
El Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, se debe estar tirando de los pelos al ver como Alves corre la banda por su Barcelona querida portando esos brazaletes azul y grana.
España está en crisis y la cifra de parados podría alcanzar los cuatro millones en 2009 por culpa de individuos como el nuevo lateral derecho del Barça. Desconozco si el señor Corbacho es del Barça, pero a buen seguro que Dani Alves es una amenaza para él y por ende su cargo en el Gobierno, ya que puede hacer las veces de: albañil, arquitecto, fontanero, delineante, mecánico, topógrafo, animador, electricista, profesor de baile… etc. Y todo lo desempeña perfectamente con sus botas, medias, pantacas cortos y camiseta con el escudo del Barça. ¡Menudo crack, si hasta parece que siente hasta los colores!
Cuando el partido se pone feo, no duda en ponerse el traje de obrero para colocar ladrillos, para hacer la mezcla con hormigón, para frenar el partido, para sacar la guadaña. Ahí es único, tanto como cuando se incorpora al ataque para ayudar en el diseño de la jugada, en el trazo de la casa usando la escuadra y el cartabón. Dos puestos en uno, más paro. Pero ahí no acaban los oficios para Alves, que sabe aprovechar perfectamente los espacios en la derecha; como los grandes topógrafos; y enchufar al Barça a los partidos cuando esté dormido. No olvidemos que también entiende de electricidad. Y de música, de baile, de samba, por eso la saca a relucir cada vez que marca un gol. “Mírale al tío, si parece que sólo le falta la caipirinha”, dirá un Corbacho deprimido con la corbata en la cabeza, como suelen acabar los novios en las bodas tras muchas horas en la barra libre.
Hay paro y habrá más. Corbacho se va quedando a oscuras en el túnel, en el metro de Madrid cada vez hay menos peones de obra (no me extraña), Zapatero no lo ve claro, Rajoy está obsoleto, Gallardón sigue su tira y afloja con Esperanza, Berlusconi se implanta pelo, los bancos no dan créditos, los periodistas se van a la calle o dejan de ser mileuristas para ser seiscentistas, Efrén cambia las botas por el plató y Alves sigue haciendo de las suyas. Por cierto ¿os he dicho que su verdadera profesión es jugar a fútbol? “Pues menudo intruso”, dirá el amigo Celestino.
¡Visca el Barça!

Estas dos acciones son las que se me vienen a la cabeza después de haber visto los partidos de Barça y Madrid este fin de semana. Tú eliges.
Si te consideras un tío con inquietudes, con gustos refinados, apasionado del caviar, el arte, las nuevas tendencias o el clasicismo, el mero, el solomillo con salsa roquefort o el redondo al vino de Oporto seguro que también te gusta el Barça, que volvió a dar otra exhibición este finde. Para mí ver a este equipo debe ser lo mismo que para cualquier pintor levantarse un domingo a las nueve de la mañana, comprar el periódico, dar unos brochazos en su lienzo e ir al Museo del Prado, por ejemplo. Ese día puedes ver gratis a Las Meninas, El Tríptico del Jardín de las Delicias, Las Hilanderas o Los Fusilamiento del 3 de mayo. Una pasada, pero yo no me levanto los domingos a esa hora. Sin embargo soy afortunado por sentir lo mismo que él cuando me tumbo diez horas más tarde a ver la tele en el sofá de mi casa, tan pequeña como cuca. Juega el Barça. Cuestión de gustos.
Lejos, muy lejos de estos temas varios relacionados con el Barça, el arte, Dani Alves, Velázquez, El Bosco, Eto’o y compañía está el Madrid. Sí, ese equipo vulgar, penoso y anodino que podría hacer dormir incluso a los peces. ¿Los peces duermen?
Me diréis que siempre, o casi, hablo del Madrid, pero yo también veo que los telediarios resaltan cuando un hijo pega a su padre. Este hecho lamentable refleja el juego del Madrid, que debería ser incluso denunciable de lo malo que es. Heinze no golpea el balón, lo abofetea. Van der Vaart no es holandés, es un muñeco de futbolín. Sneijder no es calvo, es un tío perjudicial para el fútbol. Que Lass haya sido de los mejores es como si Carmen Sevilla ganara un Óscar: sería la confirmación de que un tuerto es el rey en el país de los ciegos.

