El Jardín de las Delicias

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El juego coral y preciosista del Barça eleva este deporte a la categoría de arte. Sus partidos los convierte en auténticas bacanales donde disfruta de todo tipo de placeres de forma sensual, recreada y en ocasiones lujuriosa. Tiene muchas variantes, cierto, casi tantas como reality shows tiene la televisión de nuestro país. ¡Un opio para el pueblo!
A mí, lo único que me gusta de la televisión es Madrileños por el mundo y mi Barça, que ayer se dio un gustazo contra el Olympique de Lyon, que se fue a ese infierno ideado por El Bosco en su famoso Tríptico de El Jardín de las Delicias. Esta maravillosa obra es una triple representación (de izquierda a derecha) del paraíso, el pecado y el infierno. Una correlación de secuencias que ubica a cada cuál donde le pertenece.
Está claro que en el edén, con los árboles repletos de manzanas traicioneras, está el Barça, luchando y acribillando todo aquello que se pone en su camino con lanzas, corazas, tanques, metralletas, cañones o navajas suizas. ¡Menudo repertorio!
En el centro, pero con billetes sacados para el infierno y el tren a punto de partir, están el maravilloso timo de Benzemá, Boluda y sus chorreos, el ‘atractivo’ fútbol de Juande, la bufanda azul de Abel Resino, la desidia de Maniche, el egoísmo de Maxi, la prepotencia de Mourinho, la racanería romana, la farsa de Gago o la cintura de Cannavaro. A todos, porque no se salvará ni uno, les espera el fango, las superficies agrietadas, los árboles secos, la muchedumbre, el tiempo sombrío, el espacio angosto. Como cada uno está donde se merece y este cuadro es una alegoría de la vida, mi equipo vive en un vergel repleto de flores. No sé si os gustan los jardines pero en Barcelona, donde voy la semana que viene, hay uno bastante grande. Se lo enseñaré a la persona que viene conmigo.
¡Visca el Barça!

This is el Barça

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This is Anfield:

this-is-anfield1and this is el Madrid:

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¡Visca el Barça!

¿Quién eres? Yo soy Andrés Iniesta

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Se me viene a la cabeza una mítica frase de principios de los ochenta que le dedicó Johan Cruyff a Jorge Valdano. El holandés se arrastraba por los estadios españoles defendiendo la camiseta del Levante y el argentino, muy joven aún, tenía el escudo del Zaragoza en el pecho. Jorge le recriminó una acción a Cruyff y éste le preguntó primero por sus años y luego le dijo: “Con tu edad, a Johan se le habla de usted”. Es pura bravata, pero hay que reconocer que a los culés nos hace gracias, bastante gracia. El genio marcó su territorio al poeta.
Iniesta bien podría ser el Cruyff de aquélla época; por su calidad; pero no lo es, porque no entiende de arrogancias y chulerías.
Andrés no es alto, ni guapo, ni moreno, ni tiene el pelo largo o tatuajes, pero juega al fútbol como los ángeles. Me atrevería a decir que es el mejor jugador del Barça, por encima de Messi, Xavi, Eto’o o Dani Alves, pero a él le da exactamente igual. No nació en Salvador de Bahía ni probablemente conozca El Caribe, el pelo se lo cortan en el Barrio Chino de Barcelona y no concibe sus veranos sin su Fuentealbilla natal. Tiene un futuro increíble repleto de jugadas inverosímiles, taconazos imposibles, goles silenciosos, modestia, duende, hechizos, magia, mensajes humildes en una botella, historias de fútbol, de castillos y princesas, de amores eternos teñidos de azul y grana.
Desconozco si en el extranjero saben valorar los suficiente a este jugador cómo sucede aquí con Lampard, Gerrard, Adebayor, Drogba, Cesc, Del Piero, Kaká y compañía. Yo, en realidad y viendo al manchego, no sé quiénes son ellos, sólo sé quién es él. Se llama Andrés Iniesta. Apunten bien su nombre, porque dudo que él algún día lo vaya a decir. Eso le hace más grande.
¡Visca el Barça!

