Unos con el Barça; otros con las torrijas

torrijas

En este miércoles de pasión a los pobres madridistas no les queda otra cosa que hincharse a comer torrijas, esa ‘delicatessen’ típica de la Semana Santa. Si alguno las quiere (monje asceta, anticulé o algún pobre periquito sin cabeza) se puede pasar por mi casa porque aún me queda una. Eso sí, que avise antes de ir, porque no estaré desde las 20.30 hasta las 23 horas. ¿Dónde? Viendo a mi Barça en la Champions contra el Bayer, viendo a Toni arrodillarse ante el podería blaugrana, a Ribery enamorándose del estadio que le acogerá de buen gusto la próxima temporada, a Klinsmann reconocer la sabiduría de Pep Guardiola, a los hinchas bávaros anteponiendo la tostada catalana a las birras y los perritos con mostaza, al triunfo del balón sobre el poderío de la roca. Los pobres madridistas ya ni se acuerdan de este tipo de torneos, pero tienen buenos y variados planes alternativos: vestirse de monaguillos y echarse a la calle para acompañar las procesiones, cantar saetas, ver Los hombres de Paco o a Juanito El Golosina en Supervivientes. ¡Una pasada! Otra opción es echarse a dormir, esperando ilusionados (pobre ilusos) a esos rotativos deportivos de Madrid que mañana abrirán con el enésimo fichaje del equipo en lugar de la victoria del Barça. El mundillo de la pluma está así señores, no hay más que ver quiénes dirigen el cotarro. En fin, que cuando se estén cerrando las ediciones de mañana, yo estaré degustando una dorada al horno con patatas asadas al ali-oli, canapés variados y un Ribeiro. Tengo varias cosas por las que brindar: las vacaciones de Semana Santa, el trinfo de esta noche y las torrijas.
¡Visca el Barça!

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