Y yo, que conste, a Carmen Sevilla y Lass no los considero ni siquiera tuertos, sobre todo al segundo. Dicen que ahora es el epicentro del Madrid, un equipo que debería pagar 60 euros, por jugar, a cada aficionado que cada día vaya al campo. Lo mejor que le puede pasar al Bernabéu este año es que dentro de tres meses despertará la atención de ese pintor culto que sólo se fija en lo verdaderamente atractivo. Llega el mejor equipo del mundo. Y trae las mochilas cargadas de pinceles, pero no de brocha gorda, los únicos que conocen en Chamartín.
¡Visca el Barça!

Si yo fuera Goyo Manzano dejaría el Mallorca y volvería a dar clases, pero de yoga. Esa terapia para liberar el estrés, par desconectar de todo, para olvidarte de la corbata y las oficinas, para desviar la crisis, para no escuchar escándalos de espionajes en la Comunidad de Madrid, para dormirte, en definitiva.
Su planteamiento de anoche en el Camp Nou fue como los partidos que se juegan en los patios de colegios y que enfrentan a los mejores y guapos contra los peores y feos. Los feos siempre pierden, pero están felices cuando sólo lo hacen por 2-0. Ahí se sentían incluso ganadores y se creían ligones. ¡Yo iba con los malos y era de los que me alegraba! Y lo mismo le pasa a Manzano y su tétrico Mallorca. Ayer dejó en el banquillo a sus mejores hombres (Jurado, Arango y Aduriz) y llegó a Barcelona a no recibir muchos goles. ¡Qué triste!
Mister, para enseñar y dar discursos moralistas deje los banquillos y coja nuevamente las tizas para explicar en qué cosiste el yoga. La práctica veo que la sabe, porque su equipo salió más relajado que Cassano después de comerse los bollos en los hoteles de Madrid. También consiguió que se relajara el personal viendo esas sombras danzando por el terreno de juego. Salvaría a Cléber Santana y su bigote al estilo Cantinflas. ¡No es coña! Me defraudó Trejo, que por lo visto venía para figura cuando lo ficharon hace tres años. Lo que yo no sabía es que el chico sí que vale, pero para figura de mueble-bar. Esas que ocultan el polvo y les gustan tanto a las abuelas. En los chinos suelen ser muy baratas.
¡Visca el Barça!


Antes de nada olvidaros de la película de Disney y vamos a aclarar bien los términos. Voy a ser sincero. En el partido de esta noche nadie se enamora de nadie, no vayáis más allá de… El titular quiere decir que el juego del Barça es celestial, imperial, escandalosamente impresionante y el del Mallorca es sencillamente patético, dañino a la vista. Su último puesto de la tabla en Liga es el espejo de su situación.
En este partido, que bien podría llamarse también (La dama y el vagabundo o El príncipe y el mendigo), no hay esa mística donde lo imposible puede se probable, donde las perlas se mezclan con el plástico, donde el atún se confunde con el centollo. No cabe romanticismo en este partido.
El Barça va camino de ganar el triplete y esta noche puede sacar el primer billete para jugar su primera final. De ganarla sería la 25º Copa del Rey blaugrana. La última fue precisamente contra el Mallorca que dirigió Héctor Cúper en 1998. ¡Aún recuerdo ese penalti que falló Eskurza! ¡Qué malo era el tío!
Por cierto, sólo veo una opción al Mallorca de ganar: apelar al espíritu de Cúper. Le avala su palmarés:
Mallorca
- Una final de Copa del Rey perdida contra el Barça (1998)
- Una final de Recopa perdida contra la Lazio (1999)
Valencia
- Dos finales de Copa de Europa perdidas, contra Real Madrid y Bayern de Munich (2000 y 2001).
Inter de Milán
- Nunca ganó un ‘scudetto’. En su primera temporada lo perdió en la última jornada.
Mallorca
- Destituido en la temporada 2004/05 por tener al equipo último en el mes de febrero.
Betis
- Destituido en la jornada 14 por tenerle en los últimos puestos (2007/08)
Parma
- Destituido el año pasado a una jornada del final. El equipo bajó a Segunda.
Georgia
- ¡Pobrecita, la que te espera! ¡Que Dios te acompañe!
Pues lo dicho, que viva Cúper, el triunfo del fútbol espectáculo. El único espíritu al que puede apelar un Mallorca cuyo juego es peor que verle la cara a Freddy Krueger, la auténtica bestia.
¡Visca el Barça!