El cobrador del frac

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Hoy estoy contento e indignado a partes iguales. Mi alegría se debe a que, por fin, el mejor equipo del mundo desglosó su gran repertorio futbolístico y le pudo meter diez chicharros al Athletic, que más que un león parecía un conejo de indias. ¡Criaturilla! El Barça derrochó todo su arte, más incluso que la contenida en el Museo del Prado. Lo dicho, me alegré bastante mientras lo veía solito en mi pequeño estudio.
La indignación me la provocaba el transistor primero y el amplio resumen de media hora que me puso la tele después. Hablo del derbi, evidentemente. Si yo fuera periodista y me hubiese tocado hacer la crónica de ese partido hubiera titulado algo así como: ‘La justicia no pudo con los morosos’. Supongo que sabéis quién es cada uno.
El asunto tiene gracia. Desde que empezó la temporada no hago más que leer en la prensa deportiva que si el Barça es el gran favorecido por los árbitros, que si Laporta es amigo de Villar, que si Villarato para arriba, Villarato para abajo. ¡Va por ti Relaño, que te vanaglorias de haberte inventado la palabrita de las narices! Pues te voy a decir lo que haría si tuviera tu poder. Contrataría al mítico cobrador del frac para seguir a todos los protagonistas del gran hurto de la jornada:
- Sergio Ramos: penalti claro a Agüero y juego peligroso no señalado en el área por entrar en plancha. Agüero hizo polvo tu melena, macho.
- Fernández Borbalán (árbitro): Consintió goles ilegales, fueras de juego, rojas, penaltis no señalados. ¡Menuda marioneta! Se lo tragó todo, desde el cocido madrileño del mediodía hasta el bocata de chorizo del descanso. Desconozco si hizo bien la digestión.
- Huntelaar: Gol en claro fuera de juego.
- Míchel Salgado: Su entrada al ‘Kun’ en el centro del campo me recuerda a las escenas de Dexter, que estuvo en España hace poco. Igual fue a verle para aprender un poco de su serie.  El ‘Malulo’ directamente se debería dedicar a sus asuntos de la construcción con su colega Karpin. El fútbol, si es que alguna vez supo lo que era, se le olvidó.

Pues lo dicho. Que me gustaría que hablen ahora los que llevan toda la temporada llorando con los árbitros, los inventores de palabras, los letristas, los poetas, los que ya se veían campeones hace una semana, los Boludas o los Mijatovic con barrigas de turno.
¡Visca el Barça!

Ensaimada

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Una persona muy especial me dijo anoche que, en realidad, nunca disfruto plenamente con mi Barça. Cuando gana me alegro, pero siempre digo que aún no hemos conseguido nada, que falta mucho tiempo… Cuando pierde les pongo a parir, no me apetece verles en la tele ni escuchar la radio, pero cuando empata y se clasifica para una final pasándolas un poco canutas no lo celebro del todo porque sigue sin gustarme el rendimiento del equipo. Haré caso a esa persona, bueno no, lo intentaré. Prometido.
Antes del partido de ayer ya estaba contento por la tunda que le metimos al Madrid en basket y por los comentarios de Siro López y Biriukov en Telemadrid. Si estos dos pavos retransmiten partidos, yo estoy seguro que cualquier cosa es posible: que Llamazares llegue a ser Presidente del Gobierno, que Gallardón se haga amigo de Esperanza, que Seitaridis sea el mejor lateral derecho del mundo, que Drenthe acabe triunfando en el rap, que Onda 6 fiche a Lobato y Alonso, que Cerezo pierda pelo, que Hugh Grant haga alguna película buena, que Almodóvar no ruede temas de discriminación social, que Zapatero baje la luz y el metro, que se me ponga malo el jamón, que no me gusten los pinchos de San Sebastián, que el Real Madrid gane esta Copa del Rey. Ah bueno, esto ya es imposible, pero sólo porque este torneo no lo quieren y siempre lo tiran a conciencia. No les importa a sus aficionados, dirán. Pues sí. Por eso fueron 70.000 personas a ver cómo los tres goles de Raúl no pudieron con el Real Unión de Irún, por eso Florentino Pérez consiguió que, el día del ‘Chamartinazo’ deportivista en el Bernabéu (2002), no hubiera ningún partido en todo el mundo para acaparar los focos, por eso Raúl siempre dice que le hace especial ilusión ganar este título. Por eso no les interesa.
Pero no, ellos no la quieren. Ni la tendrán este año, por mucho que anoche les entraran ganas de estar en Mallorca para comerse una ensaimada. Yo me la comí, muy bien comida. Me acosté lleno, pero dormí bien. Muy bien. Soñé con trenzas; soñé con Dios. Un milagro: el del Pep-Pinto.
¡Visca el Barça!

