. O come mariscada o prefiere pasar hambre; o bebe Jack Daniel’s o pasa sed; o vive en palacete o lo hace en los cajeros de los bancos. No conoce los menús del día, los estudios en Vallecas, el whisky DYC, la vida normal. Sólo conoce la grandeza y si no la logra prefiere la nada.
¡Visca el Barça!











