Lechazo blaugrana

Este post va dedicado a ese pobre monje asceta que me dijo hace días que tuviera cuidado con el lechal, a ver si me iba a atragantar. Pues bien, por desgracia para ti y los madridistas como tú (deduzco que eres merengón) me sentó bastante bien, primero por mi acompañante y sobre todo porque la digestión la hice cuando Eto’o marcó ese golazo a Sergio Asenjo y nos dio ya prácticamente la Liga. Eto’o, ¿le conoces? Ese negro que corre como un blanco, que os le trajisteis de Camerún cuando huía de los leones y ahora os la clava cada vez que puede. La zarpa digo.
Lo más gracioso es que todavía escucho a madridistas que dicen no querer a Eto’o en la Casa Blanca. Me suena ya esa historia, aunque en realidad es más bien una enfermedad que padecen muchos: despreciar lo que no tienes, pero te gusta. Es algo así como hablar mal de una tía que te encanta, pero finges que no es así porque no la puedes conseguir. En lugar de alabarla, se tiende a la crítica banal y fácil. Pasa mucho en este mundillo donde los politiquillos incompetentes se centran en dar buena imagen ante las cámaras, donde los bancos quiebran y el metro se colapsa, donde los periódicos caen, donde el periodismo deportivo se limita, única y exclusivamente, a intentar ser como Manolete, Roberto Gómez, Indalecio (Inda) y cía. Ayer ví a estos tipos en un debate de Telemadrid y me di cuenta que, si vivieran en África, seguro que estarían huyendo de Eto’o, el gran león blaugrana. Viva el lechazo y…
¡Visca el Barça!