La camisa hawaiana

camisaHoy hay fútbol en La Isla del Sol. No me refiero a la isla bolivina situada en el Lago Titicaca sino a Mallorca, ese paraíso natural donde juega el Barça esta noche, ese lugar turístico donde nuestro hermano Eto’o le gustaría retirarse. ¡Qué bonito! Si hasta me dan ganas de llorar.

Por mí ya se podría quedar allí hoy mismo. Las farmacias de Barcelona lo lamentarían porque con él allí no paran de vender a los seguidores culés paracetamol, pero sin él ya desaparecerían los dolores de cabeza. Toma nota Samuel.
Vamos al partido. El peor Mallorca de los últimos años se enfrenta esta noche a un Barça depre, confuso, ofuscado, que no entiende de términos medios, sin jueves en la semana. Supongo que hará buen tiempo así que, ¡Guardiola!, no te lleves bufanda por favor, ni esos chalecos monos que te pones debajo de la americana. Yo que tú hoy me llevaba una camisa hawaiana para ver cómo la toca Cleber Santana en la medular ¿no?
Pep, al fin y al cabo, hoy podemos clasificarnos para la final del primer título de la temporada y eso es motivo de alegría así que suéltate un poco hijo (la melena no). No midas tanto las cosas, los comentarios, las rotaciones, deja que los chavales se diviertan, deja que Pinto sustituya a Valdés para que éste ya no cante como lo hacía Andrés Pajares con su canción mítica “Soy un Drácula Ye-Ye”, deja que a Silvinho le vean sus nietos jugar, deja que Andrés Iniesta vaya cogiendo el ritmo, que será determinante para nuestro devenir. Hoy puede ser el principio de una buena temporada, pero no te puedes olvidar de que la Copa del Rey siempre fue un buen complemento (un collar, anillo, pulsera o bolso), pero nunca servirá como vestido, como chaqueta, ni incluso como la camisa que te aconsejo llevar esta noche.
¡Visca el Barça!

La Bella Durmiente

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No pienso dejar de criticar al Barça hasta que no me demuestre que no se lo merece. Esto va para los que me han dicho que cambio pronto del blanco al negro, unos listillos. Hoy toca hablar de dibujos animados, de Disney, de magia, de fantasía… que era cómo jugaba el Barça hace tres semanas, justo antes de visitar el estadio Ruiz de Lopera. De Xavi decían que jugaba con la varita mágica, con elegancia refinada, con dulzura. Su juego lo comparaban, como al del Barça entero, con los dibujos animados. No estaban equivocados, porque es lo más parecido a la Bella Durmiente. El tío tiene clase, eso es indudable, pero lleva cuatro partidos campando por el campo como si estuviera sopa, como si su letargo contagiara al equipo. Sigue con su gomina, por supuesto, pero me está recordando a esos chavales de veinte años, recién llegados a la Universidad, que los meses de febrero y junio se presentan en las bibliotecas con sus Dockers, camisas Burberrys, zapatos Apache y calcetines de ejecutivo. En la cabeza directamente no se echan gomina, se pasan por las cuadras para que las vacas les den lametazos en la cabeza. Los artistas no van con el objetivo de estudiar, evidentemente, sino que se pasean por los pasillos igual que Xavi lo ha hecho por Sevilla, Lyon, Barcelona y Madrid en los últimos partidos. ¡Qué crack! El tío campaba por el estadio como si estuviera con sus colegas en algún bareto de la glorieta de Pirámides. Tranquilidad, parsimonia… menuda sobada tenía en lo alto. Creo que llegaron a la Ciudad Condal de madrugada y que Xavi, en lugar de irse a dormir, se piró a entrenar. despertador“Yo ya he dormido bastante”, debió pensar el jugador. Su juego, de momento, está estancado y así el equipo no funciona. Un despertador no vendría nada mal.
¡Visca el Barça!