Cada mañana dedico una hora a echar un vistazo a la prensa. Lo admito, me detengo algo más en la catalana, llámese Sport, El Mundo Deportivo o El Periódico de Catalunya. He visto en uno de ellos que David Villa ha dado el ok verbal al Barça para jugar el año que viene. No quiero a David Villa.
Buen jugador, cierto, pero nada más. Tengo la sensación que se le ha subido la fama pronto a la cabeza, quizás demasiado para no haber jugado nunca en un grande. ¡El Valencia no lo es! Y Villa, de momento, tampoco.
Me contó hace tiempo un amigo periodista que se desplazó a Valencia para hacerle una entrevista pactada desde hacía casi un mes. Nada más llegar allí el jugador se negó a hacerla porque decía que tenía mal la garganta. El motivo que expuso es que el día anterior estuvo viendo al Valencia en la grada en un partido de Copa, donde no iba convocado. Dijo que cogió frío y no podía hablar. Yo escuché por la radio ese partido y aún recuerdo cuando el locutor decía que la gente por Mestalla estaba en manga corta. Pues bien, Villa finalmente no le concedió la entrevista cara a cara. Dijo que le llamara por la tarde y se la hacía por teléfono. Y así fue, en el viaje de vuelta, mi amigo se la hizo por teléfono. Me confirmó que nunca había escuchado una voz más nítida que aquella de Villa. Un dato: apenas habían pasado unas horas y ya estaba perfectamente.
Diréis que me dejo influenciar por los amigos, por un hecho en concreto. Puede ser, pero tengo la sensación de que Villa ha olvidado completamente sus orígenes. Ya no identifica el olor a carbón y azufre de las minas asturianas. Se ha creído grande antes de serlo. Si viene (seguro que por una pasta) no será para ser suplente. Aquí vendrán los problemas, porque ningún peso pesado le gustará ceder el puesto a Villa. Por cierto, en la entrevista dijo que le gustaría retirarse en el Valencia y ahora leo que, por la grave crisis económica del club, está planteándose salir de allí. ¡Listillo!
Villa, serías mejor si furas más humilde, si pensaras un poco en el resto de la gente, si te dieras cuenta de quién eres y de dónde vienes. Probablemente no te has parado a pensar en aquel periodista que se recorrió más de 600 kilómetros para obtener sólo una mísera entrevista por teléfono. Ten los pies en el suelo y baja de la nube de Valencia hijo. Ganaste la Eurocopa, pero a nivel de clubes no eres nadie. Creo que el Barcelona se te queda grande. Muy grande. Por cierto, si fichas espero que tengas bien la voz para el día de tu presentación.
¡Visca el Barça!

