La Cibelina de Getafe

Cuando visité Getafe por primera vez me quedó claro que Santiago Calatrava nunca estuvo allí. Tampoco Mies Van der Rohe, Álvaro Siza o Rafael Moneo, algunos de los principales arquitectos del siglo veinte. Muchos de ellos también hicieron sus pinitos en la escultura, ese arte de esculpir que poco o nada conoce el abanderado que diseñó la famosa Cibelina. El pavo hizo una pequeña efigie de la diosa Cibeles y la ubicó en el centro de Getafe para que el equipo celebrara allí los éxitos. ¿Qué éxitos? ¿Perder dos veces seguidas la final de Copa? ¿Que remonte el Bayern un 3-1 en la prórroga y te eche de la UEFA? Vaya tela Ángel, menudo merengue que estás hecho. Hasta te fijas en su fuente para ponerla en esa barriada de Madrid llamada Getafe. Te juro que, cuando la ví por primera vez me pareció más cateta que las que tenía mi pueblo hace muchos años, cuando la gente iba a llenar allí garrafas y cubos de agua. Pero bueno macho, que no me sorprende nada. Sería imposible pensar que sois capaces de innovar cuando pusisteis a vuestro estadio el nombre de un futbolista penoso que ni siquiera jugó allí. Un jugador, Alfonsito, que fracasó en el Madrid y ya en el Barça aportó lo mismo que la música de ascensor, ésa que a veces ni te das cuenta que está.
Por cierto, no sé si sabéis que allí irá mi Barça para mojaros la oreja. Se me ocurre que podíais llenar la fuente de agua, si cabe algo, para bañaros después del partido. No por la victoria, tampoco por que haga calor, pero sí por lo calentitos estéis por la paliza. Yo, evidentemente, estaré allí para comprobarlo. Sin Calatrava, por supuesto.
¡Visca el Barça!