Flagelación

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Lo primero, ante todo, os quiero pedir disculpas por haberos abandonado durante algunos días. Lo siento, estuve de viaje fuera de España. Me dio tiempo a volver a tiempo para asistir el domingo al Vicente Calderón a ver una película dura y cruel: la última flagelación de Cristo.
Me refiero al Barça, evidentemente, el único equipo capaz de hacerse daño a sí mismo, de ser su peor enemigo, perder lo imperdible, de dar vergüenza. En ocasiones parecía que incluso disfrutaba con lo que estaba haciendo en el campo, que se sentía feliz mientras Eto’o fallaba goles, cuando Silvinho o Márquez regalaba balones, cuando Víctor Valdés seguía soñando con cochinos, pasillos, guantes, melones y sandías (lo único que sabe parar). Estos tres nombres son los que lideraron este auto de fe que supone la flagelación. A Eto’o le ví reírse cada vez que fallaba una ocasión. El tío se dejó sus botas en la caseta porque prefirió sacar su escopeta de ferias que compró en el Barrio Gótico de Barcelona. A Silvinho, con sus canas, comprobé que el club le haría un favor si le sacaran un billete de autobús para viajar con el Imserso a Marina d’Or, ciudad de vacaciones donde viaja mi abuelo y se lo pasa genial el tío. Lo de Víctor Valdés merece un capítulo especial. Tras el gol del Pequeña Buda, el de Juninho en Champions y el de Forlán, sinceramente merece que le denuncien. Así de claro. Lo gracioso, para él digo, es que le dio la mano a Forlán cuando este ya le había clavado dos chicharros. El pobrecillo tiene mucho mérito, porque ha revivido una enfermedad que parecía obsoleta: el síndrome de Estocolmo. Que el uruguayo me pega un guantazo, pues le pongo la otra mejilla; que el Madrid amenaza, pues yo me dejo goles para que sienta su aliento en el cogote; que me ponen los cuernos, pues invito a mi novia un crucero por el Mediterráneo… deberá pensar el amigo Víctor.
Luego está Guardiola. Guapo, elegante, incuestionable, dominador de la retórica, amante de las bufandas, defensor de la modestia incluso cuando el equipo brillaba como el oro. Falso, todo falso. Ese exceso de modestia, de sosiego, de anti-euforia denota superioridad, aires de grandeza, prepotencia más bien. Supo dominar la situación con el viento a favor, pero ahora es el encargado de comprar ese alambre con pinchos que están rotando sus jugadores. Eso es amor por el Barça. Eso es creencia ciega. Tan asustados están del Madrid que ya incluso disfrutan con la situación. El problema es psicológico: no son capaces de competir cuando tienen un enemigo cercano, a unos doce puntos de diferencia. Se me ocurre una comparación fácil: ¿Qué pasaría con un albañil si decidiera dejar de trabajar porque hay una cierta competencia en las obras? ¿Qué sucedería si Benjamin Button decidiera no salir a la calle a comerse el mundo porque tenía bastón a los ocho años? ¿Qué sería de un estudio de 35 metros cuadrados si un inquilino no lo viera como un pequeño gran palacio? Que nada tendría sentido, que la desesperación podría provocar locuras. La última es un auto de fe que lo patentó Jesucristo. La versión moderna la está llevando a cabo mi equipo.
¡Visca el Barça!

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