España pierde el violín

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El sábado pasado estuve en un bar viendo a España con unos amigos que estaban celebrando su cumpleaños. Disfruté con la presencia que tenía, las cañas que me bebí y las raciones de patatas bravas y ali-oli que me comí. El plan perfecto, si no fuera por el bodrio de partido que protagonizaron España y Turquía, que me pareció mucho más seria y mejor plantada. Me aburrí, claro que me aburrí bastante con un equipo plano y sin ideas que se equivocó en varios detalles y, sobre todo, no supo encontrar un relevo para su violín: Andrés Iniesta.
Xavi, que llevaba varios días con problemas en el Talón de Aquiles, no debió jugar y Del Bosque no supo maquillar la ausencia del futbolista con más talento de este país. El fútbol que Iniesta lleva dentro se compone de las melodías más dulces, algo agradable para la vista y el oído. Cuando no está, el juego de ‘la roja’ chirría bastante. Cazorla, Silva y Mata no valieron ni para descalzar a Andrés. Ahora, con la victoria, los medios nos quieren vender la moto de que este equipo es potente porque también gana cuando no juega bien, que demostró mucho oficio, que es un equipo versátil…… chorradas. España fue el sábado una patata de equipo que ganó sólo gracias al gran tanto de Piqué, imperial en la zaga, y demostró que hace un juego insulso cuando su arquitecto (Xavi) está tocado y falta su violín: Iniesta. Si él no está en el campo es como si a Italia le quitaras Sicilia, como si Valladolid se desprendiera del Pisuerga, a Madrid le faltara La Cibeles, a Extremadura la zona de la Vera y a Tordesillas su castillo, donde murió Juana la Loca. Se pierde la esencia, lo capital. El brillo se convierte en mate y las melodías dulces se transforman en canciones de El Puma. ¡Un coñazo!
¡Visca el Barça!

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