Esencia de mujer

Hacía años que no veía a un hombre moverse con tanta elegancia. Concretamente desde que ví al gran Al Pacino bailar tango en Esencia de Mujer. En la película era ciego, pero veía más que nadie gracias a su intuición, instinto e inteligencia. Hay algo de él que me recuerda a Iniesta, un futbolista tan bajo como albino, tan modesto como humilde, tan elegante como sensacional. Si Puyol encarna el corazón del Barça, Xavi mueve los hilos, Messi pone la genialidad y Eto’o la escopeta, Andrés Iniesta es la esencia de la delicadeza, el gusto, la orfebrería, el estilo, la gentileza. Al Pacino le tiró los tejos a la chica, avisándola, con una mirada y un baile; Iniesta es el típico que incluso te pide permiso para aniquilarte, como si le diera algo de apuro. Luego, cuando ya te tiene, cuando mete un golazo en el minuto dos, apenas se le ve celebrarlo. Ha sido demasiado fácil, pensará. ¡Eso no es ir de sobrado! ¡Eso es estilo! Un estilo que se acrecienta más desde la hierba y el balón y no desde los guantazos, pisotones e insultos. ¡Eso es Kale Borroka! Y no me valen ahora las lágrimas y arrepentimientos. Mucho menos las justificaciones de su entrenador: “Lanzó patadas al aire. Si hubiera querido le habría dado”, dijo Juande. Pues hijo ahora te digo yo que, si el que te lanzó una botella de agua, cuando eras entrenador del Sevilla, hubiera querido hacerlo con un ladrillo también lo habría hecho. Afortunadamente no pasó. Por eso deberías aprender a estarte callado.
¡Visca el Barça!











