El músculo

musculo

A principios de verano, había días que mi única obligación era ponerme las chanclas, los pantacas cortos y bajarme al bar a tomar una caña. Leía los periódicos y no paraba de ver en la prensa catalana que José Mourinho era el elegido para devolver al Barça a la senda de los triunfos. Creo que no se llevó a cabo porque el técnico portugués ‘sólo’ pedía nueve millones de euros por temporada a Laporta, pero la propuesta deportiva le parecía interesante al presi porque aseguraba que el Barça volvería a ser competitivo gracias al fortalecimiento defensivo, el músculo en la medular y los fantasmas arriba. ¡Porque así es como juega Mourinho!
Apuesta por un bigardo en la portería casado con la ex de Ronaldo; Julio César; una legión de futbolistas defensivos con guadaña y casco; Samuel, Burdisso, Maicon, Córdoba o Chivu; y cemento armado en el medio del campo con el derroche físico de Muntari y las piernas de Vieira, dejando solo arriba al mejor jugador; Ibrahimovic; que no llega a ser un nueve puro sino un ente perdido, más cerca del Duomo que de los centrocampistas, que mete todo aquello que pesca. Entre medias hay medianías como Cambiasso, Adriano, Cruz, Stankovic o Mancini, futbolistas que son como la música de ascensor, ni molestan ni agradan. Este equipo camina con paso firme en un Calcio oxidado y con muletas (por no decir silla de ruedas) en la Liga de Campeones, que no la gana desde los años sesenta. Éste es el prototipo de equipo que nos quería encasquetar el señor Mourinho en Barcelona, ésta es la idea de juego del entrenador mejor pagado del mundo, éste es el estilo que predica un tipo arrogante que, sin embargo, sigue sin cumplir su gran deseo: sentarse en el banquillo del Camp Nou como local. No lo conseguirá nunca, porque juntar a Mourinho con el Barça es como mezclar el tocino con la velocidad, el músculo con la lencería fina, la naturaleza con la aritmética, la Comunidad de Madrid con el orden y la rapidez burocrática, el periodismo con la física cuántica, el esmoquin con las zapatillas retro que tan de moda están ahora. Sólo me queda dar las gracias a este tipo portugués por no haber aceptado la oferta que le hizo el club. Igual pensó que no había suficientes gimnasios para fortalecer a los jugadores, pero en cualquier caso le pareció chica, tan chica como es el Inter si lo comparamos con el gigante catalán.
¡Visca el Barça!

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