Antes de centrarnos en el partido de Copa contra el Mallorca del próximo jueves (les meteremos un saco seguro) quería hacer un pequeño artículo sobre Deco y Ronaldinho, dos ex futbolistas. Cada día que pasa estoy más contento con la ausencia de ambos. Pep tuvo mérito en abrirles la puerta, pero quien verdaderamente la abrieron fueron ellos mismos. Ronaldinho y su barriga hace tiempo que deambulan por los campos de fútbol. Cuando aterrizó en Milán lleno de collares de oro (al más puro estilo M.A Barracus) comprendí que sus mejores años ya los jugó en Barcelona. Allí no viajaba el futbolista que deslumbró al mundo; allí viajaba una figura deteriorida, sumida en un disfraz de lujo, dispuesta a seguir sacando los cuartos. Era un amor platónico (de Berlusconi) obtenido a base de liras. Y, como los amores comprados siempre fracasan, Dinho ha fracasado. Y yo estoy feliz.
Dio mucho al Barça, tanto como le quitó en sus dos últimos años repletos de juergas, envidias y visitas el gimnasio. Si es verdad lo del gimnasio, después de tantas horas allí y verle que no se recuperaba, yo despediría a varios preparadores físicos del club. Tome nota señor Laporta ¿O es que ni siquiera iba al gimnasio? Ay, pobre Rijkaard. Cometiste un error capital: fuiste amigos de los jugadores y los mercenarios no entienden de amistades. Frank, tu amor nunca fue correspondido. Como en las películas. ¡Que se lo pregunten a Clark Gable con Vivien Leigh!
Vamos con Deco, dejemos el cine. Pensándolo bien, Deco siempre estuvo callado, en la sombra, casi sin hacer ruido. El primer Deco fue para mi el gran protagonista de la victoria ante el Arsenal en la final de la Champions. El de los dos últimos años fue uno de los peores futbolistas de la historia del club. Desidia no es la palabra más correcta para definir su juego. Deco se tocaba las narices, se rascaba los h… , se reía, se escondía, se fugaba, fingía lesiones, desaparecía… como los cobardes. La última temporada fue de chiste. Se la pasó entera lesionado y reapareció para ser el mejor en la eliminatoria contra el Manchester. Luego se volvió a lesionar. ¿Y dicen que por diez millones no está bien vendido al Chelsea? Yo daba diez millones de mi bolsillo (si los tuviera) por que alguien se llevara a este estorbo. Ahora ya es suplente y eso que juega con su amigo Scolari. Ahora raja en público, pero no me sorprende porque en el Barça lo hacía en privado.
Ya no están aquí. Es como si en Barcelona hubiera tocado la lotería.
En fin, que como dice el refrán: Muerto el perro, se acabó la rabia.
¡Visca el Barça!


El sábado por la noche no salí por aburrimiento. Me tragué el Madrid, todo un sopor, y me vino el sueño. La Sexta debería optar por no dar estos espectáculos tan dramáticos que pueden herir la sensibilidad de los aficionados al fútbol. Y es que el Madrid no pasa desapercibido: o se te cierran los ojos viéndolo (mi caso) o te viene la lagrimilla (los chavales más pequeños). Pero esta no es la historia. Como no hay mal que por bien no venga, llegó el domingo y superamos el trauma de ver al nuevo fichaje blanco: Faubert. ¿No se parece a Vin Diesel?
Vivo en Madrid, pero hace tiempo que no veo a muchachos por las calles con la camiseta de Raúl, Guti, Robben o el Pipita (gran peinado el suyo, por cierto). Ahora sólo veo camisetas de Eto’o, Xavi, Iniesta, Puyol, Alves, pero sobre todo del nuevo ‘Messías’ del fútbol. Dios estaba citado el domingo a las cinco de la tarde en Santander y yo me senté en la televisión para verlo. No hablo de Maradona, evidentemente.
Horas antes el martillo de Nadal había provocado las lágrimas del chico que, según decían, no tenía sentimientos. Tras la histórica victoria en Australia, sólo esperaba que mi Barça hiciera lo mismo. Pasó apuros ante los centímetros de Zigic y tiró medio tiempo a la basura. La presencia de Dios, del Messías del fútbol, aún no había aparecido porque lo bueno siempre se hace esperar. Luego saltó al campo con su número diez para demostrar que él no vive con los mortales. Está por encima de Maradona, de Cruyff, de Agüero, de todos. Nunca jamás he visto un jugador tan resolutivo como Messi, ni siquiera Zidane en el Madrid. Tras ver su milagro divino de Santander, espero que dejéis de hablar de Maradona, Cristiano Ronaldo, Kaká, Don Alfredo, su bastón, de Cruyff (al que Messi ha dado caza con 47 goles de blaugrana). Por cierto Johan, sé un poco elegante hoy y no des rienda suelta a la envidia para sacar un ‘pero’ de este equipo. Deja ya de adoptar esa postura fácil de criticar y cógelo si quieres cuando lo deje Pep, que espero que no sea nunca. No hables hoy y nunca más. Eres pasado. El presente y el futuro es un Messías. ¡Tápate la boca anda!
¡Visca el Barça!